Javier Pastor (Bit2Me): «yo puedo cruzar una frontera literalmente como voy vestido ahora mismo y llevarme todo mi patrimonio conmigo»
Sobre este episodio
Programa del lunes 19 de febrero de 2024, emitido en directo. Carlos Puig Sagi-Vela habla largo y tendido con Javier Pastor, director de Ventas, Comunicación y Formación de Bit2Me, el exchange español. Es una de las conversaciones más densas del archivo: historia del dinero, derechos de propiedad, ETF, CBDC y el ciclo de la deuda. Las cifras, las previsiones de precio y las opiniones son del invitado, no del programa, y nada de esto es una recomendación de inversión — él mismo lo dice en antena cuando le preguntan por el precio. UNA NOTA DE UNIDADES, UNA VEZ: cuando se habla de los «billones» que gestiona un fondo estadounidense, se usa en el sentido anglosajón (un billón de dólares = mil millones de millones, es decir, un trillion en inglés). Se deja como se dijo en antena. DE QUÉ SE HABLÓ CÓMO LLEGÓ AQUÍ, Y EL CAMINO ES MÁS RARO DE LO QUE PARECE. Oyó hablar de bitcoin por primera vez en 2012, en un viaje a Tailandia, después de haber leído de pasada un artículo sobre «el dinero mágico de internet» al que no prestó atención. Viviendo en Londres descubrió a Andreas Antonopoulos y se obsesionó: «vi todos los vídeos, todos los podcasts, todas las charlas». Le atrajo el enfoque social e histórico, el del dinero como tecnología con miles de años. Trabajaba entonces en algo que no tenía nada que ver —controladores DMX para mover las cabezas de iluminación en conciertos y teatros— y tenía un canal de YouTube divulgando cómo funcionaban esas consolas. Buscó en Google qué exchanges había en España, encontró Bit2Me y mandó un correo con su canal a los fundadores. «Lo vieron y dijeron: este chico tiene dotes de comunicación, sabe explicar cosas complejas de forma sencilla.» Y EL PRIMER TRABAJO NO FUE UN DESPACHO: FUE PUERTA FRÍA. Su primer encargo fue vender a pie de calle —estancos, tiendas de informática, locutorios— un servicio que permitía comprar cupones canjeables por bitcoin. «Estuvimos dos años pateándonos todas las ciudades de España; dimos 500 tiendas de alta.» El servicio ya no existe, dice con cariño, porque tocaba dinero en efectivo, «y el dinero en efectivo en este ecosistema sabemos todos que tiene cierta dificultad». Hoy está en la parte de OTC: compras a partir de 100.000 euros, persona a persona, explicando cómo custodiar. LA HISTORIA DE CÓMO NACIÓ BIT2ME, QUE ES UN GRAN RELATO DE EMPRENDIMIENTO. Leif Ferreira, hoy fundador y consejero delegado, y su socio Andrei venían de dos sitios distintos. Andrei compraba cajeros de bitcoin de 6.000 a 8.000 euros y los iba colocando por ciudades; cuenta Javier que se gastó en ello entre 200 y 300 bitcoins de entonces. Y Leif había hecho otra cosa: engancharse —«hackeó, en el buen sentido»— a la red de cajeros de Halcash, más de 10.000 en España, de forma que vendías tus bitcoins en Bit2Me, te llegaba un código al móvil y sacabas el efectivo en cualquier cajero. Cuando se conocieron, la cuenta era evidente: «este tío acaba de establecer una red de 10.000 cajeros y yo me estoy gastando 6.000, 7.000; vamos a asociarnos». En 2017-2018, en plena subida, un fondo les ofreció 600.000 euros por la empresa. Dijeron que no y reinvirtieron. DÓNDE ESTÁ LA EMPRESA HOY, CON SUS NÚMEROS Y SUS CICATRICES. De casi 300 empleados en 2021 a 120-130 tras el criptoinvierno, con ajustes de por medio. Registro obligatorio del Banco de España desde 2021. Y entre sus accionistas, Telefónica, el fondo Investcorp y Cardano, que entraron en la ronda del año anterior. Lo que reivindica, además del volumen, es el soporte telefónico «sobre todo para gente que no está familiarizada con esta tecnología y que busca trazabilidad y apoyo desde que envía su dinero, que tanto le cuesta ganar, a una plataforma de intermediación, con todo el ruido que hemos vivido en los últimos años». Que sean el número uno en España es afirmación suya. EL BLOQUE QUE JUSTIFICA LA HORA ENTERA: POR QUÉ BITCOIN REDEFINE LA PROPIEDAD. Enumera los activos que hay en el mercado —liquidez, renta fija, renta variable, inmuebles, metales, materias primas, fondos y ETF— y pregunta dónde encaja bitcoin. Su respuesta es que es, bien custodiado, inconfiscable. Y explica la diferencia con precisión: en el monedero no están tus bitcoins, están en la blockchain; lo que tú guardas son las claves —doce o veinticuatro palabras— que te permiten mover lo asociado a una dirección. «Si tú eres el custodio, eres el poseedor absoluto del activo.» Y el contraste, que es el párrafo para enmarcar: «si tengo un inmueble, necesito una escritura en el registro de la propiedad. Si tengo una cuenta bancaria, necesito que un banco me haya permitido firmar un documento. Si tengo un fondo, acciones o bonos, dependo de un tercero que custodie ese activo y que en un momento determinado, con las leyes en la mano, me permita disponer de él — o al Estado disponer de ello.» La filosofía de bitcoin, dice citando a Álvaro de María, son los derechos de propiedad: «yo tengo propiedad absoluta de un activo, y eso no había sucedido nunca». POR QUÉ, A SU JUICIO, ES SUPERIOR AL ORO — Y LO DICE TENIENDO AMIGOS EN EL METAL. Con el oro y la plata también eres poseedor absoluto, concede. La diferencia es la portabilidad y la divisibilidad: «yo puedo cruzar una frontera, irme a la otra punta del planeta, literalmente como voy vestido ahora mismo, y llevarme todo mi patrimonio conmigo». Y dividir oro es un problema; bitcoin «es como llevar un cofre digital en el que puedes hacer líquida una parte de tu propiedad en cualquier país del mundo, por la moneda local de cada lugar». Carlos pone las objeciones —que te lo permitan convertir, que se caiga internet— y la respuesta es honesta: «si se hunde internet tendremos otros problemas más graves». LA PARTE HISTÓRICA, QUE ES LO QUE MENOS SE OYE EN RADIO. Su marco son dos variables: el acceso a la información y la lógica de la violencia. Repasa cómo ambas cambiaron de golpe —la forja de metales en las polis griegas y en Roma, la escritura frente a la transmisión oral, la imprenta de Gutenberg y la difusión de ideas que trajo (Lutero, y después Maquiavelo, Hobbes, Bodino), y la pólvora, que acabó con mil años de murallas y castillos—. Y aterriza en el presente: internet cambió cómo nos conectamos y aprendemos, y ahora «el poder absoluto del Estado para ejercer la violencia se ve desafiado por una tecnología inconfiscable». Cita a Hobbes, capítulo 29 del Leviatán, sobre las causas de disolución del Estado, y lo sitúa en el siglo XVI; el Leviatán es de 1651, o sea del XVII. EL DIAGNÓSTICO MONETARIO, CON EL DATO QUE MÁS DUELE. Si llevas toda la vida levantándote para que te paguen en un dinero que por su naturaleza vale cada vez menos, dice, da vértigo que te digan que seguirá deteriorándose. Carlos trae la cifra de un siglo: lo que se compraba con un dólar hace cien años cuesta hoy cien veces más. Y Javier aporta la que afecta a quien tiene treinta años: en los últimos cuarenta años, sostiene, el desfase entre la renta disponible de quien se emancipa y el precio de la vivienda ha aumentado un 600 %. Su lectura no es que el inmueble se haya revalorizado: es que la unidad en la que lo medimos pierde valor. Las dos cifras son de los contertulios y así se dan. LOS ETF, Y AQUÍ NO HACE DE COMERCIAL. Aprobados en enero de 2024, un mes antes de este programa, por gestoras como BlackRock, Fidelity o WisdomTree. Cree que para el precio son positivos, pero dice sin rodeos que quien compra el ETF «comete el error básico de no entender para qué está bitcoin aquí, que es para no depender de un tercero que custodie tus activos». Y trae el precedente: la confiscación del oro en Estados Unidos en 1933, por la orden ejecutiva 6102 de Roosevelt. «¿Lo podremos volver a ver? ¿Por qué no? Si el gobierno tiene una emergencia nacional y decide utilizar esos bitcoin para financiarse, te los va a quitar, porque no los tienes tú: es un derivado.» Y su lectura de lo que están haciendo los fondos: atesorar, no especular. Según sus cifras, en los primeros veinticinco días de negociación acumularon una media de 200 millones de dólares al día, unos 160.000 bitcoins, contando los que vendía Grayscale, que tenía unos 630.000. «Son aspiradoras de bitcoin», comprando lo que vende el pequeño inversor. ¿LO CREÓ LA NSA? LA PREGUNTA CONSPIRATIVA, CONTESTADA CON TÉCNICA. Carlos le pone la teoría: que la NSA lo creó para acostumbrarnos al dinero digital y luego dar el cambiazo por las CBDC. Su respuesta: el SHA-256 sí es un diseño de la NSA publicado en 2001, «ahora, que las tecnologías que componen a bitcoin —que no solamente es el SHA-256, sino la prueba de trabajo, el árbol de Merkle— fueran de la NSA, a mí nadie me lo puede demostrar». Le parece mucho más lógico pensar en Hal Finney o en alguno de los desarrolladores de los primeros foros. Y remata con lo único que importa: «bitcoin al final es un documento de nueve páginas con unas reglas que todos tenemos que cumplir cuando usamos el protocolo, independientemente de quién lo haya escrito. Incluso aunque Satoshi Nakamoto saliese a la luz, ni él mismo podría cambiar el protocolo.» LAS CBDC, Y ES EL BLOQUE MÁS INCÓMODO DEL PROGRAMA. Los dos coinciden en el rechazo, y Carlos lo dice sin anestesia: le parecen «el mayor ataque a la libertad individual que ha habido en mucho tiempo». El análisis de Javier es más mecánico: hay una batalla entre el poder político y el poder financiero, porque hoy los depósitos de los ciudadanos son de los bancos comerciales, y una CBDC sería el banco central ofreciéndote la alternativa sin riesgo de contraparte — justo cuando salvar bancos se vuelve impagable (menciona los sustos de la banca regional estadounidense de aquellas semanas y, el año anterior, Silicon Valley Bank y First Republic). Lo que le parece verdaderamente grave es la programabilidad: que el dinero pueda llevar dentro en qué se puede gastar, con un radio geográfico o un criterio de consumo. Admite que suena distópico y orwelliano, y Carlos recuerda el sistema de crédito social chino. Su conclusión: «el dinero es una batería que traslada tu tiempo y tu energía a un contenedor para disfrutarlo después. En el momento en que te dicen que ese contenedor te lo puedes gastar en esto sí y en esto no, ¿de qué me está hablando usted?» EL CICLO DE LA DEUDA, Y LAS DOS LECTURAS QUE RECOMIENDA. Se apoya en «Principios para enfrentarse al nuevo orden mundial», de Ray Dalio: ciclos de expansión de la deuda, saturación y declive, con patrones que riman de España a los Países Bajos, al Reino Unido y a Estados Unidos. Su señal: cuando la expansión de la deuda deja de ser sana y la economía no crea productividad por cada euro prestado, «esa unidad de cuenta está empezando a dejar de hacer su función». Recomienda mirar las gráficas de la Reserva Federal desde 1950 y la página «WTF happened in 1971?», sobre la ruptura del patrón oro. Y repite lo que casi nadie dice en voz alta: «el dinero es deuda. Tú no estás pagando con dinero, es deuda.» Los otros factores de declive que enumera —liderazgo débil, conflictos internos y externos, crisis migratoria y demográfica— se resumen aquí sin sus juicios personales sobre dirigentes concretos; su conclusión es que el relevo de una moneda de reserva no pasa de la noche a la mañana, «esto puede ser diez, quince, veinte años», y que ojalá no llegue por un conflicto. Y SOBRE LOS BRICS, UNA IDEA FINA. No cree que una moneda estatal sustituya al dólar, «primero porque los países que se están alineando no tienen mucho en común» más allá de dominar materias primas, y entre ellos no se fían. Pero «utilizar un patrón neutral que les permita transaccionar grandes cantidades de materias primas tiene todo el sentido». Si un grupo de Estados aceptara bitcoin como patrón de intercambio, dice, «estamos en otro escenario; ¿puede llegar a ocurrir? Pues yo no veo por qué no». EL PRECIO, QUE ES LO QUE TODO EL MUNDO PREGUNTA, Y SU AVISO. Su tesis es la escasez absoluta: veintiún millones de unidades, y de las ya emitidas algunas se han perdido para siempre al perderse las claves, «es más que deflacionario». Y su explicación de por qué el precio no se mueve solo con el dinero que entra: se mueve con los bitcoins que hay en el margen a la venta, y desde abril los mineros emitirían la mitad por el halving. Su comparación: si en un barrio hay mil pisos y solo se vende uno a millón y medio, ese precio es la referencia; si se vendieran 980 a la vez, bajaría. Sobre la cifra, él mismo pone el freno antes de darla —«esto no es consejo de inversión»— y dice que a diez años lo ve por encima del millón de dólares. Es su previsión, no un pronóstico del programa, y nadie puede garantizarla. SU MENSAJE FINAL, QUE ES EL MEJOR POSIBLE. «Don't trust, verify»: que lo que ha dicho aquí se verifique. Recomienda a Andreas Antonopoulos, «Broken Money» de Lyn Alden, «El patrón Bitcoin» y «El patrón fiat» de Saifedean Ammous, y la academia gratuita de Bit2Me. EL CRIPTOENIGMA, RESUELTO Cuál es el coste promedio de una transacción en la red de Bitcoin. Respuesta del programa con los datos de aquel día, según BitInfoCharts y las últimas 24 horas: 5,46 dólares de coste promedio por transacción, con una transacción promedio de 1,14 bitcoins. Y el dato más útil, porque las grandes transacciones distorsionan la media: la mediana del coste era de 2,37 dólares y la transacción mediana, de 0,008 bitcoins. EL CRIPTOCONSEJO El mercado de criptomonedas es volátil y es tentador reaccionar a cada subida y a cada bajada. A menudo, mantener una estrategia a largo plazo y resistir el impulso de vender en pánico durante las caídas resulta mucho más rentable. 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