Marina Caballero nos ayuda a gestionar la rabia, el odio y la frustración
Sobre este episodio
Sentir rabia, ira o enfado forma parte de la vida y no siempre es algo negativo. Marina Caballero nos ha explicado que estas emociones pueden servir para detectar límites, protegernos y reaccionar ante situaciones injustas, pero también pueden acabar dañándonos cuando se mantienen en el tiempo o se utilizan para destruir a otra persona. El enfado también puede ser útil Caballero ha defendido que el enfado cumple una función. Puede ayudarnos a reconocer cuándo alguien está sobrepasando nuestros límites, cuándo no nos sentimos respetados o cuándo necesitamos reaccionar ante una situación. “El enfado es bueno cuando lo utilizas para hacer algo provechoso”, ha señalado. El problema aparece cuando se convierte en un deseo de hacer daño a otra persona o incluso a uno mismo. Decidir desde la calma Las emociones pueden servir como una señal de alarma, pero Caballero ha recomendado no tomar decisiones importantes mientras la rabia está en su punto más alto. Según ha explicado, hay situaciones que no pueden cambiarse por mucho que una persona se enfade. En esos momentos propone respirar, aceptar lo que está ocurriendo y tratar de decidir desde una posición más calmada. “El enfado es una ayuda, pero la decisión que tomas desde el enfado” puede generar después arrepentimiento, ha advertido. Poner límites antes de acumular rabia La especialista ha señalado que muchos conflictos crecen porque las personas no establecen sus límites a tiempo. Se van acumulando pequeñas molestias hasta que terminan convertidas en un enfado mucho mayor. Caballero apuesta por utilizar esa emoción para expresar con claridad qué está ocurriendo. Un ejemplo sencillo sería explicar a alguien que su impuntualidad constante genera malestar y pedir un cambio antes de que la situación se deteriore. Para ella, la clave está en poner límites de manera “contundente, firme pero amable”, evitando que la propia rabia termine dominando la relación. Cuando una relación se rompe La conversación también ha abordado el enfado que puede aparecer tras una separación, especialmente cuando existen sentimientos de traición, abandono o humillación. Caballero ha recordado que no es posible obligar a otra persona a cambiar, pero sí modificar la manera en la que uno afronta lo ocurrido. También ha señalado que las relaciones suelen ofrecer señales previas cuando dejan de funcionar: pérdida de respeto, escucha, cariño, presencia o comunicación. Aprender también a decir adiós Así como se da la bienvenida a nuevas relaciones y experiencias, Caballero considera necesario aprender a cerrar etapas. “También tenemos que aprender a decir adiós agradeciendo todo lo que he vivido”, ha explicado. La especialista ha compartido además su propia experiencia tras una separación a los 33 años y cómo, después de un periodo complicado, esa nueva etapa le ha permitido reconstruir su vida y cuidarse de otra manera. No convertir el dolor en una guerra El odio sostenido en el tiempo puede transformar una ruptura o un conflicto en una batalla permanente. Durante la entrevista se ha utilizado como referencia la película La guerra de los Rose, precisamente como ejemplo de una relación en la que el enfrentamiento acaba orientado hacia la destrucción del otro. Caballero ha planteado la necesidad de buscar otra lectura de esas experiencias y reconocer que, con el paso del tiempo, una situación dolorosa puede abrir también una nueva etapa. Cómo te hablas también importa Una parte fundamental de la gestión emocional está, según Caballero, en el diálogo interior. Ha recomendado evitar mensajes de culpa, castigo o destrucción hacia uno mismo y sustituirlos por una relación interna más amable. “Cómo te tratas tú a ti determina cómo te tratan los demás”, ha señalado. Preguntarse cuánto apoyo, cariño y fidelidad se ofrece uno mismo puede ayudar a dejar de entregar a otras personas el control absoluto sobre el propio estado emocional. Mandíbula apretada, tensión y dificultad para