El pasado no es una condena de por vida
Sobre este episodio
Un día, las sombras se disiparon y pude ver la luz del sol. Durante años, mi vida transcurrió como si sobre mí, de manera permanente, se hubiera posado una pesada nube gris: estaba entre sombras y no podía disfrutar del brillo de la naturaleza, de otras personas, el mío propio. Sin embargo, un día desaparecieron para siempre y pude comenzar a vivir de una manera que no había soñado. ¿Prefieres escuchar esta nota? El gran mal de la sociedad moderna es que nos convencen de que estamos atados a un destino. Es decir, desde antes de que llegues a este mundo, ya hay un plan preestablecido para ti, uno que, para colmo, no puedes cambiar . Esa, amigo mío, ¡es una gran mentira! Nadie nació para el fracaso, como tampoco nadie nació predestinado para el éxito: cada uno hace camino al andar, ¡su camino! Como te lo conté en unas notas anteriores ( La bendición de asumir las riendas de tu vida y Tú eres el arquitecto (el protagonista) de tu propia vida ), desperdicié tiempo valioso de mi vida, los mejores años de mi juventud, convencido de que tenía la vida perfecta . Y un día, uno cualquiera, todo se derrumbó y descubrí que vivía inmerso en una fantasía de felicidad que era una mentira.