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Kabbalá 2 - Conceptos Básicos de la Kabbalá – Tzimtzum El Origen de Todo lo Creado

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Conceptos Básicos de la Kabbalá – Tzimtzum El Origen de Todo lo Creado Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/08/31/kabbala-2/ La fe del judaísmo nunca será la fe del dogma, siempre será la búsqueda del conocimiento de Dios. Todo ocultamiento tiene como destino la revelación. Rabí Moshé Jaim Luzzatto La búsqueda siempre conduce a algo nuevo. Rabí Moshé Cordovero Todo lo que tiene raíces nunca muere. Rabí Abraham Abulafia Toda la creación desde los niveles más altos hasta los más bajos es Maljut del Infinito. Rabí Aryeh Kaplan El judaísmo revela el objetivo de la vida en el mundo. Rabí Iejiel Bar Lev Un ser humano natural puede estar familiarizado con las Escrituras en un grado considerable pero esto no significa que perciba su íntimo contenido, puede obedecer todos los mandamientos escrupulosamente y eso le honra, pero no significa que entienda de que se trata la Torá. Rabí Zeev Ben Shimón Ha Leví “La Kabbalá representa la anticipación de un conocimiento que pertenece a la era mesiánica”. Yehudá el Jasid de Worms (1217) Existe un secreto que está tan oculto que creemos que no existe, pero nuestra creencia es errónea: el secreto existe, pero aún no lo hemos encontrado. Mario Sabán A cada puerta de la inteligencia se llega por una senda que le es propia y diferente de las otras. Rabí Najmán de Gerona (1194-1270) Aunque sé que la gente me denunciará, tanto a mí como a mis libros, no desistiré de escribir. En la era mesiánica solo tendrá sentido la meditación sobre el Infinito. Abraham Abulafia El mal surge cuando el bien se encuentra en un lugar que no le corresponde. Gikatilla El que profundiza, su mente no vuelve a ser como antes. Rabí David Ibn Zimra Todo hombre debe considerarse a sí mismo como nada y entender que su anterior no-existencia es mejor que su propia existencia. Moshe Cordovero Yo no llegué a un grado espiritual alto porque me lo otorgaron del cielo, sino por mi propio esfuerzo personal. Isaac Luria Los días pasan y se han ido y uno encuentra que nunca tuvo el tiempo suficiente para estar con uno mismo. Najman de Bratzlav No me digas lo que soñaste mientras duermes, Dime lo que sueñas cuando estas despierto. Reb Noson Todos los mundos, tanto los superiores como los inferiores, se encuentran en nuestro interior. Rabí Yehudá Ashlag Los filósofos solo pueden deducir lo que existe en el dominio metafísico, mientras que los Kabbalistas lo podemos ver de hecho. Rabí Moshe Cordovero La Torá se refiere a todo el proyecto espiritual de la creación. Rabí Aryeh Kaplan Un símbolo de la Kabbalá invita a actuar más que a pensar. Moshe Idel El Kabbalista es Kabbalista cuando es consciente de la magnitud del Infinito. Mario Sabán Conceptos Básicos Dice el texto de Deuteronomio 29:29: “Las cosas ocultas son para Dios, y las reveladas para nosotros y nuestros hijos”. Todas las especulaciones de los místicos judíos podrían encontrarse en contradicción con este texto bíblico. Si el misticismo judío ha trabajado y ha proclamado trabajar sobre las energías “ocultas” dentro de la realidad, ¿cómo fue posible observar este mandamiento de la Torá y desarrollar potentes sistemas místicos dentro del judaísmo? ¿Cuáles son las cosas ocultas? La respuesta casi infantil que tenemos a mano es que son aquellas cosas que no han sido reveladas. De ese modo, en realidad no decimos nada, definimos el concepto por su opuesto, pero no establecemos el límite donde empieza lo oculto y donde empieza el campo de lo revelado. ¿Cuáles son las cosas reveladas? Las que podemos descubrir porque se nos revelan. La revelación depende, entonces, de dos factores esenciales, de lo que el Infinito quiera revelar y de todo lo que nuestra capacidad pueda revelar. Nos encontramos con un nuevo problema: ¿cuál es el límite entre lo que nosotros podemos revelar y lo que se nos oculta y es de imposible revelación? Como no sabemos qué quiere revelar el Infinito, solamente nos queda un único camino posible: considerar a todo el conjunto de la “revelación” como un producto del esfuerzo del ser humano. “Todo lo que se mueve abajo se mueve arriba, pero primero se debe mover desde abajo”; este es un antiguo concepto del judaísmo. Así que el judío no espera su salvación “desde arriba”, sino que se encuentra activo dentro de esta realidad material buscando su salvación “desde abajo”, porque la salvación de arriba llega cuando se mueven las energías que producen la salvación interna desde el esfuerzo del propio individuo. Lo revelado es aquello a lo que hemos quitado el velo y que, por supuesto, deja de estar oculto. Parece un círculo vicioso, y he ahí que encontramos “el gran enigma”. Es el asunto más enigmático de la Torá. Si la revelación es la información que ya conocemos, porque le hemos quitado el velo que la hacía oculta, podemos establecer la diferencia entre lo oculto y lo que se encuentra revelado. Lo oculto está velado por un velo y lo revelado está revelado porque le hemos extraído el velo o los velos que lo ocultaban. Entonces, ¿de qué depende que una cosa se encuentre oculta y otra se encuentre revelada? De nuestra capacidad de quitar el velo. Pero, como cada ser humano es diferente, lo que para mí se encuentra revelado es posible que para otro se encuentre oculto. Tomando este punto como axiomático, podríamos decir que lo oculto y lo revelado son subjetivos de acuerdo al nivel de cada sujeto. Lo que se oculta en el nivel superior (Keter) se puede descubrir solamente desde un nivel inferior (Daat). En realidad, todo el esfuerzo de nuestra existencia radica en intentar ascender desde Jojmá hacia Keter. Ahora bien, el texto bíblico generaliza y considera que lo revelado está reservado para nosotros y para nuestros hijos. Algunos intérpretes podrían decir que como el misticismo judío trabaja sobre lo oculto, y como lo oculto pertenece a Dios, lo que estamos haciendo viola directamente este mandamiento del Deuteronomio. ¿Quién decide qué debe mantenerse oculto y qué debemos revelar? El nivel de cada individuo es, probablemente, el que marca el nivel de revelación y de ocultamiento. Los grandes Kabbalistas, como Rabí Isaac Luria, dicen que por más que uno revele siempre habrá algo que quedará oculto porque se encontrará en un nivel superior. Así que siempre existe algo superior a nuestra capacidad de comprensión finita. Siendo finitos, siempre encontramos (y encontraremos) niveles superiores, y estos niveles superiores se encuentran en los límites a los que llegamos a través de nuestro esfuerzo. Por lo tanto, todo lo que yo pueda revelar es “revelable”, y todo lo que mi capacidad no pueda revelar seguirá siendo oculto. Alguien podría ayudarme a comprender ciertas cuestiones ocultas con el objetivo de revelármelas, pero si yo no me encuentro en ese nivel, toda revelación aparente esconderá algo oculto. Lo verdaderamente revelado es aquello a lo que yo accedí por mi propia capacidad. Si partimos de la base de que el Ein Sof es la máxima ocultación posible de Dios, es imposible desde nuestra finitud estructural llegar a una revelación total y absoluta, porque entonces seríamos Dios, y esto es estructuralmente imposible. Si partimos de la base que somos entes finitos y limitados, y que por consiguiente todo nuestro conocimiento es finito y limitado, por más que avancemos frente al Ein Sof nuestros avances son nulos. Nuestros avances son avances vistos desde la perspectiva de la finitud, pero desde el Ein Sof prácticamente no existen, aunque se hayan producido. La conclusión es que todos los intentos de comprensión que vamos a realizar en la mística judía son aquellos que se derivan desde el Ein Sof hacia sus manifestaciones, y que cada vez que ascendamos desde las manifestaciones hacia el Ein Sof siempre encontraremos un grado mayor de manifestaciones, pero nunca llegaremos al Ein Sof en su esencia. Siempre deseamos ascender al Infinito, porque nuestra sustancia proviene de allí (siempre y cuando su sustancia lo verifique en su origen del arquetipo creacional Adán original); por tanto, la idea de Dios no es una “idea”, sino que es una experiencia existencial de nuestro propio ser interior, porque somos una de sus tantas manifestaciones. Ninguna manifestación del Ein Sof se encuentra desvinculada de su esencia. Lo que cambia es la distancia entre el Ein Sof en su esencia y sus diferentes grados de manifestación. Las manifestaciones del Ein Sof son la prolongación de la luz (Or Ein Sof) sobre el vacío. Sólo es posible revelar las manifestaciones del Ein Sof que no afecten la estructura predeterminada del vacío1; de lo contrario, con una manifestación esencial del Ein Sof se borraría el vacío y, por lo tanto, todo retornaría al Ein Sof. Por lo que una manifestación absoluta del Ein Sof anula el vacío, y anula por consiguiente toda posibilidad de crear algo fuera de sí mismo. El vacío aparece por la retirada de Dios (Ein Sof) de un punto de su infinitud. Se produjo una auto contracción divina. Nuestra estructura predeterminada existe porque existe el vacío (la no existencia). Si el vacío dejara de existir, todo lo existente sería el ser del Ein Sof, y no habría lugar a la capacidad de existencias finitas y limitadas. Así que todas las manifestaciones se pueden manifestar como fragmentos independientes (ilusiones independientes, ya que en esencia siempre son dependientes) porque existe el vacío. Solo se puede crear algo dentro del vacío. Y si no existe vacío, no hay existencia posible. Por lo tanto, toda existencia dentro del vacío supone un repliegue del Infinito de sí mismo para crear el espacio. El espacio inicial no contenía nada, era un vacío. Aunque paradójicamente, el vacío es un nivel de oscuridad por la retirada de la luz infinita (Or Ein Sof), es fundamental para que se pueda desarrollar una existencia fuera del Ein Sof. A diferencia del espacio actual donde se encuentran (nos encontramos) las manifestaciones fragmentarias del Ein Sof, el espacio inicial estaba completamente vacío del Ein Sof. Todo el espacio actual está lleno por las manifestaciones del Ein Sof. Sin embargo, si esas manifestaciones no dejan ingresar la luz del Ein Sof, dentro de este espacio revelado se puede ocultar la luz con la idea de negar la fuente de energía original. Lo oculto no solamente se encuentra oculto por nuestra incapacidad de recepción, sino por nuestra capacidad de ocultamiento. Con relación al Sod, la gran mayoría de las veces es un Sod por nuestra falta de recepción de información; sin embargo, otras veces la información nos llega y deliberadamente la ocultamos. Si nosotros somos la causa de llevar lo revelado al Sod, entonces somos responsables de generar oscuridad donde naturalmente la luz se debe manifestar. Si trabajamos llevando al Sod lo que debe ser revelado somos nosotros los creadores del mal. Lo mejor es constituirnos en transmisores de luz y derrotar los intentos personales de elaborar un Sod artificial. La oscuridad que caracteriza la existencia del vacío es la que puede producir potencialmente “el mal”. Si en el vacío no se encuentra la energía infinita de Dios en su máxima expresión, todo lo que se halla dentro del vacío es necesariamente una energía menor que la del Ein Sof para que dicha energía pueda sobrevivir. Esta imposibilidad de acceso al Ein Sof en su esencia hace que todos los esfuerzos realizados por el hombre para conocer a Dios sean un fracaso completo, y que la única felicidad que podemos alcanzar en esta existencia es la de acercarnos lo máximo posible al nivel más alto de sus manifestaciones. De hecho, el concepto de Devekut, que lamentablemente suele ser traducido como “unificación”, equivale a “acercamiento”. En realidad, no nos acercamos al nivel más alto de sus manifestaciones, sino al nivel más alto al que puede llegar nuestro nivel de percepción. No sabemos cuál es el nivel más alto de sus manifestaciones, a través de nuestra existencia solo conocemos el nivel más alto al que podemos llegar con nuestro propio esfuerzo personal. Podemos poseer aptitudes predeterminadas que queden en potencia en caso de no ponerlas en movimiento. El movimiento de nuestras aptitudes predeterminadas es producto de nuestro libre albedrío. Somos libres para dejar nuestras aptitudes predeterminadas en potencia o llevarlas al acto. Todo depende de nuestro libre albedrío. Se debe advertir que todo ascenso debe entenderse como una elevación de nuestras energías, no existe un ascenso en términos físicos. Todas las manifestaciones del Ein Sof, hasta llegar a su última manifestación, no pueden entenderse como entes físicos, sino como energías que sí pueden ser visualizadas dentro de nuestra última y más densa manifestación en la materia. Todo depende, pues, de nuestro esfuerzo por ascender. El descubrimiento de lo que podemos denominar “nuestro yo” está encadenado al conocimiento del universo en su forma más extensa, a nuestra relación con su infinitud. Mientras más ascendemos, más descendemos a nuestra interioridad, y mientras más descendemos, más ascendemos; porque el ascenso y el descenso son ilusiones dentro del campo del vacío. En el mundo de la unidad no existe ascenso ni descenso, porque no existe el vacío. En la mística judía hacemos referencia a “ascender” y “descender”: cuando “ascendemos” nos acercamos a la fuente de energía del Ein Sof, cuando “descendemos” nos acercamos a la oscuridad del vacío. No ascendemos ni descendemos en términos físicos, sino en términos de energías. Probablemente este sea uno de los grandes secretos de la supervivencia judía a lo largo de la historia: esforzarse para ascender, a pesar de saber que nunca llegaremos. Es la victoria del “proceso” sobre la idolatría del objetivo cumplido. El objetivo cumplido representa una felicidad momentánea, pero constituye la muerte real del deseo satisfecho. La vida para el judaísmo es, pues, esta felicidad que se desarrolla a lo largo de todo el proceso. No es la victoria del idólatra que cree ser algo que no es, es la victoria del que conoce el sistema temporal de las cosas finitas; es la victoria de quien lo intenta, del que trabaja todos los días en el silencio, porque busca la grandeza en su interioridad y no en lo exterior, porque todas las representaciones exteriores son producto de la idolatría, de creerse algo que uno no es. La verdadera madurez del ser humano se logra al asumir las condiciones que predeterminan la estructura de esta existencia. La idolatría posee sutiles formas de expresión. La máxima idolatría es la que se comete en nombre de una supuesta “religiosidad”. Cuando un religioso se convierte en dogmático, es un idólatra. La idolatría más baja es la de las imágenes, pero la idolatría más profunda es la que reemplaza a Dios a pesar de asegurar formalmente que creemos en Él. Muchos “religiosos” manifiesta su creencia en Dios; sin embargo, esa creencia no les debe conducir al dogmatismo, porque el dogmatismo es idólatra. El creyente es consciente de su imposibilidad de alcanzar la “verdad en el nivel de Dios” (Keter); en cambio, algunos supuestos religiosos creen “poseer a Dios a través de su creencia” y, por lo tanto, reducen a Dios de acuerdo a sus propias necesidades. El creyente sabe que, como parte finita de la existencia, se encuentra en un avance continuo hacia Keter. En cambio, el supuesto religioso confunde Daat con Keter y cree encontrar “verdades absolutas” del nivel de Keter, cuando, en realidad, todos nos encontramos buscando las verdades dentro de las perspectivas de Daat (conocimiento). El hombre conoce una parte o perspectiva de la verdad, porque es un fragmento de Dios dentro de la Creación, pero jamás puede sentirse poseedor de la verdad; en ese caso, estaría reemplazando a Dios, a pesar de manifestar exteriormente que cree en Él. En muchos grupos ortodoxos del judaísmo se comete este error, al confundir las interpretaciones rabínicas (como perspectivas de Daat) con dogmas absolutos de verdad en el nivel de Keter. La palabra para hacer referencia al “yo” en el idioma hebreo es “aní”, y la palabra que designa la “nada” es “aín”. En realidad, “yo no soy nada” frente al Ein Sof, y sin embargo, en forma paralela soy “Imagen y Semejanza del Ein Sof”. Por lo que mi “yo” es una forma temporal de la nada infinita. Y el Ein Sof es la forma absoluta que abarca todas las posibles fragmentaciones en todos los tiempos posibles y en todas las secuencias existenciales. Es el ser más allá de la existencia, donde la existencia es un apéndice del ser total que es el Ein Sof. Mientras que el “aín” es lo eterno, el “yo” (de “aní”) es la forma temporal que adquiere la nada dentro de la manifestación existencial. El “yo” es un fragmento de la eternidad dentro de la temporalidad, y es temporal porque es un fragmento, ya que si realmente fuera el “todo” entonces no existiría en su forma temporal. Otro texto bíblico que parece central para intentar comprender este problema del Ein Sof se encuentra en Isaías 55:8: “Dice Dios: ‘Porque mis pensamientos no son tus pensamientos”. Todos mis pensamientos son finitos y limitados a mi estructura finita y limitada; por tanto, no puedo compararlos con el pensamiento de una magnitud infinita donde no existen las magnitudes. Puedo conquistar partes fragmentadas, pero nunca podré conquistar el todo. Soy un fragmento que se relaciona con otros fragmentos y puedo ver la existencia desde mi perspectiva fragmentaria, mientras que los otros también pueden percibir desde su perspectiva fragmentaria. La mística judía se interroga cómo podemos percibir algo del Ein Sof a pesar de ser fragmentos. Llegamos a un axioma central de la mística judía: nunca podremos percibir la magnitud del Ein Sof en su esencia porque no somos el Ein Sof. Es en mi perspectiva fragmentaria donde puedo comprender Daat. Como fragmento puedo acceder al conocimiento de modo fragmentario. Como totalidad me es imposible el acceso, porque existe una sola totalidad. Ahora bien, dentro de mi fragmentación tengo información sustancial que se relaciona con la sustancia de la totalidad de Dios. ¿Para qué sirve entonces el esfuerzo de intentar elevarnos a un Ein Sof que sabemos que nunca vamos a conocer? ¿Es un trabajo imposible? ¿Estamos viviendo existencias temporales con una ilusión de infinitud imposible? Fuimos creados finitos y, dada esta finitud estructural, móviles. Es decir, tenemos dentro de nuestra estructura un factor clave para la comprensión de la existencia: el movimiento. Es en el espacio vacío en el que se puede desarrollar este movimiento. Es más, el vacío surge porque el Ein Sof se puso en movimiento; por lo tanto, antes de la existencia del vacío, el Ein Sof tuvo que ponerse en movimiento dentro de sí mismo. Valga la pena aclarar que en referencia al “espacio vacío”, este espacio fue “vaciado” en el primer instante: en la actualidad no hay espacio vacío, sino que se encuentra lleno por las diferentes energías dimensionales, que la mística hebrea denomina como sefirot. Cuando hacemos referencia a la finitud, nos referimos simultáneamente a la finitud espacial (extensión limitada dentro del espacio) y a la finitud temporal (tiempo limitado de vida biológica). Si para crear algo fuera de sí mismo el Ein Sof tuvo que ponerse en movimiento, todas las consecuencias existentes (manifestaciones) en el campo de la creación son móviles. Todo se mueve aunque formalmente parezca que no. La mente está diseñada de forma que no puede ver todos los movimientos de la existencia, para no enloquecer y tener cierta “seguridad” imaginaria dentro del campo material. La materia, que parece inmóvil, se mueve constantemente. Nuestra mente es la que hace que parezca estática. Nuestra mente intenta controlar la realidad con el objetivo de preservarnos en esta existencia. Si captáramos todos los movimientos reales (como el movimiento de rotación de la Tierra) no podríamos soportar nuestra existencia. Tenemos, por tanto, una mente diseñada para “paralizar”, de forma imaginaria, el movimiento, con el objetivos de nuestra propia supervivencia. He aquí una argumentación que jamás entenderían los terraplanistas con sus absurdas postulaciones descalificativas de movimientos relativos. Uno de los grandes problemas de las ciencias actuales es estudiar los fenómenos incorporando la variable del movimiento. En general, estudiamos las estructuras estáticas sin movimiento alguno; esto hace que, cuando se produce el movimiento y dicha estructura se modifica, no la podamos comprender. Es por ese motivo que debemos estudiar todas las estructuras dentro de la dinámica del movimiento, porque el equilibrio que pretendemos buscar nunca se encuentra dentro de un estudio estático, sino dentro de la dinámica general que produce el movimiento. El primer movimiento fue una contracción en el interior del Ein Sof: el Ein Sof se fue de sí mismo para crear el vacío. El primer movimiento, pues, es un movimiento de repliegue. Ahora bien, uno podría preguntarse: si el Ein Sof ocupaba todo el espacio existente, entonces, ¿hacia dónde fue la energía divina que se replegó de dicho espacio vacío? No podría ir hacia sí mismo, porque en ese caso aumentaría el nivel de energía existente en el Ein Sof. La única posibilidad es que el Ein Sof destruyera su propia energía en algún punto, porque, de lo contrario, la energía que se replegó hacia el Ein Sof creando el vacío aumentaría la magnitud de energía existente en el Ein Sof, y esto es imposible. Otra opción posible es que la energía replegada, como no podía existir dentro del Ein Sof, creó un “vacío transitorio” para ser rellenado de forma organizada; sin embargo, si todo ese vacío hubiera sido rellenado, el vacío desaparecería. Si no comprendemos el factor del movimiento, no podremos comprender absolutamente nada de la Creación. Todos los fragmentos creados (nosotros mismos como fragmentos) estamos condicionados por el factor del movimiento; al desplazarnos hacia otro punto podemos vislumbrar otra perspectiva. Cada perspectiva no sólo es producto de mi propia fragmentación, sino que es el resultado de mi propio movimiento dentro del vacío. Así que un fragmento no tiene una idea estática, sino una serie de ideas que se van modificando a medida que dicho fragmento se desplaza por su propio movimiento. Una pared tiene átomos que están en movimiento, nosotros tenemos sangre que se mueve, un corazón que se mueve, manos que se mueven; todo se mueve, la Tierra se mueve, los planetas se mueven. El movimiento es pues, una clave característica de este espacio. Y como somos finitos, somos entes en movimiento. Cuando Abraham Abulafia aplicaba su sistema de intercambio de letras, lo que hacía era otorgar “movimiento” a las letras hebreas para encontrar la raíz común; no un movimiento derivado de la aplicación de las vocales que dan vida a las consonantes, sino un tipo de movimiento mayor, el de la rotación de las letras buscando el sentido raigal de donde derivan las palabras. Al fin y al cabo, Abulafia comprendió que las palabras son consecuencia de un intercambio original de las letras. Al ponerlas en movimiento y rotarlas, buscaba la posición original de la raíz de dicha palabra y así encontrar el sentido oculto que las unifica. Abraham Abulafia sabía que las letras, al representar cierto tipo de energías, no podían ser estáticas, sino dinámicas. Porque, si todo fue creado a partir del movimiento, lo “estático” es una ilusión mental para “controlar imaginariamente la realidad”, porque todos los fragmentos son indudablemente dinámicos. Es por este motivo que todo estudio que pretendamos realizar sin tener en cuenta el factor del movimiento nos lleva a la ilusión de comprender la existencia a través de esquemas estáticos que son imaginarios. Nada existe fijo dentro del vacío, porque la propia existencia del vacío hace que todo sea móvil. El mismo vacío surgió por el movimiento de repliegue del Ein Sof en sí mismo. El vacío es producto del movimiento, y las manifestaciones del Ein Sof dentro del vacío, también. El sentido real no se encuentra en la palabra propiamente dicha, que fija cada letra en un punto del espacio, por lo que, al darle movimiento, incorpora cada letra al sistema dinámico de la Creación. Si una letra representa una “energía especial”, el movimiento de estas energías dentro del espacio nos conduce al sentido original por el cual dicha letra (energía) ha nacido y se ha desarrollado. En realidad, las palabras son energías que surgen de la combinación de las letras como energías básicas. Las palabras son el resultado de la combinación de estas energías elementales que denominamos “letras”. En definitiva, la combinación de cierto número de letras produce una energía determinada que denominamos como “energía básica”. Si rotamos las mismas letras de esta energía básica, el sentido (ya positivo o negativo) de dicha energía básica se mantiene. Son las diferentes manifestaciones de esta energía básica las que parecen manifestarse como “diferentes” en el campo de la fragmentación, pero sustancialmente componen la misma energía básica o elemental. Toda energía debe moverse para desarrollar su propia misión; cuando una energía se paraliza, desaparece, porque ya no es necesaria, ya que no desarrolla ningún movimiento. Cuando una palabra de cualquier idioma deja de utilizarse es que dicha energía ya no sirve para sus usuarios. Esta energía, por lo tanto, no tiene sentido de existencia. Toda energía existe porque se mueve. Lo que no se mueve no busca su lugar en el espacio y, por tanto, no tiene función en la existencia, ya que todo lo que existe está buscando siempre el sentido de su existencia dentro del propio movimiento. No existe sentido de existencia dentro de la parálisis estática, que es una ilusión mental. Solo lo que se mueve tiene sentido de existencia como energía. La desaparición de una palabra conlleva inevitablemente a la desaparición de un tipo de energía específica. El movimiento otorga fuerza a una energía para que exista. Y existe movimiento únicamente en el vacío, donde existe el espacio. Por lo tanto, cuando el Ein Sof crea el vacío, en realidad está creando el espacio. Como cada energía cumple una función dentro de un espacio limitado, toda energía desaparece cuando cumple su función, por lo que el tiempo nace conjuntamente con el espacio. Y el tiempo de una energía determinada, en su configuración actual, depende de su función. Si el deseo fue satisfecho, la energía en movimiento se paraliza porque cumplió el objetivo de su existencia y desarrollo. En el Ein Sof (Infinito) no existe tiempo ni espacio, porque ambas variables son consustanciales a la existencia del vacío. Cuando el Ein Sof decide crear el vacío, se crea la primera dualidad entre el Ein Sof y el vacío. Debemos saber que antes de la creación del vacío existió un proceso en el interior del Ein Sof. Debemos tener mucho cuidado cuando hacemos referencia al concepto del Tzimtzum (auto restricción del Ein Sof sobre sí mismo). Algunos autores hacen referencia a un Tzimtzum inicial en la interioridad del Ein Sof que no creó el vacío, sino que produjo el plan general de la Creación (Adam Kadmón). La idea del Adam Kadmón (Hombre Primordial) fue una especie de Tzimtzum dentro del pensamiento del Ein Sof. Como señala Gershom Scholem: “La primera forma que asume la emanación después del Tzimtzum es la del Adam Kadmón”. En este sentido, hablamos de un Tzimtzum anterior al Tzimtzum que creó el vacío. Según esta interpretación, podemos decir que existieron dos etapas bien definidas en el proceso general de revelación del Ein Sof: una primera, en la que el Ein Sof realiza el Tzimtzum abstracto que da lugar al Adam Kadmón y, posteriormente, al universo de Atzilut como la primera emanación. A partir de este desarrollo completamente interno dentro del Ein Sof se produce lo que se conoce como el “dilug” o la “kfitzá”. El dilug es un paso radical, un salto de lo infinito a lo finito. Se produce por el segundo Tzimtzum, que es el creador del vacío donde se podrán desarrollar los tres universos posteriores a partir de Atzilut (Briá, Yetzirá y Asiá). Cuando, a partir del universo de Atzilut, el Ein Sof crea el vacío, es entonces que lo “emanado” en el pensamiento del Ein Sof (Atzilut) puede materializarse de algún modo dentro del vacío. Muchos autores confunden ambos “Tzimtzumim”. Algunos autores, cuando hablan del Tzimtzum, hacen referencia a la aparición dentro del Ein Sof del plan general del Adam Kadmón (la existencia de la dimensión de Keter como una dimensión independiente o no del Ein Sof), y cuando la gran mayoría de los autores hace mención del Tzimtzum habla de la creación del vacío (jalal panui). No obstante se debe aclarar que existen dos auto restricciones dentro del Ein Sof: una primera limitación en la creación de la idea del plan general (Adam Kadmón) y una segunda limitación en la creación del vacío, que es la puesta en acción del primer plan del Adam Kadmón. Cuando en este estudio explicamos la dinámica del Tzimtzum hacemos referencia al segundo Tzimtzum, el que provocó la creación del espacio vacío. Dado lo anteriormente escrito y según dichas explicaciones kabbalistas es norma general interpretar los dos estados descritos, es decir el pre-creacional y el creacional a través de los Tzimtzumim como los mundos Alef y Bet (primera y segunda letra del alfabeto hebreo). Las siguientes explicaciones derivan de dichas definiciones. No obstante se podría acotar que estas definiciones aunque reveladas por grandes kabbalistas, no necesariamente se circunscriben en mi parecer a exclusivas y totalitarias descripciones o interpretaciones en el uso de los conceptos Alef y Bet cuando se quieren abordar temas cosmológicos en el tiempo que podríamos abstraer en nuestras mentes y según las revelaciones de la Torá de dicho tiempo “histórico” desde la creación y conforme a nuestro pasado cósmico, sea cual sea la misma dentro de los misterios de las 974 creaciones anteriores a la supuestamente nuestra, de acuerdo a mismas revelaciones kabbalistas. ¿Qué se quiere decir con la aclaración anterior? La Torá empieza con la palabra Bereshit que entre muchos significados también se interpreta como “En un Segundo Comienzo”, que implica un “Primer Comienzo” que bien podríamos llamar “Alef” a “Primera Bet”. ¿Es acaso esta “Alef” como “primer comienzo” el proceso aquí descrito? Un estudio riguroso de la Biblia define que NO. Esto lo explico y expongo detalladamente en este blog en la serie de nuestro “pasado cósmico”. Lo que se está explicando aquí se presupone con lógica va en términos temporales anterior como el origen de todo, incluyendo el tiempo y que no podemos presuponer que ya entendemos sus misterios a pesar de estas explicaciones y su entendimiento. Así que prosiguiendo con lo expuesto, si el Ein Sof lo deseara todo y si llenara el vacío, el mundo de la Bet desaparecería regresando a su raíz, que es el mundo de la Alef. Porque, en realidad, el mundo de la Bet es una creación secundaria del mundo de la Alef, que es el único mundo real, ya que el mundo de la Bet es un mundo temporal derivado del mundo de la Alef. El mundo de la unidad o el mundo de la Alef es el Ein Sof antes de la existencia de la no existencia; es decir, antes de la existencia del vacío existía exclusivamente el mundo de la Alef. Con la aparición del vacío, aparece el mundo de Bet, pero simultáneamente continúa existiendo el mundo de la Alef. Algunos kabbalistas aluden al mundo de la Alef refiriéndose al Ein Sof y sus dos primeras manifestaciones divinas: el Adam Kadmón y el universo de la Emanación (Atzilut). Debemos saber que la verdadera realidad se encuentra en el mundo de la Alef. Aunque nosotros fuimos creados dentro de las coordenadas del mundo de la Bet, creemos “imaginariamente” que dicho mundo configura la verdadera y única realidad. En verdad creemos que esta realidad es real porque nosotros formamos parte del mismo mundo de la Bet. El problema del mundo de Bet es que es real dentro de la temporalidad y la finitud espacial, pero frente a la eternidad es un mundo imaginario que podría eventualmente regresar al Ein Sof desapareciendo por completo. El mundo de la Bet es real visto desde nuestra perspectiva, pero es transitorio dentro de las coordenadas de tiempo y espacio. Frente a la eternidad del mundo de la Alef, el mundo de la Bet no es real. La nuestra es una existencia paradójica porque, por una parte, somos realidad y, por otra, somos un producto de la “imaginación del Ein Sof”. Y esta paradoja será de ahora en adelante el gran problema para visualizar nuestra realidad: en cada nivel existirá una verdad, que no será verdad en un nivel superior, sino que únicamente será real en dicho nivel. Toda verdad es absoluta dentro de un nivel, y es relativa en un nivel superior. En realidad, toda verdad es un nivel transitorio de conocimiento que se desarrolla en la línea de ascenso del Daat (el conocimiento). Dentro de la eternidad del Ein Sof somos un fragmento temporal; dentro de la realidad temporal somos una existencia real. Este concepto podría llevar a muchos a la locura. Muchos rabinos han prohibido el estudio de la Kabbalá porque entendieron (y algunos entienden) que no todos los seres humanos estamos preparados para comprender estas verdades ocultas. Particularmente, defiendo la idea que la Kabbalá debe estar abierta a todos, porque la locura no se alcanza simplemente por el estudio inadecuado de la Kabbalá, sino por una situación más perversa: la incapacidad de muchos seres humanos de encontrar un sistema espiritual que permita dar respuestas adecuadas al sentido de su propia existencia. Podrían darse casos donde el ser humano, al estudiar la Kabbalá, se encuentre a sí mismo y comprenda su posición en este universo. Es en este sentido que quizás en los próximos siglos la Kabbalá será una herramienta fundamental para el crecimiento y el desarrollo de la humanidad. Es por ese motivo que, si se estudia de forma adecuada, la Kabbalá puede encauzar la locura hacia la cordura, más que generarla. Al ser conscientes de que somos fragmentos temporales de un mundo derivado de otro mundo real, en realidad debemos comprender que somos fragmentos imaginarios en un mundo imaginario derivado del Ein Sof. Nosotros mismos somos realidades en la perspectiva del mundo de la Bet, pero frente al Ein Sof, que pertenece al mundo de la Alef, sabemos que no somos realidades; aunque, sin embargo, un nivel de nuestra alma sí existe dentro del nivel de la realidad plena y eterna del mundo de la Alef. Bajo estas definiciones absolutas entre la Alef y la Bet, en el nivel de la Alef no hay muerte porque no hay tiempo, mientras que en el nivel de Bet todo es temporal y, por lo tanto, transitorio. ¿Qué elementos aparentemente transitorios de esta realidad temporal nos insinúan la potencia de la Eternidad? Los Kabbalistas saben que dentro de esta secuencia temporal y espacial existen energías que van más allá de estas coordenadas, que están operativas dentro de esta realidad, pero se encuentran en un nivel más elevado de la realidad. Debemos ser conscientes de que, a pesar de los condicionamientos temporales y espaciales, existen “destellos de Eternidad” en esta existencia. El nivel de la Bet se define por la posibilidad del mal y de la muerte. En la perfección del mundo de la Alef no existe el mal ni el bien, porque no existen las posibilidades morales. Y tampoco existe el tiempo, por lo que el pasado, el presente y el futuro no tienen existencia en el nivel de la Alef; todo es lo mismo, porque todo se vincula con la totalidad en su raíz y porque dentro del nivel de la Alef existe únicamente la eternidad, que es realmente lo único existente. Toda existencia temporal constituye una no-existencia en relación a la eternidad del Ein Sof. Si eventualmente nosotros controláramos las variables del tiempo y el espacio, comprenderíamos mejor nuestra relación con el mundo de la Alef. El místico intuye el mundo de la Alef porque logra “unificar” las partes fragmentadas del mundo de la Bet. Ahora bien, pese a la máxima cantidad de unificaciones que logremos dentro del mundo de Bet, siempre nos encontraremos dentro de este universo. Debemos ser conscientes de que en el nivel de fragmentación existente en este universo de la Bet, a pesar del máximo esfuerzo de unificación, siempre viviremos en el proceso de unificación constante y, por lo tanto, jamás podremos alcanzar la unificación completa. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/08/31/kabbala-2/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com

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