Enrique Dans (enriquedans.com) · 1.ª parte: parte de la introducción de su libro la escribió ChatGPT, y Horizon Worlds «es un videojuego glorificado» (reemisión)
Sobre este episodio
Reemisión de la entrevista emitida originalmente el lunes 5 de junio de 2023. Primera parte del programa, hasta la pausa. Carlos Puig Sagi-Vela entrevista a Enrique Dans —profesor, escritor y autor de uno de los blogs de tecnología más leídos en español, enriquedans.com— a propósito de su libro «Todo vuelve a cambiar: cómo la web3 revolucionará el mundo tal y como lo conocemos». Las opiniones, los juicios sobre empresas y los pronósticos son del invitado, no del programa, y nada de esto es una recomendación de inversión. DE QUÉ SE HABLÓ CÓMO NACIÓ EL LIBRO, Y EN CUÁNTO TIEMPO. «La génesis es muy sencilla: es un buen editor.» Su editor le vio dar una conferencia sobre la evolución hacia una nueva versión de la web y le dijo que eso daba para un libro. Dans se resistió —el anterior, «Viviendo en el futuro», lo había escrito a finales de 2019, justo antes de la pandemia—, pero cedió: «sabe cómo picarme». Lo escribió «en un mes escaso», porque lo tenía muy preparado. LA PARTE DEL LIBRO QUE ESCRIBIÓ CHATGPT, Y EL EXPERIMENTO QUE HIZO ANTES EN SU BLOG. Parte de la introducción no la escribió él, y lo dice en el propio libro. Lo cuenta con gracia: lo primero que descubrió al salir ChatGPT es que el modelo le conocía —«si llevas veinte años escribiendo todos los días como mínimo un artículo, suponer que ChatGPT se ha entrenado con algunos de tus artículos no es mucho suponer»—, y que podía pedirle que escribiera con su estilo. Resultado: «lo que hace es meter más subordinadas o subordinadas más largas, lo cual quiere decir que tiene un rollo que te mueres; pero bueno, soy profesor». Luego vino la prueba de verdad. La primera vez publicó un texto entero generado, sin avisar hasta el último párrafo, y los lectores lo cazaron: «faltan los enlaces». La segunda vez le pidió solo una parte, la retocó, le puso los enlaces «y no se dio cuenta nadie, absolutamente nadie». Eso mismo hizo en la introducción, con la versión 4, a la que tenía acceso por las pruebas que se ofrecieron a algunos académicos. El resto del libro, no: y lo aclara a propósito, «porque quiero que la gente se dé cuenta de que efectivamente esto es una posibilidad». POR QUÉ A LOS DIRECTIVOS LES CUESTA LA TECNOLOGÍA, Y NO ES PEREZA. Su diagnóstico es que el directivo espera cosas inmediatas o irreales, y sobre todo «no sabe exactamente qué pedir o cómo pedirlo»: según cómo formules la petición puede ser una hora de desarrollo o millones y años, «y muchas veces no se da cuenta de la diferencia». Su objetivo, dice, es que entienda lo justo de la tecnología «como para saber lo que se le puede y no se le puede pedir». Y suelta un apunte que vale para toda la conversación: «inteligencia artificial» no es en absoluto un término adecuado para describir lo que hace, y por eso hay quien se imagina un supercerebro que le va a resolver cualquier cosa. LA ANALOGÍA DEL EXCEL, QUE EXPLICA ESTO MEJOR QUE CUALQUIER GRÁFICO. Hubo un tiempo en que manejar una hoja de cálculo con destreza diferenciaba de verdad a la gente. «Entre lo que era hacer cuatro cuentas, que lo podía hacer cualquiera, y los que empezábamos a ponerle botoncitos y un poquito de programación, había una gran diferencia.» Y añade el final de la historia, que casi nadie cuenta: aquello acabó siendo una plaga de hojas de cálculo «que luego no había quien les metiese mano», auténticos sistemas legacy. Su conclusión: cada tecnología nueva separa a los primeros que le sacan partido del resto, y hoy eso pasa con la cadena de bloques, «mientras que otras personas están todavía en fase de lo cuálo». Y se ríe de sí mismo con el ejemplo de Harvard Graphics: dominaba el programa hasta el último truco y acabó haciendo su propio currículum con él, «que es aberrante y absurdo, pero me quedaba precioso». QUÉ ES LO IMPORTANTE DE LAS CRIPTOMONEDAS, SEGÚN ÉL. No el precio: la capacidad de redefinir el dinero, «que es una creación bastante llena de agujeros en este momento». Su crítica tiene dos patas. Una, la dependencia de una autoridad central: «es una vulnerabilidad clarísima que todos experimentamos cuando el banco central de turno le da por subir los tipos, por bajarlos, o por poco menos que pretender que la inflación es algo consustancial cuando no tiene por qué serlo». Y dos, el espectáculo del techo de deuda de Estados Unidos, recién cerrado esos días: si para pagar su deuda se imprime «una monedita de tres billones de dólares, pues menuda solución». Pero lo que de verdad le interesa es el paso siguiente: qué ocurre cuando tomas la cadena de bloques y la pones en cualquier parte, para que la confianza quede embebida en el sistema. POR QUÉ ES TAN CRÍTICO CON META, Y LA ACUSACIÓN ES SUYA. Sostiene que Facebook tenía una herramienta muy potente y la pervirtió «hasta el punto de violar o reinventar unilateralmente el contrato social». Lo explica con una comparación limpia: la publicidad de una valla, un periódico o la tele sabía muy poco de ti, solo podía suponer cosas por el barrio que pisabas o la hora a la que veías la televisión; después de Facebook se puede segmentar por género, preferencias sexuales, afinidad política o incluso por si estás malo. «Nos han robado la oportunidad de generar un contrato social en el que estemos de acuerdo con semejante nivel de espionaje.» Y va más allá: su acusación —suya, no del programa— es que esa información se ha usado para manipular elecciones y que la compañía calló sobre lo que estaba ocurriendo en Myanmar «porque estaban ganando mucho dinero». Su postura sobre regular, en cambio, es matizada: la tecnología en sí no se puede desinventar ni detener; lo que se persigue es el mal uso. HORIZON WORLDS NO ES UN METAVERSO, Y AQUÍ ESTÁ LA FRASE. Reconstruye la huida hacia delante: expulsados del ecosistema de Apple y sin poder seguir vigilando lo que el usuario hace en todas las apps de su iPhone, deciden montar su propia plataforma para poner ellos las reglas, la llaman Horizon Worlds, se cambian el nombre y empiezan a vender el metaverso por todas partes. «Pero es que eso no era un metaverso: Horizon Worlds es un videojuego. Un videojuego glorificado, un Second Life.» Un metaverso, dice, lo será cuando sea un conjunto de protocolos abiertos en el que cualquiera pueda poner lo que le dé la gana sin pedirle permiso a nadie más que a la ley. Diagnóstico del fracaso, con Carlos confesando que él también es uno de ellos: la mayoría de los usuarios que tuvo «hoy en día tienen el visor guardado en un cajón». Y LA ALTERNATIVA QUE SÍ LE PARECE INTERESANTE: DECENTRALAND. No porque haya triunfado —«no lo ha conseguido tampoco»—, sino por cómo está gobernada: todos los cambios dependen de sus usuarios, y los que se autentican con su monedero criptográfico «son ciudadanos, y como tales tienen derecho al voto y derecho a decidir» sobre precios y sobre un montón de cosas más. Lo que falta, admite, es que la gente lo vea como un sitio donde aventurarse con cualquier iniciativa. UN DETALLE QUE FECHA ESTE PROGRAMA SIN MIRAR EL CALENDARIO. Carlos cierra la primera parte diciendo que habrá que ver «qué encontramos después de la presentación de esta tarde de Apple». Esa tarde, 5 de junio de 2023, era el arranque de la WWDC en la que Apple presentó el Vision Pro. EL CRIPTOENIGMA Hoy consiste en saber quién es Do Kwon y por qué es un personaje relevante en el mundo cripto. Se resuelve al final del programa, pero solo si sois buenos y os quedáis con nosotros. ENLACES DEL INVITADO El blog de Enrique Dans: https://www.enriquedans.com Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.