Kabbalá 3 - Conceptos Básicos de la Kabbalá – Misterios de la Creación y el Arbol de la Vida
Sobre este episodio
Conceptos Básicos de la Kabbalá – Misterios de la Creación y el Arbol de la Vida Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/11/06/kabbala-3/ Los Universos. El mundo de la Bet (o de la fragmentación) es esencialmente el mundo revelado. Existen tres tipos de universos: el universo de imposible revelación, porque se encuentra en el Atzmut del Ein Sof (la esencia del Infinito) o mundo de la Alef; el segundo universo en el nivel de Atzilut1, que potencialmente puede ser revelado, porque ya se ha manifestado, pero que por nuestras propias limitaciones actuales no podemos revelar y, por tanto, se mantiene oculto; y el tercer universo, en el que nos movemos (Creación, Formación y Acción – en hebreo, los mundos de Briá, Yetzirá y Asiá. Estudiaremos estos universos más adelante) y el que, pese a nuestras actuales limitaciones estructurales, podemos conocer, aunque en realidad no conozcamos en su totalidad y actualmente nos encontremos en el proceso de su conocimiento; lo que hace que existan partes de estos tres que aún no conocemos y que se encuentran ocultas. El universo de Atzilut pertenece al mundo de la Alef, pero es el mundo intermedio entre la Alef del Adam Kadmón y el mundo de la Bet. Es verdad que, como Atzilut es parte del Ein Sof, se encuentra dentro del mundo de la Alef; sin embargo, como el mundo de la Bet alcanzará en el futuro un grado de perfeccionamiento muy alto, podemos decir que el mundo de la Bet lentamente ascenderá hacia el mundo de la Alef. Es en la dimensión de Atzilut donde existen las energías dimensionales que llamamos sefirot. Por tanto, todo “lo oculto” (en hebreo nos referimos a lo “nistar”) no tiene la misma categoría. Tenemos lo “oculto de imposible revelación” (Atzmut del Ein Sof), lo “oculto en acto, pero revelado en potencia en un grado superior” (Atzilut) y lo “oculto, pero que fácilmente puede ser revelado, y lo revelado que ya se encuentra en acto” (Briá, Yetzirá y Asiá). El problema de lo revelado en acto es que, lamentablemente, nuestra mente ha trabajado clasificando la realidad de acuerdo a su necesidad de supervivencia, así que han quedado cuestiones ocultas por la limitación estructural de nuestra predeterminación biológica. Deberíamos trabajar con conceptos que de modo abstracto puedan comprender nuestras propias limitaciones estructurales y repensar la realidad de acuerdo a parámetros no-humanos. Creo que, a través de procesos de desdoblamiento, podríamos actuar en estos parámetros. Si decimos que existe un mundo real del nivel Alef, y nosotros somos fragmentos divididos en el nivel del mundo de la Bet, sabemos que podemos pensarnos como partes de la unidad general. En estas coordenadas, la perspectiva subjetiva, si bien no queda anulada (porque no la debemos anular), podemos obtener un nivel de conciencia con la totalidad que nos permita redefinir nuestros conceptos dentro del mundo de la fragmentación. Nosotros mismos, como energías independientes, estábamos ocultos antes de nuestro nacimiento y volveremos a ocultarnos después de nuestra muerte biológica. Sin embargo, en nuestra vida biológica tenemos una capacidad de revelación. También tenemos una capacidad diferente de revelación fuera de la estructura biológica, en campos energéticos diferentes de la existencia física. El alma, después de la muerte biológica, continúa existiendo en otros niveles de energía. Las energías (más allá de nuestra muerte física) se encuentran en un grado de revelación superior y por ese motivo, en esos niveles, pueden interactuar con nosotros, aunque a través de nuestra materialidad encontramos obstáculos mayores para desarrollar dicha conexión. No me es posible revelar más secretos en este nivel. Quiero aclarar que en este artículo se está siguiendo la antigua tradición del judaísmo secreto según la cual, cuando avanzamos más allá de ciertos límites, dentro de nuestro pensamiento, debemos frenar nuestro avance en un punto determinado para no llegar a la locura, ni del emisor ni del receptor. Esta autolimitación consciente de los kabbalistas es una antigua formula del judaísmo para establecer los límites de resistencia en la transmisión de cierto tipo de conocimientos. Con esto se quiere advertir que en varios puntos del texto se hace necesario frenar el desarrollo de determinados temas aduciendo la imposibilidad de revelar más en ese sentido. Rabí Aryeh Kaplan (1938-1983), ZL (que su recuerdo sea para bendición), advertía a sus lectores que muchos de los secretos que revelaba lo hacía con el permiso de sus maestros. En la Kabbalá existe un problema de comprensión: toda comprensión, en un nivel superior, tiene que pasar a través de la experiencia, y se dice que quien no ha experimentado un asunto determinado, no puede comprenderlo intelectualmente. Siempre debemos recordar que el Daat (el saber o conocimiento) no se construye simplemente con la conjunción de Jojmá y Biná (sabiduría y entendimiento), sino con las experiencias de Maljut (del Reino Físico), porque para eso hemos sido creados dentro de la materialidad por predeterminación. Por lo tanto, existen cuestiones que se pueden transmitir solo si se han experimentado y sólo quien las haya experimentado podrá comprenderlas realmente. En este sentido quienes relatan sus experiencias personales en el nivel del Sod (lo secreto) lo hacen porque son ellos mismos quienes atraviesan por dichas experiencias y sólo ellos las pueden comprender. Es entonces cuando ciertos conceptos, que a simple vista parecen teóricos, se comprenden realmente como prácticos. Muchos pueden experimentar dichas realidades sin conocerlas desde el punto de vista teórico, por ejemplo a través de algunas técnicas meditativas de la liturgia judía. Lo importante es que aquellos que han pasado por ciertas experiencias paranormales pueden comprender aspectos de la espiritualidad judía que son posibles de revelación teórica, pero que sin el componente de la experiencia es imposible comprender realmente. Todo lo que revelamos alguna vez estuvo oculto, pero estaba revelado en potencia, y nosotros, con nuestros esfuerzos, lo transformamos en revelado. Nuestros esfuerzos se encuentran dentro de unos límites predeterminados dentro del vacío. El espacio está predeterminado y nuestro libre albedrío puede desarrollarse dentro de ciertas predeterminaciones estructurales de la Creación. Existen técnicas de revelación importantes en los campos del misticismo judío. Una de las técnicas de revelación consiste en comprender el asunto en su totalidad rompiendo la secuencia temporal, comprender el pasado, el presente y el futuro como una totalidad estructural, porque el mal ataca las partes débiles de nuestras existencias temporales. La capacidad de resistencia es una técnica que se deduce que es una de las características de la resistencia del judaísmo a lo largo de la historia. Es posible que, para sobrevivir tantos siglos, los judíos hayamos creado una resistencia nacional a no desaparecer, y parece ser que hemos proyectado esta misma resistencia en el campo de nuestra vida existencial como una herramienta de lucha contra el mal y las derrotas temporales. Esta forma de resistencia judía en el sostenimiento de nuestra identidad religioso-nacional conformó a través de los siglos el carácter del judío, como un elemento trans-histórico. Por lo tanto, “las cosas ocultas son para Dios” (Deuteronomio 29:29), pero exclusivamente aquellas que Dios ha decidido mantener ocultas eternamente. En realidad, es la misma Infinitud lo que se mantiene oculto en esencia. Todo aquello susceptible de ser revelado se encuentra en el campo de la finitud. Las cosas que Dios ha decidido que se mantengan eternamente ocultas son imposibles de conocer. En verdad, lo que nos ocultó quizás se podría interpretar como el universo del nivel de Alef y que no necesariamente implica (en mi concepto personal) que la designación del mundo de la Alef abarque o incluya la misma esencia “Ein Soft” (el infinito y la nada incognoscible) de Dios mismo. Lo que se quiere decir es que Dios quizás nos oculta el mundo de la Alef, pero más explícitamente se oculta es a sí mismo. Porque el Ein Sof puede manifestar todas las revelaciones fragmentarias, pero nunca podrá revelar su esencia; sabemos que, si se revelara en una magnitud infinita, retornaría a su ocultamiento. Típica dialéctica contradictoria que quizás sea de difícil comprensión para algunos. Revelación infinita equivale a ocultación completa. ¿Se entiende? No es tan difícil cuando se allegan a las abstracciones de los conceptos que aquí se explican de forma correcta. ¿Cómo se entiende? Según lo expuesto en el artículo anterior y en este mismo, podríamos hacernos una imagen metal, que aunque obviamente no se corresponde con la realidad y es a la misma vez imposible traducirla fielmente a nuestras limitaciones como seres fragmentados pertenecientes al mundo de la Bet (nuestro cosmos dual), no obstante sirve de representación gráfica. Imaginemos la existencia de Dios como Ein Soft (infinito) antes de la revelación, antes de cualquier vacío de manifestación, antes de cualquier movimiento, antes de cualquier tiempo (valga la incoherencia dialéctica), antes de cualquier espacio, como el conjunto de la cámara de un “embolo” o “pistón”. Es decir el conjunto “camisa y embolo” en donde el estado original previo al “Tzimtzum” (la contracción inicial de Dios sobre sí mismo o auto restricción) se corresponde al conjunto en el estado en que el “embolo” (Dios en toda su completitud) lo llena todo. Es decir, el “embolo” (Dios) está en la posición de completa “carrera” o desplazamiento hasta el límite que se lo permite el recipiente. Imagine una jeringa en su posición final cuando ya se aplicó todo el líquido en el receptor; ya no hay nada de liquido en el cilindro de la jeringa y el pistón de la jeringa llena todo el cilindro que contenía antes el líquido. Esta es la representación inicial de Dios que lo llena todo. Se podría decir que Dios es el “pistón”. ¿Y entonces qué es el cilindro? Esto no se puede abstraer literalmente por supuesto. En esta representación de la jeringa, se presupone que cuando el líquido estaba en el cilindro, el pistón estaba por fuera del cilindro. Esto último es importante aclararlo, pues permitirá hacer la abstracción final explicativa de lo que expuesto. Ahora supongamos que la posición del pistón es al extremo izquierdo. Cuando empieza el movimiento de Tzimtzum o auto restricción de Dios, el pistón (Dios) se empieza a desplazar hacia la derecha. Este movimiento va dejando en vacío en el cilindro (donde estaba antes el pistón, ahora está vacío). A mayor desplazamiento a la derecha, mayor vacío en el cilindro. Este espacio que va dejando el movimiento del pistón hacia la derecha dentro del cilindro es lo que se podríamos denominar la revelación de Dios. Dios se oculta del vacío y esto se denomina revelación. Esta representación infantil, aunque apropiadamente descriptiva, en nuestra comprensión de la misma, presupone que el pistón siendo sólido con geometría y volumen constante se desplaza por fuera del cilindro. En la representación del conjunto como lo total y lo absoluto de Dios, es obvio que “no hay” un espacio adicional a donde Dios como “pistón” pueda tener una nueva posición en espacio. Estas inconsistencias de nuestra limitaciones espaciales no se pueden aplicar a este ejemplo. Pero se puede ajustar la abstracción. ¿Cómo? Aquí nos toca imaginar que el pistón se va comprimiendo o disminuyendo su volumen y longitud hasta desaparecer al final de la longitud del cilindro. Esto correspondería que la revelación máxima o infinita, significa la ocultación completa de Dios al mismo tiempo. Estas son explicaciones a nuestro nivel de percepción para abstraerse de alguna forma. No son para ser interpretadas de forma literal… Por favor. Así que, en realidad, Dios se oculta para que nosotros podamos existir. En el mundo de la Bet no existe “lo oculto”, ya que todo es susceptible de ser revelado. En el mundo de Bet existen las manifestaciones fragmentarias potencialmente reveladas. Lo que nosotros llamamos Sod es siempre un Sod transitorio, porque es lo oculto dentro de lo potencialmente revelado. El “Sod real” es el mismo Ein Sof, al que nunca conoceremos por nuestra estructura predeterminada. Y todo aquello que nosotros podemos captar es, indudablemente, parte del proceso constante de revelación continua. En el nivel de Alef no existen cuestiones ocultas, porque todo el mundo de Alef por sí mismo se debe mantener oculto. El mundo de la Alef es oculto por su propia condición de infinitud, ya que, si se revelara, destruiría la creación de los entes finitos del mundo de la Bet. Por esa razón podemos decir que la fuerza del universo de Atzilut podría forzar un ascenso de los tres universos inferiores, pero un ascenso que no debe destruir la existencia. Los límites a la revelación del Ein Sof. La paradoja es, pues, que una revelación total y absoluta del Ein Sof destruiría el vacío y produciría el ocultamiento completo. Por ese motivo decimos que un nivel de luz superior puede producir ceguera a consecuencia de dicha potencia lumínica, ya que dicha potencia es superior a la capacidad de recepción de cualquier recipiente. Frente a la luz del Ein Sof no hay capacidad de resistencia que la pueda limitar. Por esa razón la única forma de revelación es siempre dentro de los límites del vacío, porque no existe revelación dentro de la infinitud esencial del Ein Sof. Lo “bueno” del ocultamiento es la comprensión de regular el nivel de revelación adecuada que uno puede soportar. Lo que uno puede soportar siempre se encuentra en relación con la capacidad de recepción del receptor. Todo lo que se puede revelar depende de la capacidad de recepción del receptor (la resistencia del kli). El poder de resistencia de la vasija (kli) de recepción es lo que define la posibilidad de recibir. Así que no dependemos simplemente del “Ein Sof” y su emanación, sino de nuestro esfuerzo por captar el mayor nivel de energía posible. Es así como el ocultamiento es la condición que permite que la existencia se pueda revelar. No hay revelación posible sin un grado de ocultamiento, porque una revelación completa representa un ocultamiento absoluto. Toda revelación debe ser parcial, y todo ocultamiento parcial, pero no puede faltar el ocultamiento para que se produzca una revelación. Así podemos existir dentro de unos límites determinados, porque fuera de dichos límites perdemos la focalización de nuestra energía y se desperdicia toda la energía que poseemos. Nuestra esencia es la luz derivada del Ein Sof, pero nuestra condición de existencia se puede desarrollar dentro de la parcial oscuridad del vacío. Ahora bien, el vacío producido por el segundo Tzimtzum se reproduce en nuestra interioridad, de modo que nosotros mismos tenemos dentro un vacío que debemos llenar. Nuestra propia estructura subjetiva refleja la estructura objetiva de la misma Creación, ya que tenemos dentro de cada uno de nosotros a un fragmento del Ein Sof que se debe manifestar dentro de nuestro vacío interior, y así oscilamos entre la felicidad de la luz y la realidad existencial del vacío que deseamos llenar. Es interesante cómo en el judaísmo existen dos conceptos relacionados con este asunto. El concepto de tefilá como rezo y el concepto de tehilá (salmo) como agradecimiento. En la tefilá pedimos lo que nos falta, rezamos porque necesitamos rezar, no porque el Ein Sof necesite de nuestro rezo, y pedimos para satisfacer deseos insatisfechos. Pero en la tehilá (agradecimiento) agradecemos porque ya estamos satisfechos con lo que tenemos. Si por una parte estamos satisfechos con lo que tenemos y por la otra siempre necesitamos algo más, dentro de la liturgia hebrea encontramos tanto la tefilá (oración) como la tehilá (salmo de agradecimiento), porque debemos “pedir” y “agradecer”. La tefilá (oración) marca la insatisfacción mientras que la tehilá (agradecimiento) marca la satisfacción. La felicidad del ser humano oscila en ser feliz con lo que se tiene y con lo que no se tiene. Si el ser humano se enfoca exclusivamente en lo que tiene puede frenar su deseo de progreso, y así “resignarse”; pero si se enfoca exclusivamente en lo que no tiene puede deprimirse, porque siente que nada tiene. Tanto lo satisfecho como lo insatisfecho nos deben ayudar a progresar espiritualmente; esa es la máxima satisfacción que debemos alcanzar. En realidad, la felicidad es la luz que podemos percibir por nuestro nivel de oscuridad. Así que la felicidad no puede ser la luz completa y total del Ein Sof, porque ese nivel de luz infinita nos destruiría. Por ese motivo, la felicidad se fundamenta en la posibilidad de aumentar la recepción de la luz sin ser destruidos por la luz infinita del Ein Sof. Ese vacío que intentamos llenar cumple dos funciones fundamentales: por una parte nos hace “existir”, y por la otra, nos lleva a la felicidad de mantener un deseo insatisfecho. El vacío de luz es la condición indispensable para nuestra existencia, porque de lo contrario todo retornaría a la esencia del Ein Sof. Todo lo oculto en el mundo de la Bet constituye una revelación en potencia. Algún día dejará su ocultamiento para ser revelado a través de nuestro esfuerzo. ¿Es acaso esto lo que muchos kabbalistas han identificado como la “era mesiánica”? Personalmente concluyo que no es un asunto de respuesta blanco o negro. Es un muy largo proceso que pertenece a otras instancias muy extensas de explicación. Es un gran problema (por ahora teórico) determinar dónde se encuentran los límites reales entre el mundo de Alef y el mundo de la Bet. De hecho el asunto se podría extrapolar a mayores especulaciones si se tienen en cuenta las posibles interpretaciones que se derivan de los análisis literales o Peshat de la misma biblia de manera integral asociando las revelaciones del mal llamado nuevo testamento. En ese sentido se relacionan a estos análisis de orígenes cósmicos en el tiempo todo aquellos que tendría que deducirse de la palabra “Bereshit” (la primera palabra del libro de Genesis con la que comienza la Torá) como un “segundo comienzo” que proviene del “Big Bang” (según lenguaje científico), pero en realidad infiere un conflicto que cósmico que obligó a la separación de los cielos 1, 2 y 3 de los cielos 3, 4, 5, 6 y 7. Una separación del cosmos de “abajo” del “alto Elion” (según lenguaje bíblico). ¿Se deduciría acaso que lo acontecido antes del “Big Bang” (como los tiempos de antaño), es acaso el tiempo de la Alef? En el lenguaje de la Kabbalá de que tratan estos artículos sin duda NO se corresponde a ello. El tiempo o mundo Alef es antes que todo. Sabrá a qué me refiero si estudia aquí en mi blog los estudios referentes a nuestro “pasado cósmico” que se detallan en la serie de 7 videos explicativos de dicha cosmología Peshat. El sentido de nuestra existencia es lograr transformar todo aquello que se encuentra oculto, susceptible de ser revelado, en una revelación en acto. Esto depende de nuestro esfuerzo personal. Si toda nuestra potencia se encuentra dirigida a revelar la máxima cantidad de energía oculta dentro de nuestra realidad, entonces estaremos trabajando con el fin de darle un sentido real a nuestra existencia. Lo que nunca será posible revelar es lo oculto fuera del límite del vacío, porque los límites del vacío llegan al Ein Sof. Depende si el Ein Sof lo permite o no. El Ein Sof tiene el poder de establecer los límites de su creación y, por lo tanto, la extensión del espacio que nos predetermina. En este punto nos encontramos a merced del mismo Ein Sof. Podríamos argumentar, sin embargo, que depende de nuestro esfuerzo y del ejercicio de nuestro propio libre albedrío si merecemos que el Ein Sof predetermine un espacio mayor al vacío donde se desarrolla nuestra existencia. Tenemos deseos satisfechos, deseos insatisfechos pero revelados y deseos insatisfechos pero no revelados. El problema no se encuentra tanto en la insatisfacción de los deseos, sino en su ocultamiento, porque esta falta de revelación de los deseos hace que no conozcamos cuáles son los vacíos de nuestra insatisfacción. El Ein Sof es el deseo máximo de una insatisfacción eterna. Es probable que esta sea la causa de la existencia eterna del judaísmo. El misticismo judío ha logrado que el Ein Sof se sitúe a tal grado de distancia de sus fragmentos que todos nuestros avances son “nada” frente a su nivel de ocultamiento, pero dentro de nuestra capacidad representan el máximo desarrollo posible. La forma de ascender al universo de Atzilut ¿Cómo es posible que los fragmentos manifestados del vacío penetren en la totalidad del Infinito sin perder su categoría fragmentaria? Este es un secreto que se nos revelará en el futuro. De acuerdo a nuestra capacidad limitada de análisis, toda revelación en dicho nivel puede conducirnos a la desaparición de nuestra existencia física fragmentaria, ya que se supone que desde el vacío no podríamos ingresar al Ein Sof porque se destruiría nuestra capacidad de resistencia material. No podemos saber si en el futuro existirá la posibilidad de ingresar dentro del mismo Ein Sof, esta situación (hoy imposible) se alcanzaría exclusivamente con la destrucción de nuestra temporalidad. La única posibilidad es ingresar al nivel de Atzilut, ya que no podemos ingresar dentro del Atzmut (la esencia) del Ein Sof. La forma de ingresar en Atzilut es elevando los tres universos inferiores al grado de Atzilut. Se dice que la Torá deberá funcionar como Torá de Atzilut en un grado superior a su funcionamiento actual. Por ese motivo algunos kabbalistas dicen que existe una letra que no se ha podido revelar, más allá de las 22 letras: es la letra número 23, la letra hebrea “shin” con cuatro ramas. La revelación de esta letra 23 marcaría el paso al universo de Atzilut. No se debe dejar pasar por alto esta última mención y de paso resaltar lo que verdaderamente significan los arquetipos de cada letra hebrea. Se piensa comúnmente (gracias a las profundas ignorancias que subyacen en el humanismo secular) que las letras son representaciones geométricas usadas como herramientas de “evolución” antropológica en el devenir de la humanidad. Nada más falso. Esto bien merecería innumerables tomos enciclopédicos de ilustración de las verdades divinas de la creación. Las letras hebreas (incluyendo su sonido y geometría) son los ladrillos de la creación y el lenguaje como fuerza matrix propulsora de todas las realidades. Esto significa que son entidades espirituales vivas (todo está vivo) de atributos e inteligencia infinita otorgadas por el mismo creador de todo (Dios). Sus esencias definen las realidades que nuestros sentidos pueden percibir e interpretar. Sus combinaciones acorde a sus atributos individuales de cada letra definen las dimensiones, los conceptos, la materia, sus características, nuestras vidas y todos los secretos de existencia en una interrelación de unas con otras que crean la infinita posibilidad matrix constructiva y de vida de universos y dimensiones. Tema muy extenso para dilucidar y acceder a los misterios de la creación. Es por esto que las meditaciones sobre nombres y letras hebreas crean conexiones con los mundos superiores y pueden modificar las realidades de nuestra existencia. No simplifique esto último. Otros kabbalistas afirman que la Torá tiene otra vocalización completamente diferente que no conocemos y que el Mesías revelará esta vocalización oculta. Cuando se revele la vocalización oculta, comenzará a funcionar la Torá en el nivel de Atzilut. Otros kabbalistas afirman que dentro de los espacios en blanco entre las letras negras de la Torá se encuentran las verdaderas letras de la Torá que no se pueden ver; así, en el futuro podremos percibir las letras que se encuentran ocultas dentro de los espacios en blanco. Todas estas ideas tienen un denominador común: la existencia de un funcionamiento oculto de la Torá que aún no podemos percibir. Lo que sí será posible en el futuro es conectarnos con el Ein Sof en un grado más alto del actual. Cuando en la kabbalá decimos que algún día todos los universos se unificarán y subirán al grado de Atzilut (la Emanación), significa que poseeremos formas de desmaterialización energética que nos conducirán a existencias más elevadas que nuestra existencia material actual. Esto lo alcanzaremos en los próximos siglos. Se dice que cuando nos acerquemos al año 6000 (año 2240 del calendario secular actual) estaremos ingresando en el proceso de unificación de los universos y elevándonos al grado de Atzilut. Muchos creen que Atzilut corresponde a la “era mesiánica”. De nuevo acoto… Personalmente considero no debemos interpretar lo anterior de forma simple, ni en blanco o negro. Sin embargo, para ingresar en el nivel de Atzilut, el mal, tal como lo conocemos, debería desaparecer para siempre. Cuanto menos, el mal debería desaparecer en un nivel determinado. Esta es la condición indispensable para ingresar en Atzilut. El Ein Sof está limitado hacia dentro de sí mismo, no hacia el exterior, porque no existe exterior fuera del Ein Sof (Infinito). Es así como en realidad el Ein Sof no tiene ninguna limitación externa a sí mismo. La idea de “exterior” es producto de nuestra predeterminación física dentro del vacío, donde existen manifestaciones fragmentarias exteriores a nosotros. En el Ein Sof no hay nada exterior a dicho infinito, solamente existe el interior. Nosotros existimos porque el Ein Sof vació una parte de su infinitud creando su interioridad. Nosotros nos encontramos dentro de una finitud limitada por la infinitud, y lo exterior a la finitud es la infinitud. Pero, desde la perspectiva de la infinitud, nosotros somos su interioridad. El vacío nace dentro de Dios por su propia voluntad. Por ahora son difíciles de precisar los límites entre el mundo de la Alef y el mundo de la Bet. Este fue uno de los grandes problemas del misticismo judío. La Escuela de Gerona siempre dijo que el nivel de Keter pertenecía al mismo Ein Sof, porque no sabemos dónde está el límite entre el Ein Sof y Keter; sin embargo, Moshé Cordovero en su magna obra Pardes Rimonim dijo que Keter es una dimensión que se encuentra fuera del Ein Sof debido a que constituye una vasija de las diez que contienen el Or del Ein Sof. Siempre que conceptualizamos limitamos la realidad, y por ese motivo ascendemos dentro de Keter, pero no ingresamos en el Ein Sof. Así que Cordovero sentó las bases de la comprensión de Keter como una dimensión independiente del Ein Sof. Keter es la “Corona”, pero no es el Rey. Todas las limitaciones humanas, por más elevadas que sean, pertenecen a las diez dimensiones del Árbol de la Vida. Cuando ya no podemos conceptualizar más, debemos respetar la intimidad del Ein Sof en su esencia. Los kabbalistas de Gerona asociaron Keter al Ein Sof simplemente porque decían que si el ser humano no puede conquistar Keter, jamás alcanzaremos el límite entre Keter y el Ein Sof, lo que hace que para nuestra percepción limitada dicho límite no exista. A pesar de que no alcanzamos aún dicho límite, la diferencia continua existiendo. Podemos pensar que algunos elementos son partes del mundo de la Alef, pero cuando los revelamos comprendemos que pertenecen al mundo de la Bet. Cuando dentro de la mística judía hacemos referencia a la información, nos referimos a un concepto muy importante: las “energías dimensionales” de las diferentes dimensiones del Árbol de la Vida son energías que se diferencian por el grado de información que contiene cada una. En realidad, lo que oculta el “mundo oculto” es información. Por ese motivo, a medida que tenemos una mayor información de la realidad, podemos comprender mejor la dinámica de ciertos tipos de energía. Tampoco podemos considerar, como han creído algunos, que el mundo de la Alef (Dios en su esencia) es el resultado de nuestra falta de conocimiento dentro del mundo de la Bet. Para muchos pensadores provenientes de la psicología clásica freudiana, Dios representa la totalidad de los residuos de nuestro mundo que no comprendemos. Para los kabbalistas, el mundo de la Alef es incomprensible porque se encuentra en el nivel del Infinito, un nivel completamente ajeno a nuestra estructura predeterminada. Para nosotros, en la actualidad, el límite real entre el mundo de la Bet y el mundo de la Alef se encuentra muy alejado. Para situarlo dentro del Árbol de la Vida, podríamos decir que este límite se encuentra entre la dimensión de Keter y el Or Ein Sof. Keter es la más alta de las dimensiones del Árbol de la Vida. La condición fundamental para acceder a este límite sería la conquista real de Keter, que en otros términos significaría nuestro acceso al universo de Atzilut. La conquista real de Keter debe ser comprendida como la era mesiánica, no existe forma de conquista subjetiva de Keter, ya que nadie es capaz de dominar Keter y seguir vivo en esta existencia. El nivel del Keter subjetivo es la comprensión de un proceso dinámico de un crecimiento sin fin. Esta es la conquista del Keter de Briá, que es la condición para nuestro acceso al universo de Atzilut. Cuando hablamos de esta dimensión de Keter estamos haciendo referencia al Keter en el universo de Briá (la Creación). No debemos confundir el Keter como representación del universo del Adam Kadmón, porque, si es así, cuando aludamos a ingresar al mundo de Atzilut estaremos haciendo referencia al ingreso dentro de la Jojmá del Adam Kadmón. Hay que tener mucho cuidado en el estudio a través del Árbol de la Vida, debemos saber cómo lo estamos utilizando simbólicamente. Podemos utilizar el Árbol de la Vida como un símbolo de los diferentes universos, o podemos utilizar el árbol de la Vida de acuerdo al funcionamiento de las dimensiones en los tres universos inferiores. En general siempre se utiliza el símbolo del Árbol de la Vida en referencia al funcionamiento de las dimensiones dentro de los tres universos inferiores. Sin embargo, temporalmente nos encontramos dentro de Keter y será muy difícil comprender esta dimensión en forma real. Nosotros estábamos potencialmente revelados, pero ocultos. La información de quiénes somos estaba en algún punto del espacio, pero se encontraba oculta, y con nuestro nacimiento nos hemos revelado. Es posible que la información dentro del universo se transforme en información compleja, ya que cierto tipo de energías se pueden combinar en formas diferentes. Así las cosas, nuestra actual situación de seres pensantes proviene de una combinación específica de diferentes energías unidas (diferentes informaciones) que crean un sistema de información complejo. Para el judaísmo, nuestra alma en su totalidad posee diferentes tipos de energía en diferentes niveles de la realidad. Podríamos decir que nuestra alma es un campo de posible unificación de dichas energías. Si esas energías trabajan de manera independiente, entonces pueden destruir toda la estructura. Uno de los grandes problemas del alma, para el judaísmo, aparece cuando los diferentes niveles de nuestras energías actúan intentando subordinar a las demás. Si no existe coordinación por conciliación de las energías, el alma no tiene un rumbo unificado, sino rumbos fragmentarios. La fragmentación de la personalidad puede crear una anarquía real dentro de la existencia que impida enfocar los objetivos fundamentales de la persona. Esto genera una confusión negativa para el desarrollo del sentido de nuestra vida. Sin embargo, con el nacimiento físico, en un grado de Sod (secreto) muy alto hemos ocultado la información de nuestras existencias anteriores de otras vidas. Así que por una parte nos revelamos, pero, por la otra, debemos ocultar gran parte de la información que traemos para poder sobrevivir. Ahora bien, el sentido de nuestra existencia se encuentra atado a las experiencias de vidas pasadas. Al morir físicamente volvemos a nuestra posibilidad de revelación en otro plano, pero nos ocultamos en términos físicos; en cambio, cuando nacemos sucede exactamente lo contrario, nos revelamos en forma material y debemos ocultar información procedente de otras manifestaciones materiales anteriores. No puedo explicar más en este nivel porque representa un nivel de Sod demasiado alto para esta generación. Nosotros mismos somos una revelación, pero en un nivel de Sod (secreto) tan elevado que somos Sod (secreto) para nosotros mismos, ya que somos fragmentos que ocultamos mucha más información de la que somos conscientes. No existe un Sod (secreto) mayor que nuestra propia existencia. En las grandes religiones tradicionales se habla de “revelación” cuando Dios participa de los acontecimientos del mundo de la Bet; sin embargo, dentro del mística judía, la revelación es en esencia la totalidad de la Creación, es toda la manifestación de Dios. La revelación es todo el mundo de la Bet (o mundo de la fragmentación). En realidad, hemos revelado lo que nuestra vasija está capacitada para revelar. En el futuro revelaremos partes de nuestra interioridad en un grado mayor que el revelado hasta ahora. Porque en el futuro potenciaremos la fuerza de la capacidad de recepción de la vasija en la que hemos sido construidos. Ahora bien, como “información”, seguiremos existiendo en otro tipo de manifestación energética. En algunos casos somos capaces de poder comprender el tipo de información que traemos de una existencia anterior. Se puede ser consciente a través de una experiencia física de retorno al pasado. Pero este nivel de Sod (secreto) debe ser estudiado únicamente por aquellos que lo han experimentado en su propia existencia y solo debe ser explicado por aquellos que hemos vivido esta experiencia. Nunca moriremos realmente, en la medida en que nuestra información real de energía subsista de algún modo. Es por ese motivo que la existencia de la energía sobrevive a nuestra estructura física. Estos son los secretos de la transmigración. Es por todo esto que se viene explicando que los kabbalistas elevados usualmente restringen la información que les es posible revelar y no van más allá de esta información, porque la luz del Ein Sof podría bien aniquilarlos. Revelaciones mayores de las que puede soportar una generación no reconoce la capacidad del kli (el recipiente) del receptor. Quien trabaja en kabbalá debe saber que existen unos límites muy precisos que no se deben cruzar. Aunque el conocimiento es libre (Daat), debemos trabajar para ampliar nuestra capacidad de recepción. El gran riesgo de experimentar la kabbalá es la destrucción física que se produciría al encontrar dentro de nuestra interioridad el fragmento del Ein Sof y revelarlo a pesar de nuestros límites estructurales dentro de la materia. Nuestro objetivo como energía se debe cumplir dentro de esta materialidad en la que hemos nacido. Tenemos, por lo tanto, una primera responsabilidad: desarrollar una capacidad mayor de recepción. Es entonces cuando debemos enviar la información: cuando sabemos que el receptor se encuentra entrenado para captar dicho nivel de conocimientos. En definitiva, la existencia es una energía de alta potencia que supera las coordenadas físicas donde nos desarrollamos en el mundo de la Bet. El problema del mundo de la Bet es que partimos del axioma que sostiene que “aquello que no podemos demostrar científicamente, no existe”. Sin embargo, a pesar de que científicamente aún no podamos demostrarlo, dentro de esta realidad existen energías ocultas, que serán posibles de demostración en un futuro muy cercano; energías ocultas tanto en nuestro interior como en nuestro exterior. Si logramos captar nuestras energías ocultas interiores, a su vez podremos conectarnos con las energías ocultas exteriores, porque sustancialmente son idénticas. Si hipotéticamente borráramos nuestra existencia fragmentaria, podríamos captar cómo estas energías operan como manifestaciones dentro de todo nuestro vacío. La exterioridad y la interioridad son dos variables falsas en relación con la realidad dentro del vacío, porque sitúan al ser humano como el centro de la existencia. Llamamos “exterioridad” a lo exterior al ser humano, e “interioridad”, al interior del ser humano. Debemos comprender que, desde el mundo de la Alef, el ser humano es un producto más de los tantos fragmentos manifestados dentro del mundo de la Bet, y que el ser humano se encuentra en la interioridad de la Divinidad, dentro del vacío donde se puede producir nuestra forma de existencia. Podríamos decir que el mundo de la Alef es teológico-ateológico: por una parte, es el universo infinito, donde se encuentra la esencia de Dios, y a su vez es un mundo imposible de comprender, porque pertenece a dicha esencia divina. Tenemos una imposibilidad absoluta de vincularnos con su esencia. Por ese motivo el reconocimiento de la esencia del Ein Sof debe fundamentarse en nuestro autoconocimiento personal. El camino antropológico ante la imposibilidad teológica. El mundo fragmentario de la Bet es antropológico y, a su vez, es no-antropológico en la medida que tenemos que hacer el esfuerzo de mirarlo desde la perspectiva del mundo de la Alef. Como en el judaísmo es imposible la teología, lo único que nos queda realmente es el camino antropológico. La kabbalá fue (es y será) el intento, por parte del judaísmo, de teologizar la antropología y de antropologizar la teología, porque trabaja dentro de un sistema de campos unificados destruyendo las confrontaciones fragmentarias al conciliarlas en un grado superior. Probablemente el efecto más asombroso de la kabbalá sea el resultado de sus constantes unificaciones, que nos llevan a una conciliación permanente. Es interesante cómo la kabbalá, al elevar la Torá al nivel de Keter, donde existe la verdad objetiva, dejó en libertad al ser humano para desarrollarse dentro del Daat (conocimiento). Al posibilitarnos un trabajo infinito dentro del Daat (conocimiento), la mística judía nos permitió otorgar validez a las miles de interpretaciones de la Torá que se han desarrollado a lo largo de la historia. Por una parte, como es imposible comprender el Ein Sof en su esencia, el judaísmo renunció a cualquier posibilidad teológica y trabajó únicamente con las manifestaciones antropológicas en el campo de la fragmentación. La única vía en la que se pudo desarrollar fue en la teologización de la antropología, buscando una forma de panteísmo que no destruyera las identidades fragmentarias existentes en el mundo de la Bet. Desde una postura más radical pienso que el judaísmo renunció a todo tipo de teología cuando creó la idea del Atzmut (la esencia inmanifestable) inaccesible del Ein Sof. Desde esta perspectiva, no existe teología judía, porque es imposible. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/11/06/kabbala-3/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com