Interpretaciones Mesiánicas 1 - NICODEMO – RENACIMIENTO Y TRANSFORMACIÓN
Sobre este episodio
NICODEMO – RENACIMIENTO Y TRANSFORMACIÓN Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/09/interpretaciones-mesianicas-1/ Es increíble como un tema que tiene matices de entendimiento infinitos en trascendencia y que se ha evidenciado en aparente correspondencia con dicha afirmación, según se constata en todo el debate de interpretación del judaísmo, el cristianismo, el fariseísmo, el rabinismo (ortodoxo, jasídico, conservador, liberal, etc) durante cientos de años, NO pueda ser conciliado aún, a pesar que si existan muchas posibilidades intelectuales y escriturales para ello de maneras correspondientes. Particularmente me refiero al razonamiento simple que no obstante, estando a la vista de todo el estudio bíblico, a la vista de todos los sabios, a la vista de todo erudito, a la vista de todo lo irrefutablemente escrito en la Torá, aparece invisible o ignorado. Y es increíble que no se revele a judíos a pesar de ser los poseedores del conocimiento de la Torá por derecho propio y revelación directa. De forma contraria es lógico que los cristianos estén en oscuridad en las verdaderas revelaciones de las escrituras neotestamentarias, pues nunca han profundizado en la Torá, ni han tenido cómo hacerlo, sino hasta ahora. Es increíble lo anterior siendo lo evidente y siendo el corazón de todos los infinitos caminos de la Torá y del propósito de su misma revelación en todo su contexto; es decir siendo evidente que la revelación de Mashiaj es el propósito final. Ese fue y es el objetivo hasta el día de hoy de las aclaraciones a la Torá del mal llamado Nuevo Testamento, que el cristianismo distorsionó inventando una religión. Tema muy extenso y vital para debatir y entender. Empiezo esta serie de artículos relacionados con las interpretaciones mesiánicas neotestamentarias acorde a la Torá con palabras iniciales en lenguaje denominado “cristiano” sobre el papel del conocimiento en nuestra existencia, por el hecho de ser el lenguaje más conocido. Esto sólo para empezar. Sin embargo es importante resaltar que a pesar de seguir el lenguaje “cristiano”, se respetará el nombre original del Mesías de Israel “Yeshua”… Como debe ser. Nicodemo, príncipe de los fariseos, visitó a Yeshua de noche; y la obscuridad en que se hallaba la indica la siguiente conversación, que aparece en el Evangelio de Juan: “Éste vino a Yeshua de noche, y díjole: Rabbi, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces,» si no fuere Dios con él. Respondió Yeshua y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez no puede ver el reino de Dios. Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de su madre y nacer? Respondió Yeshua: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla y oyes su sonido; más ni sabes de dónde viene, ni adonde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse? Respondió Yeshua y díjole; ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes esto?” (Juan 3, 2-10). Hay algo extraño en la secuencia de estas palabras, especialmente al comienzo. ¿Qué es lo que Nicodemo quiere decir, y qué Yeshua? Nicodemo no le ha preguntado nada a Yeshua, pero se representa a Yeshua respondiéndole. ¿Cuál fue su respuesta? A primera vista es evidente que en las palabras de Nicodemo no hay nada que requiera una respuesta. La narración de esta supuesta entrevista nocturna presenta a Nicodemo diciendo a Yeshua seriamente y sin la menor intención de adularlo, que ha visto todos sus milagros y que, por consiguiente, está convencido de que es un maestro enviado de Dios. “Sabemos —Dícele— que eres un maestro enviado de Dios, porque nadie puede hacer semejantes milagros a menos que Dios esté con él.” Se diría que esta es una afirmación bastante razonable y que no necesita respuesta; parece preparar el terreno para alguna pregunta, tal vez para una confesión o una solicitud de consejo. Y Justamente a esta altura Yeshua parece interrumpirle. ¿Qué razón puede haber para esta interrupción y qué hay en las primeras palabras de Nicodemo que merezcan una respuesta? Podría suponerse que Yeshua le contestara que estaba de acuerdo, que sus conclusiones eran bastante acertadas y que, en resumen, los milagros constituían una prueba de que en realidad era un maestro enviado de Dios. En cambio, Yeshua le dice algo que, aparentemente, nada tiene que ver con el asunto. Y es precisamente éste el punto que da una calidad tan rara al episodio, como si lo dejase fuera de foco o como si forzara la unión de dos significados diferentes. La importancia que tiene todo el episodio estriba justamente en este hecho. El punto de vista de Nicodemo y el de Yeshua chocan abiertamente al comienzo mismo y en dos breves sentencias, para destacar la extraordinaria diferencia que hay entre ambos. Como todas las cosas de los Evangelios, este episodio parece poner a prueba la comprensión de quien lo lee. En los primeros versículos las palabras se deslizan suavemente, pero los significados son del todo opuestos entre sí. Y esto se destaca con más claridad en el resto del episodio, ahí donde se presenta a Nicodemo como a un ser que no entiende una sola palabra de lo que le dice Yeshua. Y como lo era entonces con un maestro de la Ley (de la Torá), lo sigue siendo hoy día con muchos… No entienden una sola palabra. ¿Cuál es el punto de vista de Nicodemo? Es un punto de vista que se apoya en los sentidos. Nicodemo comienza a hablar de lo que ha visto con los ojos físicos, y se puede suponer que quisiera cimentar su creencia en la enseñanza de Mashiaj partiendo desde esa base. Ha visto señales y milagros, y esta prueba de los sentidos determina su creencia en el Mashiaj. No parte de nada visto internamente, sino de lo visto por fuera. Yeshua lo corrige. Nicodemo ni siquiera ha hecho una pregunta, sino que comienza a hablar de un modo enteramente equivocado. Y este error es lo que Yeshua capta. No le dice directamente que su enfoque está errado, sino lo implica en su respuesta. No le dice cuan inútil es comenzar por las pruebas visibles de Dios, sino que le da a entender que toda esa cuestión concierne al hombre. “De cierto, de cierto te digo que el que no naciere otra vez…” no puede “ver” a Dios. Es decir, Yeshua informa a Nicodemo que tan sólo un nuevo hombre, otra clase de hombre, puede saber algo acerca de Dios. Pero Nicodemo, que busca pruebas externas de las manifestaciones de “Dios” y que está impresionado por los milagros, no puede captar lo que se le da a entender. Cree que todo estriba en hallar pruebas externas de la existencia de “Dios”, o que se manifiesta por esta o aquella persona. Y, muy sinceramente, quiere comenzar desde estas pruebas vistas y externas. De modo que, habiendo visto milagros, consideró que Mashiaj tenía que ser una persona extraordinaria y, por cierto, divina. Todos tienden naturalmente a pensar de esta manera, y parten desde este punto. Consideran que lo visto es una prueba concluyente porque la mente, o el entendimiento, se desarrolla primero por su contacto con los objetos de los sentidos; naturalmente, se apoya en el mundo visible. La fe de Nicodemo parte de lo sensual, de lo externo. Y Yeshua le enseña que esto no puede ser. Lo que corresponde a los sentidos y lo que los sentidos pueden verificar es un punto de partida errado. Si una persona es capaz de someterse a un desarrollo interior, a una transformación individual cuyo término técnico es el renacimiento, resulta evidente que lo que Yeshua quiere decir es que no puede empezar con las pruebas vistas o visibles. O sea que no comienza en la vida. De modo que, sea lo que fuere lo que imaginamos que es el renacimiento, lo cierto es que ya podemos entender una cosa: que puede comenzar únicamente con algo interno, con algo que el hombre ve en sí mismo, con algo que se entiende y se comprende interiormente, y que no puede empezar con la adoración de cosa alguna fuera de la persona. Tampoco puede comenzar partiendo de la convicción lograda mediante las pruebas externas, como los milagros, ni cosa alguna que pertenezca a la vida exterior. En resumen, no puede principiar con nada de lo que proviene de fuera, a través de los cinco sentidos externos. “¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo?”, pregunta Nicodemo. “¿Puede entrar otra vez en el vientre de su madre y nacer?” Nicodemo toma la idea del renacimiento al pie de la letra, en términos de los sentidos. Para él, nacer de nuevo tiene que significar un nuevo nacimiento físico, entrar físicamente otra vez en el vientre de su madre y volver a salir al mundo, comenzar la vida de nuevo, como un niño. Pero esta idea, la de empezar de nuevo, de nacer físicamente de nuevo y de la misma madre, siempre ha existido históricamente en la humanidad. La repetición de la misma vida, la idea de que todo se repita la idea del tiempo curvo y como un círculo que siempre vuelve al mismo punto donde todo recurre como fue antes, ha existido como una idea muy precisa y son muchos los autores que se han referido a ella en el pasado, y también muchas las personas que han creído en ella. Pero esta no es la idea de la reencarnación. El Tiempo en la forma de un círculo, o sea el tiempo que devuelve el pasado y lo restaura todo nuevamente —la idea de la recurrencia de todas las cosas—, es una noción sumamente antigua. Esta idea que Nicodemo parece orillar, o que al menos Juan le hace orillar, y que se apoya en la recurrencia de todas las cosas, explica muchos aspectos de la vida que de otro modo sería imposible explicar. Es un tema muy amplio y complejo. Susceptible de extensos análisis y pruebas. No es una filosofía simplemente de alta exigencia intelectual y honestidad. No sólo es factible existencialmente, sino que se corresponde a la extensa gama de posibilidades de diferentes destinos del alma. No obstante, no es el interés debatir su validez en estas palabras, ahora mismo. En este sentido literal, el hombre, todos los hombres, pueden nacer de nuevo, físicamente, de la misma madre; y de nuevo hallarse en el mismo tiempo, en medio de idénticos acontecimientos, en el mismo período histórico. En este sentido, en el del nacimiento físico y literal una y otra vez, en la recurrencia física de todas las cosas, por cierto que el hombre estará otra vez en el vientre materno. También en este sentido, si la muerte significa que todos regresan inmediatamente al instante de su nacimiento y nacen de nuevo, literalmente el mismo día y hora, bien puede decirse que “siendo viejo” el hombre entra otra vez en el vientre de su madre y nace a la misma vida, como una criatura. De modo que pasado y futuro serán siempre términos relativos, según sea la propia situación en el círculo de la propia vida, o lo que llamamos el presente, un momento variable que nunca asimos, en el que nunca vivimos y en el que nunca vemos la realidad salvo a través de los sentidos. Los sentidos nos dan un momento presente como quien mira a través de una ranura un mundo vasto, inconcebible, erguido en un eterno presente, en todas las dimensiones del Tiempo que contiene pasado, presente y futuro en una existencia simultánea. Lo vemos muy breve, como una sección o un trozo, como un mundo limitado a tres dimensiones y que se mueve bajo el poder de una incansable y misteriosa máquina: el Tiempo. ¿Cómo se escapa de estos ciclos de existencia cíclicas particulares entre la amplia gama de destinos del alma, es otro tema? Hay muchas alternativas de destinos. Aquí hablamos de la posibilidad de escape y acceso al reino de los cielos. El reino de la conciencia despierta. ¿Pero qué significa esto? Ya estemos dormidos o despiertos, el Tiempo, siempre silencioso, nos urge a darnos prisa y nos aleja de todo lo que tuvimos, o de todo lo que sentimos o pensamos. Nos obliga a vivir nuestra vida y a llegar al momento de la muerte. Por consiguiente, Juan quizá haya tenido cierta intuición al poner en boca de Nicodemo el comentario: “¿Puede el hombre entrar otra vez en el vientre de su madre?” Hasta es posible que haya introducido a propósito, en esta parte, la idea de la recurrencia literal. Pues los Evangelios no han sido escritos desde el punto de vista de lo que ocurrió, no han sido escritos en el estrecho sentido histórico. Todo lo escrito en los Evangelios tiene la finalidad de transmitir un significado, o ilustrarlo. Ya sea una parábola, incidente o conversación, lo importante es captar lo que significa. Con respecto a la verdad que contienen, en los Evangelios lo histórico es secundario. Su objetivo principal consiste en transmitir una verdad de otra categoría. No tiene la menor importancia el hecho de si esta entrevista entre Nicodemo y Yeshua ocurrió o no. La importancia de todo lo que se dice en los Evangelios no estriba en su verdad histórica (no lo podemos negar o afirmar), sino en su significado. Es decir, que un incidente que puede haber ocurrido o no, se utiliza para destacar algún aspecto psicológico e ilustrar cierto significado con relación a la enseñanza principal de Mashiaj. Si se les ve de este modo, puede decirse que los Evangelios y los incidentes narrativos están agrupados de suerte que proporcionen un significado y no para dar testimonio de un suceso histórico. Los hechos en sí mismo corresponden a otro tipo de análisis que sólo serán literalmente comprendidos cuando su enseñanza oculta hay sido descifrada. Este es siempre el patrón de toda revelación Divina basada en la Torá. Es evidente que Juan emplea el lenguaje codificado para destacar un tipo de hombre que tiene un contacto superficial con la enseñanza de Mashiaj, y para demostrar cómo este tipo de persona actúa ante ella. Los Evangelios son significados muy concentrados. Se les viste exteriormente con una serie de incidentes y sucesos, en especial cuando no se emplea la parábola. Y toda la enseñanza se presenta en la forma de una difícil paradoja, debido a que no era un conocimiento que se pudiera entender fácilmente. Tampoco una enseñanza que pudiese darse directamente. Precisaba otro lenguaje para transmitir las ideas de que habló Yeshua, un lenguaje que la humanidad corriente —personas como nosotros— no pueda captar. Parábola, incidente e ilustración, se emplean como medios. Nicodemo aparece en los Evangelios como aquella clase de personas que solamente pueden entender la enseñanza de Mashiaj en su forma literal. También surge como un hombre que por cierto creía que se aproximaba el Reino de los Cielos terrenal, un reino con un Rey de carne y hueso que reinaría como cualquier rey y mataría a todo el que no estuviese de acuerdo con lo que a Nicodemo le parecía justo. También es evidente que Yeshua procura ayudar a Nicodemo a salir del nivel de una interpretación física, trata de indicarle que siendo la clase de hombre que es, con todos sus prejuicios, gustos y disgustos, y con todas sus ilusiones de los sentidos, no puede “ver” a Dios; y que debe someterse a un proceso que llama el “renacimiento”, antes de poder siquiera creer que sabe o que entiende algo de la voluntad de Dios. Se precisa otro nivel de ser antes que sea posible decir algo acerca de “Dios”. De modo que Yeshua dice a Nicodemo que “el que no naciere otra vez”, que a menos que nazca como un nuevo hombre, a menos que se convierta en otra clase de hombre, no podrá ver a Dios. No podrá ni siquiera imaginar lo que “Dios” es. Pero las gentes quieren darse cuenta de Dios a la altura de su propio nivel de ser, y muchos creen que pueden hablar de Dios y de la “voluntad de Dios”; predican y escriben acerca de la voluntad de Dios como si supiesen lo que esto realmente significa, y sin siquiera molestarse en buscar el significado profundo de lo que se dice en el “Padre Nuestro”: “Hágase tu voluntad… en la tierra”. No solamente imaginan que la voluntad de Dios se hace en la tierra, sino que si alguna de sus amistades sufre un infortunio lo toman como indicación de que la voluntad de Dios obra sobre ella en la forma de un castigo; también suponen que saben algo acerca de Dios, que saben lo que Dios quiere. Escuchan o pronuncian sermones referentes a los deseos de Dios y hasta se consideran superiores a los que no obran conforme a la religión, conforme a sus ideas, y a los que no militan en la misma iglesia. Esta es la situación corriente en la vida con respecto a lo que se llama “religión”. Pero Yeshua no enseñó religión. Enseñó el renacimiento. Y todo el sentido de los Evangelios está en la “metanoia” (cambio de mente) y el renacimiento. Pero, debido a que nadie entiende que tras la enseñanza de Mashiaj hay algo específico y real, y debido a que todo lo que enseñó clara y específicamente se convirtió en “religión”, toda su enseñanza quedó transformada en otra cosa: en motivo de disputas, divisiones y sectarismos, y así en persecuciones violentas y sanguinarias y en horribles guerras. Todo esto se debe a que no se entendió la enseñanza de Mashiaj. Y este fue un hecho inevitable, porque lo que enseñó, y los significados que oculta la narración en los Evangelios, están por encima de la humanidad, pues se refirió a un nivel superior del hombre, a un desarrollo que se encuentra por sobre el nivel en que está, sea la clase de persona que fuere, o lo que crea ser. ¿Qué significa nacer otra vez? ¿Cómo podrá el hombre, en medio de esta vida, rodeado por tanto fenómeno abrumador, por tantos sucesos que cambian en el mundo exterior; cómo podrá nacer otra vez, ser un nuevo hombre, otra clase de hombre, un hombre diferente a lo que es? Yeshua dice a Nicodemo que el hombre, tal cual es, es “carne”, que para ser diferente, para nacer otra vez, tiene que nacer “de agua y de espíritu”. En otras partes de El Nuevo Testamento se indica que el hombre ha de morir para sí mismo, que ha de morir como es antes de que pueda nacer de nuevo. O sea que ha de morir para la “carne” antes de que pueda nacer del “Espíritu”. Pero estas palabras que tan a menudo han oído tantos millones de personas con tanta placidez, permanecen como meras palabras y sólo producen la satisfacción de las cosas familiares cuando se las reconoce, y nada más. ¿Qué se quiere decir por “carne”, y qué es “agua” y qué “Espíritu”? La gente puede imaginar que, al menos, entienden lo que significa “carne”, y que morir para la “carne” o sobreponerse a la “carne” significa someter el cuerpo a alguna disciplina, privarle de alimentos o renunciar a todos los placeres físicos. Posiblemente sea esto lo que generalmente se entiende por ir contra la “carne”. Por cierto que son muchos los que así lo entienden, y piensan en los anacoretas, en los eremitas y en los santos como en personas que hicieron de esto su principal objetivo, con la esperanza de llegar a algún nivel superior, a un elevado desarrollo de sí mismos empleando semejantes métodos. Estas personas no han captado el sentido de una frase que Yeshua emplea en otra parte, cuando se refiere a los que quieren seguir su camino. Dice que para seguirle —o sea, a fin de seguir su enseñanza— el hombre ha de “negarse a sí mismo”. Por lo general, tales gentes imaginan que esto significa negarse o privarse de algo externo, de alguna comodidad, o quizás de algo que quieren mucho. No entienden la idea de que para que el hombre pueda negarse ha de negarse a sí mismo, a lo que es o cree ser. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/09/interpretaciones-mesianicas-1/ Escrito y elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com