Stefano Angeli (Utoppia): «el mundo agéntico es como que el banquero vive en la cocina de tu casa»
Sobre este episodio
Stefano Angeli es fundador y consejero delegado de Utoppia, cofundador de F2O Sports y consejero de un banco tradicional en Estados Unidos. Argentino de familia italiana, hace diez años compró la licencia bancaria más pequeña de Argentina y con ella levantó REBA, uno de los primeros bancos digitales con licencia propia de Latinoamérica, que sigue funcionando. Después se mudó a California, pasó por la Graduate School of Business de Stanford y fundó Utoppia en 2021; hoy reside en Nueva York. Es graduado en Administración de Empresas por la Universidad Austral y ha cursado programas de educación ejecutiva en Harvard, San Andrés, Torcuato Di Tella e IAE Business School. En el criptotest se declara criptofan, con una definición que ordena todo lo demás: para él la cripto es «una tecnología, un medio para lograr otros fines» —poder ahorrar en la moneda que uno quiera, acceder a lo que los mercados de capitales no permiten y mover capital con más velocidad y transparencia—. No es maximalista, aunque Bitcoin es lo que más pesa en su cartera. QUÉ ES UTOPPIA, Y QUÉ PROBLEMA RESUELVE El origen está en algo que vio desde dentro de la banca argentina: la funcionalidad más exitosa de su banco digital era la compraventa de dólares, porque resolvía «la necesidad más humana» de poder ahorrar en una moneda dura. Al querer llevarlo a otros países se dio cuenta de que montar la operación en un segundo país costaba lo mismo que montarla una sola vez en Estados Unidos para el mundo entero. De ahí Utoppia, y de ahí el nombre: «la forma más utópica de ofrecer un servicio bancario al mundo». Lo que ofrece es que cualquier persona, sin ser residente estadounidense, abra una cuenta corriente a su nombre en Estados Unidos: un español lo hace con su pasaporte, su domicilio y su teléfono españoles, «en tres minutos», sin coste de apertura, sin coste de mantenimiento y sin saldo mínimo. La cuenta trae transferencias domésticas estadounidenses, SWIFT internacionales, tarjeta Visa internacional, una cuenta de inversión en un fondo monetario, pago de servicios en algunos países de Latinoamérica y transferencias instantáneas y gratuitas entre usuarios. En el momento de la entrevista estaban en 18 mercados más Estados Unidos —principales economías europeas y latinoamericanas, India y Oceanía— y a meses de superar los 50 países. El contraste que da con la alternativa anterior explica por qué esto importa: hasta ahora, quien lograba abrir una cuenta así era porque conocía a un banquero en alguna sucursal, y le pedían costes de apertura, de mantenimiento o un saldo mínimo «que superaba las decenas de miles de dólares». LA PARTE CRIPTO, CON SUS LÍMITES ACTUALES Conviene ser preciso con qué funcionaba ya y qué no en la fecha de la emisión, porque lo aclara él mismo. Lo que existía: desde la cuenta estadounidense se pueden convertir dólares a monedas estables y enviarlas a cualquier cartera, de uno o de un tercero. Lo que no: todavía no se podía mantener un saldo en monedas estables dentro de Utoppia, así que funcionaba como pasarela de entrada al mundo cripto, no como custodia. Y lo que estaba por llegar, a meses vista, era una cartera cripto completa integrada en la cuenta bancaria. Sobre esa cartera, Carlos hace la pregunta que toca —¿sería autocustodiada?— y la respuesta es clara y hay que publicarla igual de clara: no, sería «custodiada por nuestro proveedor de infraestructura cripto». Quien busque autocustodia debe saber que esto no lo es. QUIÉN INFORMA Y QUIÉN DECLARA: LA RESPUESTA SOBRE LA DAC8 Es la pregunta más pertinente del programa para un oyente español, y Carlos la hace directa: con la DAC8 entrando en vigor el 1 de enero de 2026, ¿tendrá Utoppia que ceder a las haciendas europeas información de saldos y movimientos de residentes fiscales europeos? La respuesta, en sus palabras: Utoppia es «una empresa fintech, no regulada por los reguladores bancarios, pero sí integrada a proveedores bancarios»; las cuentas se abren en un banco patrocinador estadounidense, la regulación recae sobre ese banco, y el banco les traslada a ellos los estándares de cumplimiento, antifraude y apertura de cuentas. «Nosotros no tenemos ninguna obligación directamente como Utoppia», y si el banco informa o no «es un tema que a nosotros nos excede». Dicho lo cual, hay una distinción que conviene no perder de vista, porque es fácil leer mal lo anterior: quién informa y quién declara son cosas distintas, y las obligaciones fiscales de un titular residente en España no dependen de que la entidad informe o deje de informar. Para cualquier caso concreto, eso se consulta con un asesor, no con una entrevista de radio. EL COLAPSO DE 2024, CONTADO POR QUIEN LO ATRAVESÓ Esta es la parte más instructiva de la hora y es historia reciente comprobable. Tras la caída de FTX, los reguladores estadounidenses se pusieron nerviosos con las fintech que ofrecían servicios bancarios y cripto a la vez, y apretaron por donde podían apretar, que son los bancos: o cripto o fiat. Eso tumbó a los intermediarios que conectaban fintechs con bancos. Synapse fue uno; Prime Trust, otro. El dato que lo hace concreto: Utoppia había anunciado públicamente su alianza con Synapse en octubre de 2022, así que no lo cuenta de oídas. Varias compañías competidoras tiraron la toalla —«conozco compañías que habían levantado rondas gigantes de capital y dijeron: no queremos operar más, devolvieron el capital»— y otras se quedaron con el dinero bloqueado. Utoppia hizo lo contrario: buscó un banco directo, sin intermediario, y volvió a lanzar. Su lectura de aquello es buena para cualquier emprendedor: la oportunidad hoy es mayor justamente porque hay menos jugadores, pero también porque la barrera ha subido —«los proveedores bancarios ni te abren la puerta a hablar si no tenés expertise bancario»—, y ahí su trayectoria de fundador y consejero de bancos regulados le dio la ventaja. La tesis con la que capitalizó la compañía: que el trabajo remoto internacional deje de ser minoritario. «Hoy, en una cena de diez personas, una o dos dicen que trabajan desde su país para una empresa de Estados Unidos o Europa; en diez años serán cinco.» Extrapolado, unos 900 millones de personas. LA BANCA AGÉNTICA, QUE ES EL CRIPTOENIGMA DEL DÍA Se plantea al principio —¿qué es la economía agéntica?— y se responde a lo largo de la entrevista, que es la mejor manera de resolverlo. Su razonamiento parte de una pregunta que se ha hecho tres veces en su carrera: cuál es el banco de la nueva plataforma. Hace diez años la respuesta fue un banco sin sucursales; luego, un banco global que diera acceso a Estados Unidos a quien no es estadounidense; luego, integrar lo cripto. Y ahora: ¿cuál es el banco de la era de la inteligencia artificial? Su conclusión es que no basta con añadir un chat a la aplicación móvil, porque eso sigue siendo pensar en móvil. Si la economía se vuelve agéntica —si los agentes de inteligencia artificial van a hacer transacciones por cuenta y orden de sus usuarios—, entonces hay que construir el producto financiero «no optimizado para el usuario final, sino optimizado para el agente». Y señala el orden histórico de estas transiciones: primero se transforma el comercio y detrás van los servicios financieros, como ocurrió con el comercio electrónico y la banca en línea. Lo que dice tener ya en producción es dar capacidades bancarias a agentes externos —ChatGPT, Claude, Copilot, Gemini— a través del Model Context Protocol, el estándar de integración entre agentes y herramientas externas. La imagen con la que lo explica es la mejor del programa, y es deliberadamente incómoda: hoy vas a una sucursal y el banquero sabe de ti lo que le has contado en esos minutos y lo que vea en tus movimientos; en el mundo agéntico «es como que el banquero vive en la cocina de tu casa», escucha las conversaciones de tu familia, te sigue cuando vas a trabajar y cuando vas a jugar al fútbol. «Imagínate cuánto mejor sería el servicio financiero de un agente que sabe cada cosa que haces en tu vida.» Carlos le devuelve justamente la otra cara: ¿y la privacidad? La respuesta es honesta y no tranquilizadora, porque no niega el problema sino que apuesta por cómo se resolverá de hecho. Lo explica con un concepto que dice haber acuñado él, «la confianza en el clic»: antes la confianza se construía sobre lo que se veía y se tocaba —una sucursal, un ladrillo—, y con la banca digital pasó a construirse al pulsar un botón y comprobar que ocurre lo que prometía. Su previsión es que lo mismo pasará con los agentes, porque «es tan alta la productividad que genera para el humano que la desconfianza va a durar poco». Y aporta un indicio: hace uno o dos años a estos sistemas se les preguntaba la temperatura o cuánta gente vive en un sitio; ahora se les pregunta «me quiero separar de mi mujer, dime cómo hago». «Cuando uno empieza a confiarle cosas personales y se las resuelve bien, lo transaccional pasa a ser menos importante que lo personal.» Conviene leerlo como lo que es: una tesis de negocio sobre cómo se comportará la gente, no una respuesta sobre qué protección tendrán sus datos. LA ÚLTIMA PREGUNTA Si tuviera que poner todo su patrimonio en un solo activo durante diez años sin poder tocarlo, ¿cuál sería? Bitcoin. Y da tres razones: que la tecnología crece con una curva más empinada que cualquier activo del mundo físico; que su propio ADN de emprendedor le da «el estómago» para asumir más riesgo y mirar a largo plazo —dice que no mira la cotización a diario—; y que Bitcoin ya ha demostrado solidez habiendo sido el primero, conservando la mayor capitalización y habiendo atravesado todas las tormentas del sector. Añade una previsión que hay que leer como tal: cita estudios que, por analogía con la evolución del oro y con cierto nivel de adopción, situarían un bitcoin en el millón de dólares, y dice comprar esa teoría. Es su opinión, expresada el 1 de diciembre de 2025, no un dato. Y cierra con lo que más le convence del activo: que no se sepa quién está detrás, porque al estar realmente descentralizado «nadie puede bloquearlo, ni un gobierno puede decirle a un propietario que frene esto». El criptoconsejo del día, repetido: cada uno compra bitcoin al precio que se merece. UNA PRECISIÓN SOBRE LA NATURALEZA DEL SERVICIO Porque en antena se habla de «todas las garantías del sistema bancario americano» y el matiz lo da el propio invitado unos minutos después: Utoppia no es un banco, es una empresa fintech que opera a través de bancos patrocinadores estadounidenses. Quien se plantee abrir una cuenta debería comprobar en las condiciones vigentes de la propia compañía qué entidad custodia los fondos en cada momento y en qué términos están cubiertos, porque ese proveedor ha cambiado al menos una vez —la propia entrevista cuenta por qué—. ENLACES DEL INVITADO Utoppia: https://utoppia.com Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.