¿Por qué la prudencia como excusa para no crear nada propio te cuesta más de lo que crees?
Sobre este episodio
La prudencia como excusa para no crear nada propio es uno de esos obstáculos que resultan especialmente difíciles de ver, precisamente porque se disfrazan muy bien de responsabilidad, de madurez y de sentido común. No te hablo del miedo en bruto ni de la pereza, esos se reconocen con relativa facilidad. Te hablo de algo bastante más sofisticado: la lista de condiciones razonables que siempre tiene algo pendiente, el argumento sólido que aparece justo cuando estabas a punto de dar el paso. Hay una diferencia muy concreta entre la prudencia que te ayuda a decidir mejor y la que te paraliza indefinidamente mientras el tiempo pasa, y reconocerla es más difícil de lo que parece porque las dos suenan igual desde dentro. Si alguna vez te has dicho que empezarás cuando tengas más claro el formato, más tiempo de calidad, más respaldo técnico o simplemente cuando el momento sea el adecuado, este episodio es para ti. Sigue leyendo porque lo que viene a continuación puede que te quite una excusa que llevas tiempo sin reconocer como tal. La prudencia como excusa para no crear nada propio: el obstáculo que nadie reconoce porque suena demasiado bien Hay obstáculos que se ven de lejos y hay obstáculos que no se ven precisamente porque tienen muy buena cara. El miedo en bruto se reconoce, la pereza también, pero esto es distinto y bastante más difícil de detectar. Hablo de la lista de condiciones razonables que siempre tiene algo pendiente, del argumento sólido que aparece cuando estabas a punto de dar el paso. Cada punto por separado es perfectamente defendible, el problema es lo que producen juntos: que el año pasa y nada cambia. Cuando la preparación no tiene fecha de llegada, no es preparación, es espera con muy buena presentación. La prudencia como excusa para no crear nada propio tiene esa apariencia: impecable por fuera, paralizante por dentro. Lo más caro de todo es que se paga en años sin que nadie lo registre como pérdida, ni siquiera uno mismo. La diferencia entre quien avanza y quien no casi nunca está en el conocimiento, está en decidir que lo que ya tiene es suficiente para empezar. Hay una frase que lo dice con una honestidad que incomoda si te la tomas en serio, que es exactamente lo que quiero que hagas. La frase que distingue la prudencia real de la excusa perfecta Hay frases que consuelan y hay frases que confrontan, y la de hoy es claramente de las segundas. No va contra la gente imprudente ni contra la gente desorganizada, va contra la gente responsable, contra quienes piensan antes de actuar y no se lanzan sin calcular. Lo que les dice es incómodo: que incluso esa forma de proceder puede convertirse en una trampa. Porque llega un punto en que la preparación deja de ser una herramienta para decidir mejor, y se convierte en el motivo permanente para no decidir. “Si esperas a tenerlo todo preparado, seguirás preparando excusas con apariencia de prudencia.” Léela otra vez, despacio, porque dice exactamente lo que dice. La prudencia real tiene una fecha de llegada, un punto concreto en el que dirás “ahora sí”, condiciones que se pueden cumplir. La excusa con apariencia de prudencia no tiene ese punto, siempre genera una condición nueva en cuanto se cumple la anterior. Si llevas tiempo cumpliendo condiciones sin que nada cambie, lo más probable es que no sea prudencia lo que te está frenando. La historia de hoy lo demuestra mejor que cualquier argumento. La historia de Remedios y los tres años que pasaron sin que nada cambiara Remedios tiene 53 años y lleva casi veinticinco trabajando como logopeda, evaluando y tratando dificultades del lenguaje en personas de todas las edades. Desde niños con retrasos del habla hasta adultos que recuperan la voz después de un ictus, desde profesionales que necesitan mejorar su expresión oral hasta personas mayores con problemas de deglución. Remedios Lleva veinticinco años trabajando con algo tan fundamental como la capacidad de una persona para comunicarse, para hacerse entender, para decir lo que siente y lo que necesita. Todo ese conocimiento, construido caso a caso durante dos décadas y media, vive casi exclusivamente dentro de las cuatro paredes de su gabinete. Si un día ella para, ese conocimiento para con ella. Una idea clara que llevaba demasiado tiempo esperando condiciones Hace tres años, Remedios empezó a darle vueltas a una idea: escribir sobre los errores más frecuentes en la estimulación del lenguaje en niños pequeños. Dar criterio a familias que no saben cuándo preocuparse y cuándo no, explicar por qué algunas cosas que hacen con la mejor intención pueden no estar ayudando tanto como creen. Era una idea con sentido, con demanda real, que ella estaba perfectamente capacitada para desarrollar. Durante tres años no pasó de ser una idea. La lista de cosas que preparar antes de empezar Remedios no era una persona paralizada por el miedo, era exactamente lo contrario: seria, responsable, muy consciente de lo que implica hablar en público sobre salud infantil. Esa seriedad se fue convirtiendo poco a poco en una lista de condiciones previas: primero entender mejor las plataformas digitales, luego tener claro el formato exacto, después revisar el respaldo científico más reciente. Siempre faltaba algo antes de dar el siguiente paso. Cada argumento era perfectamente defendible, el problema era el resultado: tres años después seguía exactamente en el mismo punto. La pregunta que no tenía buena respuesta Una tarde, revisando sus notas después de una sesión densa, Remedios se dio cuenta de que llevaba años explicando lo mismo a distintas familias, respondiendo siempre las mismas preguntas. Pensó con una claridad que no esperaba: —” Si ya sé lo que voy a decir, si lo he explicado cientos de veces y siempre funciona, ¿qué estoy esperando exactamente?” Como la respuesta que obtuvo no fue buena, y eso fue suficiente para ella. Empezar con lo que ya tenía desde el principio Empezó ese mismo mes, sin esperar el formato perfecto, sin haber resuelto todas las dudas técnicas, sin el tiempo ideal. Con exactamente lo mismo que había tenido tres años antes: veinticinco años de experiencia, mucho criterio y la respuesta a preguntas que muchas familias se estaban haciendo solas. Lo primero que escribió fue una explicación concreta sobre cuándo un retraso en el habla necesita evaluación profesional y cuándo puede ser una variación normal del desarrollo. Algo que respondía a la pregunta que más le hacían, que ella respondía de memoria porque llevaba años respondiéndola. El primer contacto que llegó de donde no podía haber llegado antes A los cinco meses, una familia de otra ciudad encontró uno de sus textos y le escribió pidiendo orientación sobre una situación concreta. Remedios respondió, de esa conversación salió una consulta online, la primera con alguien que no podía haber llegado a ella por ninguna otra vía. No fue un ingreso transformador, fue la prueba de que su conocimiento podía ser útil para alguien a quien las circunstancias geográficas le impedían acceder a ella de otra manera. Eso cambió algo en la forma de ver lo que había construido durante veinticinco años. ¿Que puedes aprender tú de la historia de Remedios? Lo que tú puedes aprender de Remedios es que una idea no mejora por dejarla reposar tres años, llega igual de buena o igual de incompleta que el primer día, y lo que tenías claro hace tres años lo sigues teniendo claro hoy. La experiencia acumulada ya es suficiente para empezar, no necesita más capas de preparación para tener valor real, porque el valor no está en lo que te falta por aprender, está en lo que llevas años sabiendo. Nadie que te encuentra online sabe lo que te falta, solo ve lo que has publicado, y si lo que has publicado le resulta útil, te escribe, como le ocurrió a Remedios a los cinco meses de haber empezado. El resultado no llega de donde esperas ni en el momento en que lo esperas, llega de alguien que te encuentra porque estás ahí, en un sitio concreto, con algo concreto que decir, y eso solo ocurre cuando publicas algo. El obstáculo real es siempre menor que el que construyes mientras esperas, y eso es algo que no puedes saber desde fuera, solo lo descubres cuando dejas de esperar y empiezas a hacer. La prudencia como excusa para no crear nada propio tiene una solución muy concreta: ponerse una fecha, cumplirla y ajustar después lo que haga falta, no antes, porque antes siempre habrá algo más que preparar si te lo permites. La pregunta que te dejo es la misma que cambió algo en Remedios: si ya sabes lo que quieres decir, si llevas tiempo sabiéndolo, ¿qué estás esperando exactamente? Da el primer paso conmigo Al haber llegado hasta aquí ya dice algo muy importante de ti: que no estás dispuesto a seguir dejando pasar el tiempo con una idea que llevas demasiado tiempo posponiendo. No necesitas tenerlo todo claro para dar el siguiente paso, ni hacerlo perfecto desde el principio. Lo que necesitas es tener a alguien que te escuche de verdad, que entienda tu situación real y que te acompañe a ordenar las ideas para que puedas moverte con claridad. Hablo contigo en una reunión 1 a 1, sin prisas, sin presión y con toda la cercanía que merece una decisión importante. Lo veo contigo y te acompaño para que descubras cuál es el camino camino que tiene sentido para tu vida real. Reserva tu reunión 1 a 1 conmigo: 📆 emarketersocial.info/calendario ¡Un abrazote 🤗! Toni Herrera 🎩 eMarketerSocial LVM This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit toniherrera.substack.com