Requisitos para ser humano. La enfermedad como default de la normalidad y el drama cósmico de retorno
Sobre este episodio
Requisitos para ser humano. La enfermedad como default de la normalidad y el drama cósmico de retorno de la fragmentación a la unidad. Es claro que nuestra condición actual e histórica de existencia desde hace "billones de años" como supuestos "seres humanos", es presumible está inmersa en una oscuridad total, tal que nada podríamos afirmar con certeza sobre las razones, propósitos, antecedentes y entendimiento de nuestra existencia y qué o quienes somos. A lo sumo sólo hay presunciones imaginativas arrogantes certificadas con falsedad con caretas de ciencia. Eso es demostrable cuando se sabe pensar y hacer las preguntas correctas. La oscuridad se puede demostrar. El problema es que nadie aborda, ni ha abordado el tema con compromiso y honestidad. A nadie le importa (o a muy pocos). Siempre cualquier acercamiento a estos temas han estado simulados con los intereses aplastantes de soborno de toda la realidad que nos rodea. El escape de esta condición sólo puede ser sobrenatural, por gracia y por revelación. Y sin embargo es una decisión y compromiso individual milagroso por su mismo carácter de dificultad y esfuerzo obligado. De esto es de lo que se tratan estas palabras de este articulo. La "humanidad" entera no podrá comprender su condición a menos que se allegue a las revelaciones que se encuentran exclusivamente en el judaísmo. Lo revelado por la Torá, Talmud, Kabbalá y toda la tradición de los sabios de Israel. No obstante, el mismo judaísmo como denominación religiosa difícilmente, se podría concluir (según se ve), ha comprendido el asunto integralmente. Cuando se conocen las preguntas claves y se formulan honestamente, la fantasía, los errores, las presunciones, los prejuicios selectivos, incoherencias y doctrinas incompletas se hacen visibles... por lo menos en lo que se refiere la ausencia de conexión con el lado oculto de la dualidad en numerosas ocasiones cuando se juega a la religión. Y si esto sucede en el mismo seno del "pueblo sabio del libro" que ha dilucidado durante más de 3300 años enormes y maravillosos secretos de la revelación, pues ¿qué podría decirse de todos los demás? Sólo los sabios de Israel históricamente han dejado el testimonio de este entendimiento. Son aquellos VERDADEROS kabbalistas que nos han legado dicho conocimiento en la única forma en que se debía transmitir dichos secretos de la existencia. Única forma que se constituye y fue por diseño divino, la metodología exclusiva de conexión al conocimiento divino y la transformación. No hay otra forma... Es el único sistema operativo y código constructivo de todas las realidades percibidas y no percibidas. Ciertamente me estoy refiriendo y se trata de un lenguaje codificado que nada tiene que ver con lo que ilusoriamente este mundo ha denominado "ciencia" y "lógica". Lo de este mundo es necesario, es cierto; así se constituya en una matrix de ilusión construida con la "ra", con el mal. Pero sólo como herramienta primaria de avance hacia lo real. Lo real que está oculto a nuestros ojos y consciencia, a menos que accedamos a un nuevo lenguaje interpretativo de la realidad que nos proporcione las llaves del entendimiento. Se trata de comprender con SENTIDO; no se trata de repetir como loros apartes y fragmentos de sabiduría revelada (por maravillosos que sean los clips); no se trata de adaptar dichos fragmentos de conocimiento a nuestra percepción sensorial de la vida y nuestros paradigmas aceptados. No se trata de forzar dichos conocimientos revelados a nuestras imaginaciones sustentadas en la fisicalidad conocida. Y mucho menos se trata de justificaciones adaptivas científicas o humanistas por fuera de la revelación en su lenguaje arquetípico cristalino. Por ejemplo en figuras de Toros, camellos, corderos, burros, serpientes, tiendas, desierto, mar, barcos e historias "infantiles" tipo películas de Hollywood de semana santa. Si no se construye el rompecabezas con todas sus piezas (originales) descifradas en sus raíces y sólo se ven piezas del mismo esparcidas al azar, jamás se verá la imagen del rompecabezas. Jamás se verá el sentido real de la existencia. Solo será su imaginación y distorsión. Peor aún si ni siquiera se tienen las fichas correctas del rompecabezas o si se pretende armar cualquier otro rompecabezas. Jamás va a tener una fotografía real de la creación y la existencia. Jamás verá el sentido de la vida. Tampoco sabrá qué o quién es usted. Y quizás ni siquiera le importe. El legado de sabiduría dejado por los sabios de Israel establece (una vez decodificado y entendido) que vivimos y habitamos en la séptima tierra, es nuestra realidad. Contiene los nombres de las demás, pero está también fuera de las demás, frente a todas ellas. Igual que el séptimo día está frente a los seis días de la creación. Lo mismo es válido para el séptimo cielo; allí se encuentra el trono de Dios. Lo más bajo está frente a lo más alto y también eso es consecuencia de la creación de la dualidad. El camino del cumplimiento de la voluntad de Dios de crear al ser humano, se expresa en el mundo de los números en la noción “siete”. Siete, sheva, significa también “juramento”, “confirmación solemne”. Y puesto que juramento es sheva, siete, la creación se sucede en siete fases, en tiempo y espacio. Estas siete fases quedan determinadas ya en el primer día, porque con el primer día, la creación se despliega y comienza a ser visible. Usted sin conocimiento de este lenguaje concluirá que el día mencionado se refiere al que usted conoce con sus sentidos de 24 horas. Jamás podría establecer las relaciones entre la parábola arquetipo del concepto trascendental y su vivencia de un día con sus sentidos. ¿Por qué tenemos acaso que experimentar el tiempo en días? Usted lo da por sentado, así como lo hace con todo... Y nada entiende. Solo vive una existencia animal. Absolutamente todo tiene una razón de ser y el por qué tiene infinita sabiduría. Y si hablamos de días, no hay ninguna respuesta si usted describe solo procesos astronómicos. ¿Por qué? La ciencia NO puede responder nada. La creación en la concreción recibe su propia cara. El primer día es la semilla que contiene todo lo que germinará, brotará y crecerá. Solo existe la voluntad de Dios; ÉL quiere crear el mundo, ÉL presta el juramento. Su actuación va de un extremo al otro. Su juramento es perfecto, inquebrantable. ¿Y cómo se nos presentan esos siete mundos? Se trata de siete realidades cuyas fases individuales son como estaciones, lugares de descanso, que se diferencian del crecimiento dinámico. El camino por el desierto tiene 42 estaciones, o 6 x 7 fases, que se dividen en 14 y 28. Los 2 x 7 están frente a los 4 x 7. El número 42 es la unión entre el 6 y el 7, la unión de lo causal con lo NO causal. El crecimiento se detiene por la intervención de otro mundo, es decir, por la intervención de Dios. Solo entonces, en estado de reposo, la Habitación de Dios se hace visible. Tan pronto el camino continúa, todo se recoge, se vela, se envuelve. En esa situación, todo acercamiento es imposible y el crecimiento entra de nuevo en acción, aquel crecimiento, que desde el “dos”, la dualidad de Mitzraim (Egipto) se encamina hacia el “uno”, la unidad de Canaán. Aunque el crecimiento excluye el reposo –como el árbol del conocimiento excluye el árbol de la vida– el árbol de la vida se hace valer una vez tras otra. El rayo que sale de ein sof hacia "ayin" la “nada”, irrumpe y coloca el "Reshit", el punto (ese que se menciona en genesis 1.1 con la palabra be-reshit). De esa manera, la Habitación de Dios se hace visible, se construye su Casa, Mishkan. La visibilidad tiene siete fases, tres como base primordial. De ellas salen las siete. Entre las fases se recorren 22 caminos. Son las 22 letras hebreas, esas inteligencias cósmicas arquetipo que construyen toda la creación y que son el fundamento de la forma proveniente del concepto que se transforma en palabra y de ahí en todos los ladrillos constructivos de todas las realidades. Esas 22 señales unen las tres y las siete fases. Si el "ser humano" asume las siete realidades y reconoce que las manifestaciones de Dios son tres y siete, entonces habrá cumplido el 70. Comprenderá a los 70 sabios, las 70 lenguas, las 70 ciencias, las 42 estaciones y sus nombres, etc. ¿Qué es todo esto que acabo de mencionar? ¿Cómo se entiende? ¿Acaso es posible entenderlo sin haber transitado el camino? Se habla del camino y de esta forma se va conociendo su SENTIDO. Se nombran siete fases que constituyen al "ser humano". Entonces ¿qué es el "ser humano" por definición Divina? Ciertamente no es su definición humanista e imaginativa. Tampoco la interpretada religiosamente. Si quiere quedar unido con su origen, si no se quiere ser arrojado al caos de la inmensidad, si no se quiere descender al abismo, todas las siete fases deben ser conscientes, deben ser reconocidas y cumplirlas en su Ser. No es su imaginación lo que va a definir su esencia y su destino en el cumplimiento del propósito de su origen... Pero sin duda alguna que sí en su estado final de "perdición" (sea lo que sea que signifique para usted en su imaginación). La tradición (Talmud y Kabbalá) sólo puede ser comprendida si se conocen estos siete puntos, si somos conscientes de los siete pasos que Dios da, para cumplir la creación del "ser humano". Es decir... Todavía NO somos "seres humanos". Definitivamente NO lo somos actualmente. Quizás sí lo fuimos alguna vez; quizás no. Quizás somos infiltración de anteriores mundos y universos creados. Quizás de este mismo por obra de los adversarios. ¿Desde donde y desde cuando viene nuestra esencia, nuestra alma? Debemos saber que vivimos aquí en el séptimo mundo, el más inferior, en la realidad más apretada, más densa. La tradición habla de diferentes mundos, de realidades distintas. Allí existen condiciones que no pueden darse aquí, en nuestra realidad unilateral. Allí pueden suceder cosas que no tienen cabida aquí. Solo aceptando esas otras realidades, podemos comprender los relatos de la Biblia. Aunque en nuestro mundo, dentro de nuestra realidad unilateral, es imposible que las comprendamos correctamente. Aquí hay que forzar, apretar, quitar y cortar para que nuestra mente pueda asimilarlas de alguna forma. De hecho, actuamos según el patrón de Sodoma, que falsifica todo lo que viene del exterior. Sodoma es el mundo más inferior, y su característica principal es que no tolera huéspedes de otros mundos; únicamente sus propias medidas son válidas. Todo lo diferente es expulsado o aniquilado cruelmente. Y si por casualidad un huésped no deseado ha encontrado entrada a pesar de todo, se le aplican de inmediato las medidas de Sodoma, lo que significa que se le mata al instante. Los relatos bíblicos establecen que se acostaban los turistas en una cama con medidas pre-establecidas. Si brazos y piernas eran más grandes se cortaban; si más pequeñas se estiraba. Usted se burlará en automático del relato; al igual que lo hará con todos los demás relatos bíblicos. El pragmatismo y la lógica de este mundo sólo permite dicha opción. ¿Acaso se entiende con nuestras medidas? ¿Lo entiende usted? De hecho al leer estas palabras usted mismo ya ha cercenado algo. Esto en un lado de la moneda de este mundo. En el otro se pasa por alto y se trivializa religiosamente. Sepa que los misterios de la dualidad parten de una definición cuádruple de ella de aquí y allá, y allá y allá (para empezar). Del misterio del 4 se dan las condiciones de la fragmentación dual al infinito y su respectiva perdición en confusión. En este mismo sentido, los relatos bíblicos solo pueden ser adaptados a nuestra realidad si eliminamos la vida que llevan dentro. En nuestro mundo, con el korban (sacrificio), el acercamiento a Dios, no puede hacerse nada. Las relaciones con ángeles se desconocen. No existen dioses como personalidades; una habitación de Dios visible es tan inimaginable como la parada súbita del sol o de la luna. Es decir, del relato bíblico queda poco más que algunas exhortaciones bastante vagas, incluso contradictorias en algunos casos, y una imagen salvaje y bastante confusa de la sociedad que está plasmando. El humanismo y la ciencia sólo podrán reír y descalificar para su propia desgracia. No sorprende, por tanto, que se haya buscado el origen de esos relatos en el caos de un tiempo primitivo, donde reinaba la ignorancia, el miedo y las supersticiones. En un mundo con espíritus y fantasmas, en el cual la irrupción de un volcán o el eclipse solar mostraban, sin más, el dedo amenazador de Dios. Solo hay que leer para empezar los libros de Carl Sagan, por ejemplo. Siga con la filosofía, la psicología, la antropología, la crítica bíblica, etc. Mejor dicho... Con todo el supuesto "conocimiento" de este mundo, con sus sentidos y paradigmas. No se equivoque... Este camino de oscuridad es necesario también. Sin recorrerlo no podrá ver el otra camino. El del retorno. Hay que conocer de ciencias y filosofía. Hay que conversar con el mundo e interesarse en él. Sin embargo, tal visión primitiva y miope caracteriza solo a aquellos que enjuician la Biblia de tal manera. La tradición (Talmud y Kabbalá) nos obliga a tomar estos otros mundos muy en serio, porque de otra forma no es posible entender la Biblia. Y justamente cuando estamos dispuestos a aceptar muchos relatos bíblicos como “fuente valiosa”, la tradición echa abajo todos los esfuerzos, por bienintencionados que sean. Los buscadores asiduos de bibliografías fracasan, porque a la tradición le gusta medir con medidas imposibles, de forma que cualquier persona razonable de este mundo inferior enseguida va capitulando. Lo que ciertamente es lo mejor para todos. ¡Qué suerte que la Torá oral preserve la Biblia escrita de toda rotura, causada por las intenciones de esos ignorantes!¿Pero entonces, de qué se trata? La tradición repite sin cesar que en el mundo se suceden graves incisiones en donde el mundo salta de un nivel a otro: el antiguo mundo desaparece y surge un mundo nuevo. Por ejemplo la destrucción del primer y segundo Templo en Jerusalem, el diluvio, la haflagá con la Torre de Babel por citar algunos ejemplos. Estas incisiones en el mundo significan que en la consciencia humana suceden cambios profundos. Cosas que podían comprenderse perfectamente y que eran reales, de pronto dejan de ser comprensibles. Dejan de ser “visibles”. El camino está bloqueado; las cosas de “antes” desaparecen de la vista. En el mejor de los casos pueden ser imaginadas, y en cierto modo sentidas y resucitadas a la vida. Una persona de hoy, por ejemplo, podría vivir el mundo de la Torá con tal intensidad, que estaría en íntima relación con ese mundo. Puede que se sienta más en casa allí que en éste nuestro mundo, que le parecerá frío e inhóspito y está como de paso. No dejará que su corazón quede enganchado en cosas perecederas aquí, y hará el bien gratis, sin contrapartida. Sabe que su estancia aquí es limitada y que pronto regresará a lugares más cálidos. Morir en ese caso no es únicamente despedirse de la pesadez de la esfera más baja, es volver a casa, volver a los mundos anteriores, a la tan anhelada unión con la realidad primera. Morir es regresar por el mismo camino por el que hemos llegado. La meta es la unión con ese Ser Uno. Los límites propios que delimitan la personalidad de cada uno permanecen, aunque son tan delicados y ligeros que no obstaculizan la unión con los demás. Es la situación del árbol de la vida, que es unidad de Ser y Devenir. En el ser humano, las siete fases están siempre presentes. Y se trata de que tenga consciencia de ellas y que reconozca a todas ellas como verdaderas. Entonces vivirá ya aquí una vida eterna, entonces será inmortal ya aquí. Puede incluso superar las siete fases de aquí y avanzar hasta las tres anteriores de la creación. Si allí vive conscientemente, es un Ser divino, igual a Dios. Entonces imagen y semejanza son perfectas. Este camino del ser humano es el camino de la liberación de las fuerzas de gravedad de los mundos sucesivos, es el camino que conduce a Dios. Quien anda ese camino, vive eternamente. Vive con Dios y, no obstante, vive en el mundo. Imaginemos que el tiempo del primer Templo constituye una esfera A, el del segundo Templo la esfera B y la esfera C el tiempo después de su destrucción. Las realidades B y C, en comparación, son niveles más bajos y más densos que la esfera A y no permiten se saquen conclusiones de ahí respecto a lo sucedido en la vida de la esfera A. Y a pesar de todo, no puede negarse la existencia de A. Pero de B y C no se pueden presuponer causas y efectos en línea recta como influencias en los acontecimientos de B y C desde la esfera A. La historia lineal de A, B y C no es continua. Son líneas partidas discontinuas en diferentes planos verticales. Solo se pueden inferir y constatar reflejos. Ese proceso podría compararse con la reacción del cuerpo en cuanto a los procesos del pensamiento: el pensamiento es independiente, somete al cuerpo que, como tal, todavía no tiene ninguna vida consciente y propia. Con la devastación del primer Templo, el nivel de vida baja. La realidad humana se traslada a la esfera B. La vida en la esfera A sigue; pero desde la esfera B solo puede comprenderse si volvemos la vista atrás, si nos esforzamos y aprendemos. La realidad clara y evidente es ahora la esfera B. En la esfera B, lo que se llama “historia” no se corresponde con la historia verdadera, porque sucedió en la esfera A, a la que ya no tenemos acceso. La línea discontinua desde la izquierda señala que la palabra no coincide con la historia. La palabra habla de un Templo perdido, en el punto en que la línea de la esfera A se rompe y continúa como línea discontinua. El "ser humano" en la esfera B cree puede entender con lógica y causalidad ese pasado que parece continuar como realidad en la esfera B. Sin embargo no es así, hay que diferenciar cuidadosamente entre aquello que llamamos “conocimiento histórico” de la esferal B y la verdadera historia vivida en la esfera A. B es la esfera del segundo Templo. Pero también desaparece y el mundo de nuevo cambia con la medida 400. Morir, muerte, con la raíz 40-400 significa haber transitado por el mundo. Pero al mismo tiempo, ese 40-400 dice que después de la muerte, la vida sigue, eternamente, porque se permanece en el 40 y en el 400. Únicamente la conexión con el origen –con el Uno– no está hecha aún. Si unimos la palabra muerte, mavet 40+400 con álef-1, tenemos la palabra emet 1-40-400, verdad. Solo aquí la muerte alcanza su sentido. Por esa razón, se llama al mundo de la muerte olam ha-emet, mundo de la verdad. El tiempo del 40 y el tiempo del 400, están unidos con el Uno. Pero si con la destrucción del segundo Templo la esfera B queda borrada, se nos priva de nuevo de una realidad; y una nueva realidad surge con la esfera C. Y de nuevo vemos el abismo entre lo que cuenta la palabra y lo que entendemos por “historia”, la historia de la esfera C. Lo que pasó hace 2000 años lo vemos en la línea discontinua, a la izquierda detrás de C. De nuevo, la visión de la historia no se corresponde con la palabra que viene a nosotros desde la esfera B. Cuando el tiempo arrastra una realidad, Dios la transporta en el arca, la tevá, la palabra, según el principio de Noé, al mundo más inferior. La palabra sigue conteniendo y contando la realidad B y también la realidad A; pero los escribas de la historia solo conocen la realidad C. La investigación científica “incorruptible” solo se ocupa de la esfera C. Anatomía, biología, historiografía, geografía; todos están profundizando únicamente en la esfera C. Como fueron de verdad los sucesos reflejados en la línea discontinua, a la izquierda de la esfera B, es imposible de averiguar desde la esfera C. Por ello la esfera B se remite simplemente a la “irrealidad”; se considera que los relatos contados allí son “solo” dichos, leyendas, mitos. Los cristianos se burlan de los "cuentos de los judíos" (de los profundos secretos que relata la hagadá). Se burlan y desprecian el Talmud y la tradición. Y la esfera A –enteramente incomprensible y fuera de alcance de la mente humana de ahora– se declara simple y llanamente que forma parte del reino del mito. Las esferas A y B, sin embargo, continúan hacia la derecha. Aunque no se muestran como realidad exterior, están ciertamente presentes en el ser humano. Porque el ser humano ha descendido todos los escalones para llegar a este mundo inferior, al séptimo mundo, para vivir aquí en las condiciones más sórdidas, pesadas y opresivas posibles. Mientras vive el "ser humano" en este mundo inferior, vive también en todos los demás. Su verdadera historia es una historia vertical, no horizontal. La superficialidad ausente de entendimiento del lado oculto de la dualidad, de la palabra, concluye linealmente y hace cálculos del tiempo, de los días, de la entrada al séptimo día, del Shabat, y no imagina que vive y se desplaza entre ellos. No sabe de qué se trata vivir en el tiempo y cómo toda la Torá y todos sus personajes y palabras pueden o no vivir dentro de su ser y escribir y reescribir una y otra vez todas sus vidas y genéticas. Puede haber estudiado la letra de la Torá toda su vida y aún así NO sabe todavía qué es la Torá. Es pretencioso y sus únicas alternativas de escogencia de vida las clasifica entre secularismo y religiosidad. Eso sí... Siempre muy empoderado en descalificaciones y afirmaciones dogmáticas, pues ni siquiera sospecha que algo así como lo explicado aquí, pueda existir. El "ser humano" tiene sus raíces en las regiones de arriba. Fue predefinido en esta última creación. Cada mundo que pasa en su descenso, es el fundamento del siguiente. Y su descenso no es obstáculo para que siga viviendo en todos esos mundos, aunque su consciencia puede que esté atada ya a un mundo más bajo. Cada uno de esos siete mundos puede ser investigado, con su tiempo vertical correspondiente. Sin embargo, se notará que el "ser humano" –según las medidas de este tiempo– llega bastante tarde a los mundos inferiores... LLEGA BASTANTE TARDE. ¿Si entiende lo que esto significa? Es decir que aún no ha llegado. Por lo menos nosotros no hemos llegado (eso deduzco yo con todo lo que veo). No veo que la humanidad que se ve en apariencia con aspecto de hombre cumpla los requisitos de conexión y entendimiento que lo acredite como verdadero ser humano. No creo que haya nacido aún. ¿Acaso usted que descalifica en automático, sin profundas disertaciones, con arrogancia, que no explica, que tiene todas las respuestas lineales por anticipado, ya entendió? Sí... El verdadero ser humano existe desde antes de su creación, más concretamente desde el primer día de la creación, cuando Dios crea el cielo y la tierra. Y al mismo tiempo aquí no ha nacido. Igual sucede con los mundos inferiores. Los habitaron en primer lugar seres anteriores a los humanos, y solo poco a poco se dan las señales que anuncian la llegada del ser humano. Lea bien... Desde "antes" a esta creación ya existían mundos y seres que los habitaban. El ser humano comienza a tomar forma en la corporalidad más baja. Pero ya existía en lo alto. Usted en su pensamiento lineal no logra entender el concepto. Por todavía no ha nacido (en su concepción de tiempo que lo define ahora) y pertenece (pertenecemos) a estos mundos inferiores. En algún momento a pesar de estarse en mundos inferiores, aún así se sigue viviendo en un mundo más alto, “anterior”, hasta la irrupción de la catástrofe, haflagá, la destrucción del Templo o como se quiera llamar a ese cataclismo. Solo entonces se desciendió aún a los mundos sucesivos, más bajos. Es así que desde entonces y en un primer lugar no se tiene interés por las formas de manifestación de su misma vida; no obstante su vida está aún demasiado atada a las formas de su origen (si es que usted pertenece a dicho origen). Y así poco a poco nos fuimos acostumbrándose a ese mundo muy bajo, hasta llegar a creer que es nuestro mundo, y vamos asumiendo que es nuestro hogar. Se comienza entonces a buscar el origen de nuestra historia en el tiempo de este mundo inferior. Y así llegamos a identificar nuestra apariencia exterior con nuestro Ser. Aquí comienza la moderna biología o anatomía; ciencias como la astronomía, anatomía o antropología son ciencias sin vida. La astrología no es científica, porque se basa en una realidad en la que el contacto con el sol, la luna y las estrellas son de cualidades diferentes. La teología ejerce de la misma forma. Va acostumbrándose a someter las consideraciones y el análisis de la Biblia al criterio de las impresiones temporales de este mundo inferior. Y el "ser humano" siente cómo el torrente del tiempo le arrastra y llama a ese movimiento “desarrollo”. Hoy día se ve una de sus peores versiones denominada "Progresismo". No hay nada nuevo bajo el sol... La degeneración ya se ha visto antes. Y cada vez más se siente como en casa en esta realidad. Y bajo la impresión de ese “más y más”, no puede ya ni imaginarse –con razón– que, por ejemplo, el hombre de Pekín (hablo de aquellos fósiles de Pekín que dejan suponer que hace un millón de años hayan vivido allí seres humanos con un esqueleto correspondiente), decimos que no puede ya ni imaginarse que aquella gente haya estado más cerca de Dios que él. Es impensable para él que su predecesor del Neandertal haya podido leer la Biblia o los Salmos, o que haya contado el Midrash a los suyos. Así, de esta manera, se va agotando el flujo de agua viva que −solo él− es garante de la auténtica comprensión. ¿No ha llevado el ser humano la Biblia consigo, desde otras esferas, desde la Torá Atzilut, que tiene su origen en el mundo de Atzilut, en la sombra de Dios? Hay un lenguaje simbólico y metafórico que debemos conocer y estudiar si queremos propiciar nuestro retorno. Pues la esencia y punto de partida está en el lenguaje y nuestras relaciones con el tiempo. Hace parte de nuestras raíces. Por ello comprender el calendario judío es parte fundamental del conocimiento. Todo tiene profundas e infinitas razones de ser. El día de Rosh HaShaná (la cabeza de año) es el año nuevo judío, no obstante acontece en el séptimo mes del calendario judío (1ro de Tishri). Se dice, que el ser humano, en ese día, come la cabeza del cordero. Sabrán que el momento de la creación cae bajo el signo de shor “toro o buey”. Tauro. También es la letra álef. El toro juega un papel muy importante en toda la historia, porque de hecho es el signo bajo el cual el mundo aparece. Esta aparición en el signo de Tauro dice que aquello que es el toro, es decir, uno de los cuatro fundamentos de los elementos del trono, es la manera en que el mundo se presenta. También la idea del toro que cornea juega un papel en la Biblia. Allí se dice que su dueño es responsable de los estragos que causa por sus escapadas. Debe ser dominado. Bajo la denominación del “toro corneando”, caen todas las catástrofes naturales, también las catástrofes en el ámbito personal. Alguien que no se domina a sí mismo, es alguien que no domina a su toro. Como ser humano debe asumir la responsabilidad de dominarlo. Si... El Toro es más que un toro en el lenguaje arquetípico bíblico. Es una de las dos bestias que rigen el mundo. El leviatan en el agua (el tiempo) y el behemot (el toro, el mundo terrenal, el animal). El "ser humano" aparece en el punto culminante de su desarrollo. Recibe el mundo como regalo: tómalo, así es. Y puede decirse que es responsabilidad del ser humano llegar al mundo como salvador, dar la vuelta a todo el asunto y devolverlo a casa. No para que diga: “lo he recibido, (el mundo, el toro) estupendo, ¿cómo puedo disfrutarlo?” Porque cada paso en esta dirección significa que su toro se escapa. ¿Se acuerdan de la historia bíblica del "becerro de oro" en el desierto? No hay posible concesión en este punto. “Sí, pero es normal que escape, le pasa a todo el mundo”. Eso dicen todos. Entonces soy yo el único que no participa de esta normalidad. Significa que para el verdadero ser humano no hay otro camino que el regreso a casa, dar la vuelta de inmediato. Percátese bien de la frase... "para el ser humano". Solo el ser humano regresa a casa. Si usted no regresa, si usted adora el becerro, entonces usted no desea ser humano. Usted no desea regresar. El toro lo domina. Usted es idolatra del toro... Del mundo. Le gusta este mundo del desarrollo y todos sus paradigmas de confusión. El retorno le pertenece solo al ser humano. Solo por este motivo viene al mundo. Pero también vienen millones de demonios con apariencia humana. Y es un gran riesgo y una aventura importante, ese encargo del ser humano, porque no tiene por qué regresar. A este respecto, tiene completa libertad y responsabilidad. Todo está decidido de antemano, salvo su comportamiento en este punto. Cómo esta libertad y responsabilidad se concretarán en los acontecimientos sucesivos es un misterio, de momento. Porque por un lado existe una curiosa relación entre los sucesos y su comportamiento, mientras que por otro lado debemos decir: los sucesos están asegurados desde siempre. Es algo imposible de deshacer. Es inútil intentar deshacerlo mediante el camino de la causalidad, porque irá mal. Es un cálculo equivocado, un callejón sin salida. Quizás se acordarán de una conversación entre el lado masculino y el femenino de Dios. ¿No queremos que venga el ser humano? Esa era la discusión en el "cielo" sobre la oposición a la creación del ser humano. Vendrá, pero es una aventura espantosa, y un gran pánico se instala hasta en las regiones más altas. No es que Dios diga: “Conozco el juego y todo el desarrollo bastante bien, mientras que el ser humano lo desconoce. Ciertamente en primer lugar protestará, pero al final regresará a casa sano y salvo”. No... Dios no está diciendo que todo está bajo control. Tampoco dice que no hay nada de qué preocuparse. No dice que todo es un diseño perfecto en el resultado final acorde a una mecánica predefinida infalible. Así todo sería solo una obra de teatro escenificada con todo controlado. Nosotros podríamos acaso sacar estas conclusiones causales, pero no es así. Es un momento de la mayor oscuridad y de intensa desesperación. En los relatos bíblicos hay muchas historias desesperadas de incertidumbre en donde se expresa en ese momento de total abandono: Todo ha desaparecido, ¿cómo podré seguir? Nada ya concuerda. Si concordara podríamos decir: “Las cosas van mal en el mundo, pero en el fondo es mejor”. Y en el nuevo testamento también se dan narrativas iguales. Pero entonces por qué la pregunta ¿por qué me has abandonado? Sería un juego, una obra de teatro, para tomarse una taza de té después. Pero no es así. Es un drama que se desarrolla hasta sus últimas consecuencias, involucrando al creador. El ser humano recorre su camino y el mundo se pierde, solo queda destruirlo. Siempre estamos ante esta dualidad, que no tiene denominador común, es decir, la destrucción del mundo, y a pesar de ello saber que regresará a casa. ¿Cómo se sostiene eso? Si el mundo finalmente llega a casa ¿por qué entonces este miedo? Porque el miedo, de hecho, está. Y el regreso a casa es algo que está tan lejos que dirás “He oído algo, pero no lo vivo, no es para mí. Tengo miedo al futuro y no estoy tan seguro como aparento”. Esta es la famosa dualidad en el ser humano de la que se viene hablando. Y esta aventura –si puede llamarse así– es la expresión del comienzo; del comienzo de ese toro que cornea y causa estragos, que puede llegar a matar. Si el toro se escapa usted es el responsable. No puede decir que no lo sabía. Una vez quizás, pero no habrá segunda vez. En esta segunda y decisiva fase usted sabe perfectamente que usted es capaz de dominarlo. Y que debe dominarlo, que ese es el sentido de todo. Si usted dice que no importa cómo usted viva, que puede hacer lo que se le antoje mientras que mantengas su discernimiento, entonces estará usted cometiendo uno de los mayores crímenes del pensamiento. Es falso creer que se pueda vivir con teorías y opiniones. Decir “comprendo bastante bien, pero el mundo me es muy necesario. No puedo vivir de otra forma”, es uno de los mayores pecados de la idolatría. Conlleva el peligro de que se busquen excusas: por ese motivo o ese otro, puedo hacer lo que me apetezca... Tristemente es lo que hace todo el mundo. Y se suele citar un versículo o un capítulo que lo permiten, obviando todos los demás que lo prohíben. Se olvida que se trata de un gran conjunto y no de una cuestión de poder o no poder. La Biblia no es un libro de recetas que enumera lo que se puede o no se puede hacer. La Biblia dice cómo están las cosas. Pero nos gusta dar citas, asegurando: “Tengo libertad y puedo hacerlo todo”. Sí, es cierto, pero aceptando las consecuencias que traigan sus actos. Y lo que se ve siempre es que el "ser humano" siempre busca excusas para escapar, pretextos tontos, porque sabe perfectamente que está arrinconando u olvidando algo. En su interior sabe si no obra bien. Independientemente de toda opinión o revelación, lo sabe. Cada "ser humano", ahora mismo –hoy– está ante el panorama siguiente: vivo en un mundo que se está moviendo con una velocidad tremenda. Pero he llegado a un punto en que debo mirar –contra corriente, por así decir– al otro lado, para devolver todo a casa, cambiando de dirección. Es un viraje brusco. Y debo hacer este viraje de inmediato, sin demora, hoy y no mañana. Porque cada día se sucede la creación. No hay “mañana”; es una excusa nada más, un pretexto. Pero decimos: “No tengo tiempo hoy, tengo que hacer otras cosas urgentes, mañana lo haré”. Ese pues es el aspecto del shor, de ese toro. Frente a este panorama está esta otra noción, que existe desde antes de la creación, es decir, la noción del cordero, del cordero masculino, del talé. La palabra talé, indica de hecho una especie de sorpresa inesperada, que pone el secreto más cerca. No es necesario que comprendamos todo; aquí, por así decir, entra otro programa. Es otro software. Otro chip. Es la historia del áyil, también “carnero”, que juega un papel también en el caso de la akedá, de la atadura de Isaac. En ese relato se habla del camino que Abraham hace con su hijo Isaac, es decir, con su futuro; y que aparentemente está en flagrante contradicción con la promesa de Dios, de que ese hijo heredará el mundo, es decir, que vivirá aquí en el futuro, para siempre. Abraham dice: “No parecen ser verdad las palabras de Dios, porque he experimentado en la vida que todo envejece y al final se muere”. ¿Dónde pues queda la promesa? Es pura contradicción. Dios dice: “No tengas miedo del futuro. Todo irá bien. Te prometo que poseerás este mundo de aquí eternamente. No puede desaparecer y, de hecho, no lo hará”. Y, sin embargo, Abraham ve que está caminando hacia la muerte. La tradición dice que satanás, en su camino hacia Moriá, tiene una conversación con él. Porque Dios dice: “Vete. Solo hay que ir, ya comprenderás. Todo el mundo comprende al final”. ¿Es esto acaso un camino de fe? ¿Es así de simple entenderlo? Definitivamente NO es así de simple entenderlo. Y satanás obstaculiza el camino de Isaac diciendo: “Yo no iría, porque algo no concuerda. No tiene lógica. Es esto o aquello, las dos cosas a la vez no son posibles. Es imposible morir y, al mismo tiempo, vivir eternamente. Tú mismo ves que no puede ser”. En todo lugar donde satanás aparece, señala pruebas según la percepción sensorial. La prueba auténtica ha desaparecido. Si esperas cien años, las personas de hoy habrán desaparecido. Y aquellas de hace cien años, están olvidadas. No se sabe ya ni sus nombres. Todo desaparece y mientras vives, te haces cada vez más consciente de esta verdad. Y satanás dice: “Tú mismo ves que el futuro no es posible. Por tanto, disfruta de esta vida. Disfruta de lo que está a tu alcance. No sigas el camino que has emprendido”. Usted se burla con la palabra satanás; y sin embargo ni siquiera se da cuenta que es usted mismo quien pronuncia estas palabras. La historia sigue contando que satanás, al ver que todos sus argumentos no dan resultado, interviene con varios golpes de mano para evitar que Isaac siga. Cierra el camino, lo bloquea, lo desvía. Y si llega a cierto punto en el monte Moriá, la palabra Moriá tiene que ver con horá, que significa “enseñar, instruir” y también con Torá, es decir, cuando llega al punto de la instrucción, del conocimiento de Dios– la desesperación y el pánico alcanzan su punto culminante. Porque no hay salida. Satanás sabe de verdad cómo dar muerte. Mata a Isaac, al hijo prometido, porque debe morir. Y ahora la cosa se pone difícil. Texto Completo https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2023/03/23/salvacion-y-dualidad-6/ David Saportas Liévano davidsaportasl@yahoo.com