Programa 322.
Sobre este episodio
Con sumo placer, la humanidad retoza sin ningún tipo de remordimiento en un lodazal lleno de pecados que nosotros mismos hemos creado. Puede que suene a algún tipo de predicador que intenta salvar la parte de tu alma que todavía puede aferrarse a la salvación, pero no, no estoy refiriéndome a esos diez preceptos escritos sobre piedra. Estamos corrompidos por males más mundanos a los que solemos recurrir a diario para alimentar nuestro ego: la soberbia, la mentira, la envidia, la supremacía... Son solo una parte de la máscara que utilizamos para ocultar miedos y complejos. No nos conformamos simplemente con vivir nuestra vida; nos gusta sentirnos dioses y necesitamos imponer nuestro criterio y nuestro sentido a todo, incluso a aquello que va más allá de nuestra comprensión. Y es ahí donde damos rienda suelta a la fe, no como religión, sino como arrogancia, llegando hasta tal punto que ya no buscamos respuestas a lo que desconocemos; buscamos preguntas para las que ya hemos reservado algunas profecías. Descendamos del Parnaso. Volvamos al andén de esta estación en la que, una vez más, abrimos las puertas de esta vieja locomotora para llevarte a La Próxima Estación. Soltamos frenos.