El ego empuja donde el alma florece
Sobre este episodio
Cuando observamos un paisaje natural amplio: el mar, una montaña, un bosque,... Algo dentro de nosotros se remueve. No porque hayamos entendido algo con la mente, sino porque el ego se vuelve pequeño. No desaparece, pero se recoloca. Y en ese espacio más amplio, el alma puede volver a respirar. Recordamos que somos parte de algo mayor, que no necesitamos controlar tanto, que no todo depende de nosotros. Escuchar al alma requiere silencio. Y el silencio hoy es casi un acto revolucionario. En ese espacio, el ego pierde fuerza, porque no puede alimentarse del ruido.