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Interpretaciones Mesiánicas 2 - LA MUJER DE SAMARÍA – AGUA Y VERDAD

· 25 min

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Sobre este episodio

LA MUJER DE SAMARÍA – AGUA Y VERDAD Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/10/interpretaciones-mesianicas-2/ Este artículo es continuación del anterior de esta misma serie de interpretaciones mesiánicas neotestamentarias. Se sugiere leer la primera parte para continuar con este. Y de nuevo se hace la siguiente aclaración: Lo siguiente está escrito con palabras en lenguaje denominado “cristiano” sobre el papel del conocimiento en nuestra existencia, por el hecho de ser el lenguaje más conocido popularmente. Es la forma escrita más divulgada de traducción al español y no se pretende abordar las enseñanzas que deban ser decodificadas del texto en base a la metodología de la exactitud tanto de las traducciones al español, ni su confiabilidad textual literal original, etc. Dichos métodos son válidos, pero NO son las únicas herramientas disponibles para abordar los textos neotestamentarios. Hay una herramienta que va más allá de las limitaciones de la incertidumbre de la metodología estricta textual (como se hace y es requisito exclusivamente en la Torá de Moshé y el Tanaj) y es la capacidad de extraer secretos no obstante la posible contaminación e “inexactitudes no confiables” de forma de los textos a partir del conocimiento de Torá, que a pesar de todo, siempre queda escondido para ser revelado. Tal cual sucede con la extracción del oro de una mina. Si quiere profundizar sobre las afirmaciones anteriores, se sugiere se lean los artículos de este Blog referentes al “anti mesianismo rabínico”. Una última aclaración antes de proseguir; los estudios aquí abordados no se corresponden con enseñanzas gnósticas (por si acaso alguien se confunde en ese sentido). Entrar a explicar dichas sutilezas que clasificarían este entendimiento en lados opuestos y extremos de error sería muy extenso. No es lo mismo gnosticismo y la revelación oculta de la Torá (sea cual sea su lenguaje). Prosiguiendo con el artículo anterior: ¿Qué se quiere decir con la palabra agua? En la frase: “el que no naciere de agua y Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”, es evidente que la palabra tiene un sentido especial y corresponde a un lenguaje que se emplea de una manera especial. En la narración del diálogo entre Yeshua y Nicodemo no se dice nada que indique su significado. Pero en otras partes del Nuevo Testamento sí se la emplea de una manera muy especial, como en la narración de la entrevista de Yeshua con aquella mujer de Samaría que había ido en busca de agua a la fuente de Jacob. Esta conversación es muy semejante a la que tuvo Yeshua con Nicodemo. Y nuevamente da cierto significado a la palabra agua. La narración dice así: “Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Yeshua, cansado del camino, así se sentó a la fuente. Era como la hora de sexta. Vino una mujer de Samaría a sacar agua: y Yeshua le dice: Dame de beber. (Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.) Y la mujer samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Respondió Yeshua y díjole: Si conocieses el don de Dios y quien te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva. La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde pues tienes el agua viva? ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo, del cual él bebió, y sus hijos y sus ganados? Respondió Yeshua y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: más el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed ni venga acá a sacarla. Yeshua le dice: Ve, llama a tu marido y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Dícele Yeshua: Bien has dicho, no tengo marido; porque cinco maridos has tenido y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.” (Juan 4, 6-19) En los versículos citados, la conversación parece consistir de dos partes desconectadas; y si tienen alguna conexión, no es evidente. La primera parte termina ahí donde la samaritana pide el agua maravillosa de que le habla Yeshua. Pero, como en el caso de Nicodemo, que tomó la idea del renacimiento muy literalmente, aquí parece que ella también toma algo al pie de la letra. Y la segunda parte comienza inmediatamente. Yeshua de pronto le pide que llame a su marido. ¿Por qué lo hace? Y ¿qué conexión puede tener con la primera parte? Cosa extraña parece que Yeshua, luego de haber hablado de “vida eterna” y del “agua viva” que la proporciona —o sea, tras haberse referido a los niveles del más alto significado— se rebaje a un nivel ordinario de censura moral para acusar a la mujer, que sacaba agua de una fuente, de no estar casada y de haber tenido cinco maridos. Pero, si el tema es una boda en el sentido de la unión de dos cosas y de la que nace una tercera y nueva, ya que todo nacimiento es el resultado de la unión de dos aspectos, veremos que en este episodio hay una conexión que elimina el ridículo que surge cuando se la toma literalmente. Entonces puede verse que la segunda parte deriva de la primera, y a la vez ajusta la situación del hombre con respecto a las ideas que Yeshua enseña, y también con respecto a las ideas que deriva del mundo exterior por medio de los sentidos. Procuremos hallar esta conexión evitando su sentido literal y sensorial. Yeshua dice a la mujer que ha tenido cinco maridos, y añade: “el que ahora tienes no es tu marido”. ¿Qué idea encierra esto? La de una unión errada. Esta idea viene en pos de la idea de un entendimiento errado. Pues Yeshua acaba de referirse al “agua viva” y ha advertido a la mujer que quien bebiere del agua que ella saca volverá a tener sed, pero el que beba del agua que él le dará no volverá a tenerla. Como lo demuestra su respuesta, ella ha tomado esta idea al pie de la letra: “Señor —le dice—, dame esta agua para que no tenga sed, ni venga acá a sacarla.” Esta contestación indica que hay algún malentendido. La idea de que trata Yeshua elude a la mujer. Ella responde con su propia idea, muy diferente, tal como Nicodemo contestó con su propia idea. Es que el hombre puede pensar únicamente a base de las ideas que conforman su mente, su entendimiento. Si otra persona le habla de ideas que no posee, el resultado es un malentendido, o bien, si quiere entender, lo hará equivocadamente. Tanto Nicodemo como la samaritana representan a personas que se hallan a un bajísimo nivel de entendimiento, para quienes el significado es sensual. Y cualquier parábola que se refiera a esta clase de personas incluye, necesariamente, todos los elementos que corresponden a semejante aspecto literal. Pero también representan cierto estado de la mente o nivel de pensamiento y entendimiento, y de este modo empiezan a pasar del nivel físico de las gentes externas y visibles a un sutil nivel de entendimiento psicológico. Pues cualquier estado típico de la mente, o cualquier etapa de entendimiento a que la gente llega en el transcurso de su experiencia de la vida, siempre es un hecho psicológico o interno y muy distinto a cualquier apariencia exterior. Vale expresar, muy distinto de lo que vemos como objetos externos que nos muestran los cinco sentidos. Sin embargo, las parábolas de los Evangelios empiezan siempre en un nivel sensual, como también las ideas que le corresponden. Si se les toma de esta manera, como hechos sensuales, parecen tratar únicamente de apariencias: es decir, de reyes, viñas, maridos, o de una persona llamada Nicodemo, o de una mujer samaritana que va a una fuente concreta a fin de sacar agua para beber. En otras palabras, una parábola comienza siempre en el primer nivel de significado, aquel que la persona ha adquirido mediante su contacto con la vida. Este es el nivel sensual, de significado sensual, y las ideas que le corresponden son las que permiten al hombre vivir y tratar en el mundo conforme a su inteligencia natural. La enseñanza de Yeshua HaMashiaj (Jesucristo) es de un nivel de significado diferente, que se refiere a la adquisición de ideas enteramente nuevas y a propósitos e interpretaciones de la vida igualmente nuevos; hace referencia a lo que se ve a la luz de una posible “evolución” (más exactamente “rectificación”) individual y que el hombre lleva en sí como una posibilidad, pero a la que no da cumplimiento por medio de la vida, ni por la mera adaptación al mundo exterior, cuyos sucesos siempre cambian y que en el tiempo pasan de un momento a otro. Yeshua trata acerca de otra categoría de hombres, de una condición diferente y nueva de su mente, de una nueva integración o etapa de entendimiento. Y esta nueva etapa, o nuevo nivel, está siempre conectado, no con el tiempo, sino con la palabra eterna de que hablaremos más adelante. Mas para que el hombre pueda ir más allá o pasar por sobre sí mismo, y así por encima de las ideas conforme a las cuales vive —para que pueda, ante todo, pasar por la “metanoia”— (cambio de mente, nacer de nuevo) le es preciso hallar las ideas y formas de la verdad que le conduzcan en dicho sentido. Es natural suponer que si en el hombre existe de una manera latente una categoría superior de sí mismo, que aguarda a que se la penetre, ha de haber también una ciencia, un conocimiento preciso y una práctica referente al logro de tal estado o categoría. Es lo mismo que cuando se quiere aprender matemáticas, es menester hallar cierto conocimiento preciso, ciertas ideas adecuadas y formas de la verdad que tengan una relación efectiva con esta posibilidad. La posibilidad de adquirir un conocimiento no puede actualizarse si el hombre está unido a ideas erradas, si acude a un maestro que esté también equivocado, o sea, a quien nada sabe de matemáticas. Sin duda alguna este concepto también estaría asociado a lo dicho por el mismo Yeshua en Marcos 2:21 que dice: “Nadie coloca un parche nuevo en ropas viejas. De lo contrario el parche nuevo se encogería y se despegaría de la ropa vieja y la rasgadura sería peor”. Esto es más que evidente en todo el sincretismo que se constata todas las vertientes religiosas llamadas “cristianas” nacidas de la Torá que se mezclaron con todo tipo de creencias paganas hasta el día de hoy. El más evidente ejemplo lo vemos en el catolicismo y más enfáticamente en el Vaticano. Exactamente se puede interpretar y aplicar el mismo concepto a la parábola del vino nuevo en odres viejos; Mateo 9:17; Marcos 2:22; Lucas 5:37. Y que dice así: 37. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hará que se revienten los odres; entonces el vino se derramará, y los odres se echarán a perder. 38 El vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Así, tanto el vino como los odres se conservan. 39 Y nadie que haya bebido el vino añejo, quiere beber el nuevo, porque dice: “El vino añejo es mejor.” Este último versículo (39) merecería un estudio extenso por aparte. ¿A qué estamos acostumbrados sino es al “vino añejo” (nuestro actual ser)? ¿Quién quiere cambiar de forma de pensar acaso? ¿A qué nos aferramos con uña y diente? ¿Qué es lo defendemos hasta la muerte, sino son nuestros paradigmas de vida y preconcepciones más queridos? Acudir a falsos maestros y doctrinas erradas será el caso de ciegos guiando a ciegos. Y Yeshua representa, en cuanto Mashiaj, el nivel más elevado de hombre; toda su enseñanza trata acerca de lo que hay que pensar y de lo que no hay que pensar, de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer a fin de poder alcanzar ese nivel superior, tal desarrollo íntimo, y someterse a esta posible rectificación y evolución individual inherente al hombre. Sin dicha rectificación y evolución, conforme Yeshua mismo lo dijo, todos perecerán por igual. Por ello también se nos dijo que “aunque parezcamos vivos, muertos estamos” si no nacemos de nuevo. Es lo que también se conoce en términos más exactos de la Torá como “teshuvá” (el retorno) y que erradamente se interpreta como “arrepentimiento”. Concepto éste que no es exacto en toda la dimensión requerida de entendimiento. Es de repetir que esta no es la idea que las personas tienen ordinariamente de la religión. Los religiosos siempre asumen una interpretación literal y poco se esfuerzan en descifrar los niveles de decodificación de las escrituras hebreas escondidos (en subida) hasta llegar al significado oculto y luego retornar (en bajada) paso a paso de nuevo al significado (más profundo aún) de la narración literal. Supongo que serán muy pocos quienes hayan pensado y concluido que la mujer de Samaría representa el alma del hombre. Hay que saber que antes de pretender entender los secretos del espíritu y nuestra existencia espiritual, hay que conocernos desde todos los aspectos psicológicos y saber que es a través de estos aspectos que se manifiesta el espíritu. También podríamos llamar a este requisito como autoconocimiento o más exactamente bajar a nuestro propio “infierno”. Esto lo he reseñado múltiples veces en muchos artículos de este blog. Psicológicamente hablando ¿Qué es el alma del hombre? Es la concentración de sus intereses, deseos e impulsos. Todo esto representa aquello donde lleva lo que considera mejor, lo más verdadero. El hombre “idealmente” siempre se esfuerza en pos de lo que él considera lo más veraz, real, bueno y deseable. Psicológicamente hablando, el alma del hombre es su “amor” más profundo, lo que le es más imperioso, su fuerza más energética. El alma de un avaro es su “avaricia”. Ve el oro en sí como la finalidad de la vida. El ambicioso ve su finalidad en escalar la situación “más eminente, o en tener el mayor poder externo o el mayor número de posesiones. Un ser vano desea la mayor adulación y halago de la vida exterior. O bien el hombre ama las comodidades, el comer y beber. Y aún más profundamente, el alma de la persona es el amor que siente hacia sí mismo. El alma es el mayor de los significados del hombre natural. Así en el relato en cuestión, como “alma” del hombre, se presenta a la samaritana como a quien ha tenido cinco maridos. Es la que ha estado casada a los cinco sentidos en su búsqueda de lo que considera lo mejor y más verdadero. Y ahora vive con uno que no es su marido. “El que ahora tienes no es tu marido.” ¿Qué puede significar esto? Sólo puede significar un estado del alma en que el contacto con el mundo exterior a través de los cinco sentidos ya no le sujeta con la misma fuerza de antes, ni le fascina. Es el punto o la altura en que el alma se vuelve, vagamente, hacia otros intereses. Quizás a ciertas filosofías, o a determinadas formas de lo que se llama “ocultismo”. O bien a cierta imaginación. Y lo hace a fin de calmar su sed con una verdad diferente a la de los sentidos. La samaritana representa aquí un estado del alma que está tratando de buscar significados diferentes a los materiales. Es el inicio. Por lo menos está en proceso de búsqueda. Es por esta razón interpretativa del alma y característica narrativa, rudimentaria y fundacional matrix estructural que los samaritanos eran muy próximo a los judíos. Ser judío es un estado del alma de acercamiento a la verdad. Los samaritanos son ese estado inicial de acercamiento (y no se trata sólo de los aspectos físicos e históricos) a la búsqueda espiritual verdadera. Algo que las naciones NO tienen aún. En esta narración, que sólo puede ser una parábola y no la relación de un hecho como anécdota, vemos que el “alma” sedienta está en tal condición cuando encuentra a Yeshua (el Mesías de Israel). Y Yeshua le dice que aquello que ahora tiene no es su marido. La “verdad” que sigue no le pertenece realmente, y que se trata de una “unión” falsa. Ahora nos es posible advertir por qué razón Yeshua le habló primero del “agua viva”. Se refería a una verdad capaz de satisfacer al alma errante. Y esto significa una categoría de verdad que puede conducir al hombre al logro de su crecimiento interior y a su desarrollo, cuando haga efectiva la unión, reconociéndola y viviéndola. Toda la parábola tiene que ver con la verdad. Si se estudia la forma en que se emplea el término “agua”, se verá que tiene realmente cuatro significados, cada uno de los cuales yace detrás o por encima del anterior, como ocurre con el significado de todas las parábolas. Primero, el nivel más externo y sensual. Esta es el agua común y corriente. Dicho nivel crea o construye el marco. El segundo nivel es el que connota el agua como cierta clase de verdad, como aquella que se apoya en los cinco sentidos. A su propio nivel, esta es una verdad real, porque se le aplica el término matrimonio. El tercero es un nivel de opinión, o teoría, pura imaginación que no se califica de maridaje sino de una falsa relación, de una relación equívoca, que no puede conducir a ninguna parte. Finalmente, se tiene el cuarto nivel, el significado de aquel orden de verdad, ideas y prácticas que convienen a la persona interiormente y la llevan a un grado de ser vivo; son las que forman una fuente viva de significados, siempre nuevos y frescos, de suerte que jamás se esté sediento. Todo esto último reseñado no es sino una forma diferente de expresar lo que se ha enseñado en la verdadera kabbalá desde hace milenios con los secretos del “PARDES” y que efectivamente hace referencia al “Jardín del Edén” (también conocido popularmente como el “Paraíso”). La palabra se conforma con las iniciales de las palabras hebreas “Peshat”, “Remetz”, “Drash” y “Sod”. Hay que resaltar o recordar que el hebreo en líneas generales se escribe sin vocales. Esta “metodología” no es un método por sí mismo; es una realidad estructural de la realidad que va desde lo superficial que es percibido por los 5 sentidos, hasta el nivel oculto no percibido sensorialmente; es decir es el camino hacia los mundos espirituales y nada tiene que ver con los sentidos. Así que vaya olvidándose de volverse espiritual con las practicas conocidas dizque espirituales de “yoga”, “nirvana”, “meditación trascendental”, “yagé”, drogas”, “reiki”, prácticas de “nueva era” paganas, “canalizaciones”, etc, etc con las cuales nos vemos día con día más inundados. Todo esto mencionado (y lo no mencionado) son esencialmente experiencias sensoriales no obstante lo sutiles que puedan ser. Ya he referenciado esto en otras series de artículos de este blog, como por ejemplo en la serie de “Kabbalá Luriánica” y de “Realidades Sensoriales y Espirituales”. Se recomienda especialmente leer el siguiente artículo sobre “requisitos para acceder a la espiritualidad”: La espiritualidad NO es un aspecto sensorial persé basado en los sentidos físicos. Claro que se siente, pero se asienta en el entendimiento. En un nuevo lenguaje e interpretación de la realidad. Es un nuevo nacimiento que incluye se tenga que volver a aprender a hablar y a pensar. Tal cual como lo hace un niño en nuestro mundo actual cuando nace y se desarrolla para poder percibir y entender su entorno. Yeshua mismo lo dijo en Mateo 18:3 “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Nacer del agua es un nuevo entendimiento y ello requiere el esfuerzo por el conocimiento verdadero. ¿Acaso no está escrito también… “Mi pueblo se perdió por falta de conocimiento”? La esencia de nuestra alma se define por el ENTENDIMIENTO de su realidad. De esta forma y en los términos kabbalistas en el acrónimo de la palabra PARDES las letras se corresponden a los 4 principales niveles del conocimiento. P=Peshat, que significa el significado literal de Torá (en su escritura original hebrea), R=Remetz, que significa el significado asociativo, el D=Drash, que significa el alegórico, y el nivel S=Sod, que es el nivel oculto y secreto. Estos niveles por supuesto que deben ser explicados mucho más extensamente. Son multidimensionales. Lo que se denomina “revelación” y “conocimiento” al ser definidos y provenientes de la fuente absoluta, sin contaminación, proporcionan la herramienta inicial para el seguimiento del derrotero de entrada a los frutos que se presuponen esperan al hombre en las dimensiones superiores. Desde ese punto de vista, y una vez confirmado con suficiente sabiduría, nos percataremos que el asunto va más allá de lo conocido actualmente como religión. Es algo infinitamente más complejo. Las bases fueron reveladas, pero sólo es posible transitarlas “sin fatiga” con la alegría y pasión de la comprensión. El entendimiento produce placer. Es la misma base de la teoría del placer (llenar el vacío). Este tema (como cosa rara) también es muy extenso y complejo. No se trata de descalificar al cristianismo persé. El cristianismo ha cumplido un papel en lo referente a la lucha de fuerzas que permiten el diseño de la Creación. ¿Cómo entenderlo? Definitivamente, nunca en la superficie. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/10/interpretaciones-mesianicas-2/ Escrito y elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com

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