Especial Silk Road: dos cadenas perpetuas por montar una web, y un indulto once años después (reemisión de 2025)
Sobre este episodio
Reemisión. Lo que se emite este día es el programa especial que Cryptocapital grabó el 17 de febrero de 2025, envuelto en un boletín de mercado nuevo. Conviene saberlo porque dentro el indulto a Ross Ulbricht se cuenta como algo recién ocurrido —«hace nada», «ha sido pocos días»— y el escándalo de la criptomoneda Libra se comenta como noticia fresca. Es, además, un programa excepcional: no hay invitado. «Hoy el entrevistador y el entrevistado voy a ser yo mismo», avisa Carlos Puig, y dedica la hora a dos cosas: presentarse él y contar entera la historia de Silk Road. LA PRIMERA MEDIA HORA: QUIÉN PRESENTA ESTE PROGRAMA Carlos Puig Sagi-Vela se somete al mismo guión que aplica a sus invitados, empezando por presentarse. Ingeniero industrial de formación, empezó en Andersen Consulting —hoy Accenture— y pasó por Ferrovial, Adeslas, Meta4 e Indra en ámbitos de tecnología, organización y recursos humanos. Como emprendedor da una cifra que no suele darse en voz alta: ha creado unas doce startups, «de las cuales nueve han fracasado totalmente y tres continúan adelante». Es profesor en escuelas de negocios, normalmente en programas MBA, en ICADE Business School y en The Valley Digital Business School; conferenciante; y autor de nueve libros, cuatro de ellos sobre LinkedIn, porque una de sus empresas es una agencia de marketing B2B especializada en esa red. Y presenta también su proyecto más reciente, cryptofinanzaslibres.com, con dos servicios concretos: acompañamiento uno a uno para entrar en el mundo cripto de forma anónima y segura, y creación de sociedades LLC on-chain para privacidad patrimonial. Declara sin rodeos en qué cree —la libertad individual, la superioridad del capitalismo sobre el socialismo y de la gestión privada sobre la pública, y que cada persona debe hacerse plenamente responsable de su vida— y añade la idea que más repite: «el aprendizaje sin acción es estéril», porque nunca se tienen todas las piezas en su sitio antes de empezar. Y cuenta algo personal: a los veinticuatro años, recién incorporado a su primer trabajo, tuvo un accidente de coche grave del que salió ileso de milagro, y del que asume toda la responsabilidad. «A los 24 años volví a nacer»: lo cuenta como la segunda oportunidad que organiza todo lo que ha hecho después. En el criptotest se declara criptofan, con un motivo preciso: las criptomonedas, y Bitcoin en particular, dan «por primera vez en la historia la oportunidad de ser plenamente propietarios de nuestros activos y de transmitirlos y conservarlos con total autonomía y privacidad». No es maximalista: considera Bitcoin superior como depósito de valor, pero sostiene que Ether o Solana resuelven cosas que Bitcoin no resuelve de forma óptima o no resuelve en absoluto, como los contratos inteligentes y las finanzas descentralizadas. Y es duro con los memecoins, en caliente: cita el de Trump, el de Melania y sobre todo Libra, la promovida por Javier Milei y de la que se retractó a los dos días, «una gran metedura de pata» que ha hecho «perder mucho dinero a mucha gente» y de la que anticipa denuncias. Su conclusión es la que enlaza con el resto del programa: los mitos sobre el mundo cripto tienen una base real, como se verá con Silk Road, pero no se puede reducir el sector a eso. LA HISTORIA DE ROSS ULBRICHT Y SILK ROAD Quién era. Ross William Ulbricht nació el 27 de marzo de 1984 en Austin, Texas. Llegó a Eagle Scout, el rango más alto de los Boy Scouts; se licenció en física por la Universidad de Texas en Dallas y cursó un máster en ciencia de materiales e ingeniería en la Universidad Estatal de Pensilvania. En la universidad fue tomando forma su ideario libertario, y el programa se detiene en una distinción que casi siempre se pasa por alto: libertarismo y liberalismo son primos hermanos, no lo mismo. El libertarismo propugna una intervención estatal prácticamente nula; el liberalismo admite que el gobierno regule y corrija los excesos del mercado. Antes de Silk Road intentó emprender con una empresa de libros usados y otra de inversión en mercados financieros, y ninguna funcionó. Qué fue Silk Road. Nació en febrero de 2011 en la web oscura, accesible solo con herramientas como Tor, y permitía comprar y vender de forma anónima pagando exclusivamente en bitcoin. El nombre remite a la Ruta de la Seda, la red de rutas que unía Oriente y Occidente. Ulbricht la gestionaba bajo el seudónimo Dread Pirate Roberts. Hay que situarse en la época: Bitcoin era un recién nacido y comprarlo o venderlo era difícil, lo que por sí solo limitaba quién podía usar aquella plataforma. El tamaño, con las cifras que se dan en antena. Al cerrarse en 2013 contaba con unos 900.000 usuarios registrados —en realidad 900.000 carteras de bitcoin—, más de un millón de transacciones y un volumen estimado por encima de los 9,5 millones de bitcoins. Esa última cifra pide la aclaración que el propio programa hace, y es importante: no son 9,5 millones de bitcoins distintos sobre un total de 21 millones, sino el mismo bitcoin rotando en muchas transacciones. Las ventas totales alcanzaron unos 183 millones de dólares en dos años de actividad, y las comisiones, unos 600.000 bitcoins. Para calibrarlo: el bitcoin cotizaba a 5 dólares en 2011, a 14 en 2012 y a 757 en 2013. Qué se vendía. Alrededor del 70 % eran drogas ilegales —estimulantes, psicodélicos, opioides y medicamentos con receta fuera del circuito legal—, y también documentos falsificados: pasaportes, documentos de identidad y carnés de conducir entre 200 y 500 dólares según el estado o el país de emisión. Había servicios de hackeo de cuentas y correos entre 100 y 500 dólares. Y al principio se vendían armas, con una pistola entre 1.500 y 2.000 dólares, hasta que la propia plataforma las prohibió, junto con la pornografía infantil, las tarjetas de crédito robadas y la contratación de sicarios: todo lo dirigido a dañar o defraudar a un tercero. El dilema moral, que el programa plantea sin resolverlo. Se formula con una analogía honesta: en Amazon puedes comprar un cuchillo, y si alguien lo usa para matar no se responsabiliza a Amazon. Pero se reconoce de inmediato el límite de esa comparación, porque Ulbricht sabía qué se movía mayoritariamente en su plataforma. Y se remite, para quien quiera tirar del hilo, a «CeroCeroCero», el libro del periodista italiano Roberto Saviano sobre cómo la cocaína domina el mundo y sobre ochenta años de políticas de represión del consumo que, según su tesis, han fracasado. Se cita expresamente como un punto de vista recomendable de leer, no como la postura del programa. Cómo cayó. El FBI, la DEA y el IRS investigaron la plataforma durante meses. Un agente de la DEA se hizo pasar por un narcotraficante puertorriqueño bajo el alias «Nob» y logró comunicación directa con Ulbricht. Pero el error decisivo fue de manual y lo comete todo el mundo: reutilizar el mismo alias en varias plataformas, lo que permitió enlazar su identidad real con Dread Pirate Roberts. El 1 de octubre de 2013, en la biblioteca pública de San Francisco, unos agentes de civil aprovecharon una distracción para apoderarse de su portátil antes de que pudiera cifrarlo o borrarlo. Dentro estaban los registros detallados de las operaciones. La condena. En febrero de 2015 fue declarado culpable de todos los cargos —conspiración para el tráfico de narcóticos, blanqueo de capitales y piratería informática— y el programa subraya el matiz: los cargos eran de conspiración, por haber creado y operado la plataforma en la que otros hacían esas cosas, no por haberlas ejecutado él personalmente. La pena fue doble cadena perpetua más cuarenta años, sin posibilidad de libertad condicional. Cumplió primero en el centro correccional metropolitano de Nueva York y luego en la penitenciaría de Tucson, en Arizona. Su madre, Lynn Ulbricht, encabezó desde el primer día una campaña —«Free Ross»— que sostuvo que la pena era desproporcionada para un delito no violento y sin antecedentes previos, y que fue ganando apoyos en los círculos libertarios y entre entusiastas de las criptomonedas, hasta convertirlo en un símbolo. Los bitcoins confiscados, con una precisión necesaria. En antena las dos grandes incautaciones vinculadas a Silk Road se cuentan como una sola, y conviene separarlas porque son casos distintos. Los 69.370 bitcoins fueron objeto de una demanda de decomiso presentada en noviembre de 2020: estaban en una cartera intacta desde 2013 y procedían de un hackeo a Silk Road; su tenedor, identificado solo como «Individual X», acabó entregándolos al gobierno a cambio de conservar el anonimato. Aparte de eso, en noviembre de 2021 se registró la casa de James Zhong —no «Thong»— en Gainesville, Georgia, y se le incautaron unos 50.676 bitcoins que había sustraído de Silk Road en septiembre de 2012; se declaró culpable de fraude electrónico en noviembre de 2022. Y la autorización para liquidar los bitcoins de Individual X llegó a finales de 2024, pero de un tribunal federal, no del Tribunal Supremo. Las magnitudes que se citan en el programa —del orden de 3.400 millones de dólares en el momento de la incautación y de 4.400 millones al autorizarse la venta— dan bien la escala. El desenlace. El 21 de enero de 2025, en el primer día completo de su nuevo mandato, Donald Trump concedió a Ross Ulbricht un indulto total e incondicional, cumpliendo una promesa de campaña. El comunicado presidencial lo presentó como un gesto en honor a la madre de Ulbricht y al movimiento libertario que le había apoyado, calificó la sentencia original de ridícula y criticó a los fiscales del caso. Ulbricht había pasado más de once años en prisión. En los días siguientes la campaña Free Ross recaudó más de 270.000 dólares en bitcoin para facilitarle la vuelta. LAS PREGUNTAS QUE SE DEJAN ABIERTAS El programa cierra convirtiendo la historia en un cuestionario, y pide expresamente la opinión de los oyentes a través de las redes de Capital Radio y del podcast. ¿Fue proporcional una doble cadena perpetua para un delito no violento? ¿Debería el gobierno controlar más redes como Tor para prevenir mercados ilegales, aun a costa de la privacidad de la inmensa mayoría de usuarios legítimos? ¿Qué le hizo Silk Road a la reputación de Bitcoin —le asoció al crimen organizado, pero también demostró que servía para mover valor a través de fronteras sin pasar por la banca—? ¿Es ético crear una plataforma de comercio anónimo sabiendo que habrá usos ilegales? Ninguna se responde: se dejan planteadas. EL CRIPTOENIGMA Antes de llamarla Silk Road, ¿qué nombre contempló Ulbricht para su mercado? «Underground Brokers», según sus diarios personales, reflejando la misma idea de un mercado anónimo y sin restricciones. Y el criptoconsejo del día, muy en la línea de la historia que se acaba de contar: para proteger tus inversiones en criptomonedas usa carteras seguras, y para el almacenamiento a largo plazo, carteras de hardware. ENLACES Al no haber invitado, no hay enlaces de invitado. El proyecto que se presenta en antena es https://www.cryptofinanzaslibres.com El libro que se recomienda sobre el tráfico de cocaína es «CeroCeroCero», de Roberto Saviano Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.