Salmo 37 B, No me abandones
Sobre este episodio
Salmo 37 B Mi corazón se agita, me abandonan las fuerzas, y me falta hasta la luz de los ojos. Mis amigos y compañeros permanecen ajenos a mi dolencia, mis familiares se mantienen a distancia. Me tienden trampas los que quieren matarme, los que desean mi desgracia me difaman, todo el día rumorean calumnias. Pero, como un sordo, no oigo, como mudo, no abro la boca; soy como uno que no oye ni tiene réplica en su boca. Yo espero en ti, Señor, tú me escucharás, Señor Dios mío. Me dije: Que no se rían a mi costa quienes se insolentan contra mí cuando vacilen mis pasos. ¡A punto estuve de caer mientras perduraba mi pena! Sí, yo confieso mi culpa, me duele mi pecado. Mis enemigos mortales son poderosos, son muchos mis enemigos traidores. Los que me devuelven mal por bien y me atacan cuando procuro el bien. No me abandones, Señor, Dios mío, no te alejes de mí; ven pronto a socorrerme, Señor mío, mi salvación.