Ezequiel 10 "La gloria de Dios abandona el templo"
Sobre este episodio
La santidad de Dios es la perfección absoluta de Su carácter, que lo separa radicalmente de todo pecado, impureza y corrupción. Es el eje que define todo lo que Él es: justo, puro, glorioso y completamente distinto a la creación caída. Su santidad no puede tolerar el mal, y por eso exige justicia, pero también es la fuente de su majestad y fidelidad. La santidad de Dios no nos deja, sino que nos transforma y nos llama a vivir apartados para Él, reflejando su carácter en la comunión con Él.