Hacer balance del año antes de que termine te enseña lo que llevas meses repitiendo sin hacer
Sobre este episodio
Hacer balance del año antes de que termine no tiene nada que ver con repasar facturas, objetivos de enero o la lista de propósitos que abandonaste en febrero. Tiene que ver con una pregunta mucho más incómoda, la que casi todo el mundo esquiva. Casi todo el mundo lleva meses con algo guardado en la estantería del fondo, una idea o un proyecto que sigue ahí, esperando, y sabe perfectamente qué es. Lo difícil nunca es averiguarlo, es mirarlo de frente. La buena noticia es que hacer balance del año antes de que termine no exige tiempo nuevo ni ganas especiales. Hacen falta media hora de honestidad, una hoja en blanco y la decisión de dejar de repetirte que ya habrá un momento mejor. Quedan dos meses de año, y son suficientes para cambiar el rumbo de lo que viene. Quien aprende a hacer balance del año antes de que termine llega a diciembre con la tarea hecha, no con otra promesa para enero. Lee hasta el final, porque la pregunta de este post no se responde a medias, y es probable que ya sepas cuál es tu respuesta. Hacer balance del año antes de que termine empieza por mirar lo que repites, no lo que logras Hacer balance del año antes de que termine suele hacerse al revés, repasando solo lo que salió bien, cuando lo que más enseña es lo que se repite mes tras mes sin que nadie lo cuestione. Una tienda de barrio no cierra el ejercicio mirando lo que se vendió bien, lo cierra abriendo el almacén y contando lo que lleva tiempo parado, porque ahí está el dinero que no se mueve. Con tu propio año ocurre igual, y por eso hacer balance del año antes de que termine no consiste en ponerte un examen, consiste en abrir el almacén y mirar con calma qué lleva demasiado tiempo sin salir. Casi nadie lo hace porque da pereza y porque no hay una fecha que lo exija, y revisar objetivos antes de que acabe el año queda siempre para enero, mientras que las facturas y las revisiones del coche sí la tienen. Esa pereza tiene nombre, y la frase de este episodio la pone en una de esas preguntas para hacer balance personal del año que conviene leer despacio para hacer balance del año antes de que termine con criterio. La pregunta incómoda con la que empieza noviembre Hay preguntas que se contestan en un segundo y otras que se esquivan durante años, y las segundas suelen ser las que más información guardan. La frase de hoy pertenece a las segundas, y llega justo cuando toca hacer balance del año antes de que termine , así que no está pensada para leerse deprisa. Léela una vez en voz baja y otra en voz alta, porque no suena igual cuando la oyes: «Noviembre empieza con una pregunta incómoda: qué parte de tu futuro sigues dejando para cuando tengas más tiempo.» Lo primero que llama la atención es la palabra incómoda, porque no dice difícil ni complicada, y eso significa que la respuesta ya la tienes, solo que no te apetece verla. Lo más sutil está al final, en eso de para cuando tengas más tiempo, porque el tiempo libre no aparece solo, se hace hueco, y quien espera a tenerlo suele esperar mucho más de lo previsto. Para ver cómo funciona de verdad hacer balance del año antes de que termine , conviene conocer a un enólogo que llevaba décadas haciendo el de todos menos el suyo. Aurelio, el enólogo de Valdepeñas que nunca abrió una página para él Aurelio tiene 58 años, vive en Valdepeñas y es enólogo en una cooperativa de vino, un trabajo en el que alguien responde de que lo que sale por la puerta de la bodega esté a la altura. Su historia no habla de un cambio brusco de vida, habla de un hombre muy riguroso con lo ajeno que aprendió a hacer balance del año antes de que termine aplicando ese rigor a lo suyo. Treinta y cuatro años cerrando las cuentas de la cosecha Cada año, al terminar la vendimia, Aurelio apuntaba en un libro grueso de tapas negras cuánta uva había entrado y cuánto vino había salido, un balance exacto que nadie le pedía revisar dos veces. Su propio año, en cambio, no tenía libro ni cuentas, y si alguien le hubiera preguntado qué había hecho por sí mismo, habría respondido con un encogimiento de hombros. Nunca se le había ocurrido que hacer balance del año antes de que termine también podía aplicarse a él, porque el libro de bodega era para el vino y no para las personas. Una idea guardada que esperaba a que pasara la vendimia En las bodas y en las comidas con amigos se repetía siempre la misma escena, alguien le tendía la carta de vinos con cara de apuro y le decía, tú que sabes, pide tú. Aurelio veía a gente capaz y con criterio paralizada ante una lista de nombres, eligiendo el segundo más barato por miedo a quedar mal. Pensaba que aquello se podía enseñar en un rato, sin latines ni palabras raras, pero siempre se respondía lo mismo, cuando pase la vendimia lo hago. Cuando pasaba la vendimia llegaban las fiestas, y la idea volvía a quedar en espera, con las dudas de siempre detrás, yo no sé de ordenadores y quién soy yo para enseñar a pedir vino. Así pasaron cuatro años sin un solo rato dedicado a hacer balance del año antes de que termine , porque las campañas se cerraban siempre y esa idea no tenía fecha de cierre. El comentario de Anselmo con una copa en la mano Al cerrar la última vendimia, un socio veterano llamado Anselmo se le acercó con una copa en la mano y le dijo, Aurelio, tú sabes de esto más que nadie en la comarca y te lo vas a llevar contigo sin que se entere ni el gato. El se rio, como se ríe uno de un comentario que le ha dado en el sitio exacto, pero esa noche, en casa, la frase no lo dejó tranquilo. Aurelio se sentó a la mesa de la cocina con el libro de bodega, buscó una página sin estrenar y decidió hacer balance del año antes de que termine, el suyo, por primera vez. Una raya por el medio que lo dejó sin excusas Trazó una raya de arriba abajo, y a la izquierda anotó lo que había hecho ese año, que ocupó casi media página sin esfuerzo. A la derecha escribió lo que había dejado para cuando tuviera más tiempo en este ejercicio de hacer balance del año antes de que termine , y ahí solo cupo una línea, enseñar a pedir vino sin miedo. Por curiosidad pasó las hojas hacia atrás y en el libro de hacía cuatro cosechas encontró la misma idea con las mismas palabras. Comprendió que había hecho cuatro veces el balance de la cosecha y ninguna el de lo que más le importaba, y entonces el balance dejó de ser un trámite y se volvió una conversación consigo mismo. Un taller, un micrófono mudo y una lista de espera Al día siguiente no montó nada enorme, solo dio el primer paso tras hacer balance del año antes de que termine , escribió a seis amigos y les propuso una videollamada gratuita de una hora para aprender a pedir vino sin pasar apuros. Al terminar, una de ellas, Marisol, le dijo que aquello había que repetirlo y que esta vez cobrando. Así nació Pedir vino sin miedo, un taller de cuatro sesiones en directo por videollamada, con un máximo de diez personas, pensado para quien se queda mudo ante una carta. En la segunda sesión el micrófono se quedó sin sonido y Aurelio habló diez minutos ante diez personas que solamente lo veían mover la boca como un pez, hasta que alguien le avisó por el chat. Estuvo a punto de dejarlo, pero esa misma noche abrió el libro de bodega y escribió una línea para la sesión siguiente, comprobar el micrófono antes de empezar. Hoy hay lista de espera para la segunda edición, y lo que más ha cambiado es el libro, porque tras hacer balance del año antes de que termine , a la derecha de la raya ya no queda una línea que se repita año tras año. Lo que enseña Aurelio a quien quiere cerrar el año con la tarea hecha Aurelio no necesitó tiempo nuevo, necesitó un cierre, y esa es la primera clave para hacer balance del año antes de que termine , porque un cierre se hace en una tarde y el tiempo libre no llega solo. La columna de lo pendiente tenía una sola línea, y suele pasar así, lo que se deja para cuando haya tiempo casi nunca son diez cosas, y quien tiene delante la suya ya sabe cuál es, antes incluso de planificar el año que viene con un proyecto propio . El dato que más duele y más aclara de h… This is a public episode. 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