Episode 546: 31 de Octubre del 2026 - Devoción matutina para menores - ¨Dios en mi vida¨
Sobre este episodio
==================================================== SUSCRIBETE https://www.youtube.com/channel/UCNpffyr-7_zP1x1lS89ByaQ?sub_confirmation=1 ==================================================== DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2026 “DIOS EN MI VIDA” Narrado por: Tatania Daniela Desde: Juliaca, Perú Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church 31 DE OCTUBRE DE 2026 LA MESA DE LA ORACIÓN Y la paz de Dios... guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:7 Dejo la mochila junto a la silla y parece que todavía trae pegados los sonidos del día: el timbre de la escuela, una risa que me incomodó, una tarea difícil, una respuesta que no salió como quería. Sobre la mesa hay pan, un vaso de agua y un plato caliente. El vapor sube despacito, como si la casa me dijera: “Respira”. A veces me siento a comer, pero por dentro sigo corriendo. Quisiera contar todo, o tal vez no decir nada. Jesús no se asusta de eso. No tengo que llegar a la oración con frases perfectas ni con una cara feliz si no la tengo. Puedo acercarme a él con lo que pasó de verdad: mi alegría, mi vergüenza, mi enojo, mi cansancio y también mi deseo de hacer las cosas mejor. La promesa de Dios es que su paz puede guardar lo que sentimos y lo que pensamos en Cristo Jesús. Guardar no significa esconder. Es más como cuando alguien cuida una puerta con amor para que no entre el miedo a mandar en la casa. Jesús puede quedarse a la entrada de mi mente y de mi corazón, ayudándome a recordar que soy amado, que puedo pedir perdón, que puedo perdonar y que no estoy solo. Hoy, antes de comer, puedo hacer una oración pequeña y sincera. Tal vez así: “Jesús, gracias por este alimento. Te entrego lo que traigo de este día. Cuida mis pensamientos, calma mi corazón y ayúdame a hablar con bondad en esta mesa”. Después puedo practicar esa paz de una manera sencilla: escuchar sin interrumpir, dar las gracias, ayudar a recoger un plato o responder con suavidad. La oración no termina cuando abro los ojos; puede seguir en mis manos, en mi voz y en mi manera de tratar a mi familia. Entonces la mesa no es solo un lugar para llenar el estómago. También puede ser el lugar donde dejo la mochila por fuera y las preocupaciones en las manos de Jesús.