La perversa obsesión por ser ‘perfectos’
Sobre este episodio
Para muchas personas, vivir en una ciudad pequeña, en una población intermedia, es un motivo de insatisfacción. Sienten como si la vida las hubiera castigado al ponerlas en ese rincón específico del mundo. Nací y vivo en Tandil, un hermoso paraje con poco menos de 120.000 habitantes, que está rodeado por hermosas sierras y distante solo 170 kilómetros del océano Atlántico . ¿Prefieres escuchar esta nota? No es, ni mucho menos, el lugar perfecto . Hay graves problemas como el cualquier parte, hay pobreza y desigualdad social, hay carencia de educación de calidad y de oportunidades. Sin embargo, es una bella ciudad, con gente amable y trabajadora, con costumbres y tradiciones de las que nos enorgullecemos y con atractivos turísticos cargados de historia y de rica cultura . Es uno de esos lugares en los que, todavía, se puede vivir con relativa tranquilidad. Uno en el que es posible conocer por su nombre a los vecinos, al vendedor de diarios, al panadero. Uno en el que las distancias son cortas y, gracias a eso, la calidad de vida de sus habitantes es superior a la de quienes viven en las grandes y congestionadas urbes . Uno en el que tus hijos pueden crecer libres.