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Leon Tolstoi: El pajarito (Cuentos para niños)

· 4 min

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Sobre este episodio

Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Esther_Garcia_Feelings_Change_Memories_Don_t jamendo.com Era el día del santo de Seriozha, y le hicieron muchos regalos: peonzas, caballitos, cromos,…Pero el mejor regalo se lo hizo a Seriozha su tío: una trampa para cazar pájaros. Era una trampa muy ingeniosa: consistía en una red sujeta a un marco de madera, en el que encajaba una tablilla. El marco con la red se levantaba, se echaba alpiste sobre la tablilla, y cuando un pajarito se posaba en ella, la red caía y lo atrapaba. Seriozha se alegró mucho y corrió a enseñar la trampa a su madre. Esta le dijo: - No me gusta ese juguete. ¿Qué falta pueden hacerte los pájaros? ¿Por qué has de martirizarlos? - Los meteré en una jaula. Ellos cantarán. Y yo les daré de comer. Tomó Seriozha un puñado de alpiste, lo esparció en la tablilla y puso la trampa en el jardín. El chico esperaba a que acudieran los pájaros. Pero los pájaros le tenían miedo y no volaban a la trampa. Seriozha se fue a comer y dejó la trampa en el jardín. Después de la comida se acercó, vio que la red había caído y que bajo ella se debatía un pajarito. Muy contento, Seriozha atrapó el pajarito y lo llevó a la casa. - ¡Mira, mamá, he cazado un pajarito! ¡Seguro que es un ruiseñor! ¡Cómo le late el corazón! La madre le dijo: - Es un pardillo. No lo martirices. Lo mejor que podrías hacer es soltarlo. - No, le daré de comer y de beber. Seriozha metió el pajarito en la jaula y dos días seguidos le echó alpiste, le puso agua y le limpió la jaula. Pero al tercer día se olvidó de cambiarle el agua. La madre le dijo: - ¿Ves? Te has olvidado de tu pajarito. Suéltalo. - No. No me olvidaré más; ahora le cambiaré el agua y le limpiaré la jaula. Seriozha metió la mano en la jaula para limpiarla, pero el pajarito se asustó y se golpeó contra los alambres. Seriozha limpió la jaula y fue por agua. La madre vio que se había olvidado de cerrar la jaula y le gritó: - ¡Seriozha, cierra la jaula que el pajarito puede escaparse y se matará! Antes de que hubiera acabado de decir esto, el pajarito encontró la puerta, se alegró, extendió sus alitas y cruzó volando la habitación hacia la ventana, pero no vio el cristal, se golpeó contra él y cayó sobre el poyo. Seriozha se acercó corriendo, tomó el pajarito y lo llevó a la jaula. El pajarito estaba vivoi todavía, pero yacía sobre la pechuga, extendidas las alitas, y respiraba fatigosamente. Seriozha lo miró y rompió a llorar. - ¡Mamá! ¿qué voy a hacer ahora? - Ahora ya no se puede hacer nada. Seriozha no se apartó en todo el día de la jaula y miraba todo el tiempo al pajarito, pero este seguía yaciendo sobre la pechuga y repiraba entrecortadamente. Cuando Seriozha se acostó, el pajarito vivía aún. Seriozha estuvo largo rato sin poder dormirse; cada vez que cerraba los ojos se imaginaba al pajarito tendido sobre la pechuga y respirando con dificultad. Por la mañana, cuando Seriozha se acercó a al jaula, vio que el pajarito yacía de espaldas, con las patitas agarrotadas, y estaba ya yerto. Desde entonces, Seriozha no ha vuelto a cazar pajaritos.

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