Familia y escuela
Sobre este episodio
La pareja familia/escuela está condenada a entenderse dado su carácter esencial y prioritario en la educación de las personas. En el momento que aparece cierto desequilibrio en las competencias educativas de una u otra, se lanzan flechas de desconfianza, o bien, que una u otra trasladan sus dosis de culpabilidad; es entonces, cuando la labor educacional pierde todo el grandioso efecto de educar íntegramente a la persona. La tarea educativa de la escuela no puede ser eficaz sin la colaboración de la familia. Cuando un educador orienta, sanciona o corrige no lo hace porque sí, no se inventa una situación conflictiva por capricho. “Si al que amas no aconsejas, le detestas” decía no sé quién hace no sé cuántos años. Y es verdad. Está claro que los educadores cometemos errores, nos equivocamos. También los padres nos podemos equivocar. Para eso está el diálogo. Para eso está el análisis riguroso de lo que ha sucedido. Y, si fuera necesario, pedir las consiguientes disculpas si ha habido un error. Nadie pierde autoridad por pedir perdón.