Episode 546: 31 de Octubre del 2026 - Devoción matutina para adolescentes - ¨Aquí y ahora con Dios¨
Sobre este episodio
==================================================== SUSCRIBETE https://www.youtube.com/channel/UCNpffyr-7_zP1x1lS89ByaQ?sub_confirmation=1 ==================================================== DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2026 “AQUÍ Y AHORA CON DIOS” Narrado por: Mone Muñoz Desde: Buenos Aires, Argentina Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church 31 DE OCTUBRE DE 2026 MANOS PARA EL BIEN No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle. Proverbios 3:28 Suena la notificación, miro la mesa del desayuno y recuerdo el mensaje que dejé en visto desde anoche. Quisiera responder, prometer, ayudar, pero también sigo guardando para mí lo poco que tengo: tiempo, ánimo, paciencia, dinero, atención. En la escuela, en casa y hasta con mis amigos, aparece esa tensión entre lo que puedo dar y lo que me cuesta soltar. A veces pienso que ayudar es algo grande, algo que espera una ocasión especial, y entonces dejo pasar pequeñas oportunidades que Dios pone delante de mí. Pero el corazón se endurece cuando acostumbro decir “después” frente a la necesidad de alguien que está cerca. Proverbios 3:28 me habla con claridad: “No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle”. No me pide resolver todo el mundo, sino no negar el bien cuando sí está en mis manos. Dios ve mis recursos sencillos: una palabra, una merienda compartida, un cuaderno prestado, unos minutos para escuchar, una oración hecha en el momento. La fe no se prueba solo en decisiones grandes; también se nota cuando decido no postergar el amor. Jesús hizo el bien sin aplazarlo, y su ejemplo me llama a vivir despierto, atento a las necesidades reales de quienes me rodean. Hoy puedo pedirle al Señor manos dispuestas y un corazón sensible. Tal vez alguien necesite que le explique una tarea, que le ceda el asiento, que le escriba para animarlo, o que le entregue con alegría aquello que yo sí tengo. Si oro antes de salir, si miro a los demás con compasión y si obedezco sin aplazar el bien, mi día se vuelve un espacio para reflejar a Cristo. Dios no me pide lo que no tengo; me invita a usar con amor lo que sí puso en mis manos.