Leon Tolstoi: El hueso de la ciruela (Cuentos para niños)
Sobre este episodio
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Esther_Garcia_Ariadna jamendo.com Una madre compró ciruelas para darlas de postre a sus hijos. Las frutas estaban en un plato. Vania nunca las había comido y no hacía más que olerlas. Le gustaron mucho su color y su aroma y sintió deseos de probarlas. Todo el tiempo andaba rondando las ciruelas. Y cuando quedó solo en la habitación, no pudo contenerse, tomó una y la comió. Antes del almuerzo la madre contó las ciruelas y vio que faltaba una. Se lo dijo al padre. Durante el almuerzo, el padre preguntó: -Díganme, hijitos, ¿no han comido ninguno de ustedes una ciruela? -No -contestaron todos. Vania se puso rojo como la grana y dijo también: -Yo tampoco lo he hecho. Entonces el padre dijo: -Uno de ustedes ha sido, y eso no está bien. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que las ciruelas tienen huesos, y si alguien no sabe comerlas y se traga uno, se muere al día siguiente, eso es lo que temo. Vania se puso pálido y dijo: -El hueso lo arrojé por la ventana. Todos se echaron a reír, pero Vania estalló en sollozos