Juan José Millás: Cuento de navidad
Sobre este episodio
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Michael_Logozar_Linger jamendo.com Un día por estas fechas llegó a casa de algún modo inexplicable un jamón. Su presencia produjo en la familia un choque emocional indescriptible. Parecía una pata incorrupta más que un fiambre. Lo colgamos del techo de la despensa y cada poco íbamos a adorarlo en su soledad dramática. Mi madre no se explicaba cómo debía partirse y de qué grosor debían ser las lonchas, asegurando que en la profundidad de aquella carne oscura permanecía enterrado un hueso que serviría para hacer caldo. Pero si le preguntábamos cuándo comenzaríamos a comérnoslo, ella decía indefectiblemente: "cuando tengamos un cuchillo de cortar jamón" No creáis que sirve cualquiera. Habíamos aceptado que aquel cuchillo específico debía aparecer de un modo extraordinario o sobrenatural en nuestras vidas y esperábamos su advenimiento con ansiedad religiosa. Entretanto, por mi casa pasaban cada tarde amigos del colegio que venían a ver el jamón. Los recuerdo entrando en la vivienda sobrecogidos por lo que les habíamos contado, pero cuando abríamos la despensa y aparecía colgado del techo aquel resto porcino cubierto de grasa dorada y melancólica, la gente no llegaba a caer de rodillas pero casi. Y cuando mis padres tenían visita, después de haberles dado de merendar un café con galletas revenidas, mi madre se disculpaba por no haberles ofrecido un poco de jamón: "es que no tenemos cuchillo -añadía a modo de disculpa-". Como quiera que las visitas pusieran un gesto de escepticismo, ella iba a la despensa y volvía con el fiambre en brazos mostrándolo con el mismo orgullo que si se tratara de un hijo que hubiera terminado empresariales. A los pocos meses, comenzaron a salirle gusanos de lo más hondo, pues quizá estaba mal curado, y no tuvimos la oportunidad te contemplar el milagro del hueso. En lugar de tirarlo a la basura lo enterramos en el patio de atrás, como si hubiera fallecido y hasta hace muy poco siempre que pasábamos por delante de su tumba derramábamos unas lágrimas. Felices pascuas. De Articuentos completos