Elegidos, no electores
Sobre este episodio
En esta ocasión reparamos en la libertad de Dios para llamarnos, y convencernos de que somos dignos de esa llamada. En efecto, suele ocurrir que no nos reunimos alrededor de su Palabra los mejores según el mundo. Pero así ha sido siempre. Y para dar fruto que florezca en el mundo: hay demasiadas palabras que dañan, demasiadas mentiras… el mundo nos necesita, aunque nos cueste creerlo.