La consagración de la ciudad (Nehemías 12:27-47)
Sobre este episodio
Al continuar nuestro recorrido por el libro de Nehemías, llegamos a uno de los acontecimientos más hermosos de toda esta historia. Después de tantos días de trabajo, después de enfrentar la oposición de los enemigos, después de superar las dificultades internas y de contemplar la extraordinaria misericordia de Dios, finalmente encontramos al pueblo de Jerusalén reunido para celebrar la dedicación de los muros de la ciudad. Durante los capítulos anteriores hemos observado cómo Nehemías dirigió la reconstrucción de aquellas murallas que durante muchos años habían permanecido destruidas. También hemos considerado la manera en que el pueblo volvió a escuchar la ley de Dios, reconoció sus pecados, confesó la justicia de Jehová y asumió solemnemente el compromiso de caminar conforme a sus mandamientos. Posteriormente, en el capítulo once, vimos que la ciudad restaurada necesitaba habitantes comprometidos, hombres y mujeres dispuestos a establecer sus hogares dentro de Jerusalén y a participar en las responsabilidades necesarias para su conservación. Ahora llegamos al capítulo doce, donde Nehemías registra los nombres de sacerdotes, levitas y porteros, recordándonos nuevamente que la obra de Dios requería personas fieles que asumieran responsabilidades concretas. Ya hemos considerado anteriormente la importancia de estos servidores, de manera que no será necesario detenernos extensamente en sus funciones. Sin embargo, conviene recordar que cada uno tenía una responsabilidad dentro del orden establecido por Dios, y que la fidelidad con que cumplían sus deberes contribuía al bienestar espiritual de toda la comunidad.