Cántaro y agua; corazón y Vida
Sobre este episodio
El evangelio de este III Domingo de cuaresma es verdaderamente impresionante. El diálogo de Jesús con la samaritana da para una cantidad inmensa de interpretaciones e interpelaciones. Yo me animo a compartir lo que me hace rezar a mí. Jesús irrumpe de dos maneras: pasa por Samaría (judíos y samaritanos se odiaban a muerte) y además entabla el diálogo con una mujer al lado del pozo. Esto es inaudito. Un judío hablando con un samaritano y encima… ¡mujer! Y además no son breves palabras sino que es todo un diálogo de abundantes palabras, porque va ser abundante la vida que va a traer aparejado. Entonces, una de las cosas de las que nos habla el texto de hoy es que el Dios que nos viene a traer Jesús no es un Dios que se pueda manipular o privatizar. Dios va más allá de toda frontera. Dios va más allá de todo prejuicio, de toda preferencia, de toda enemistad. Dios va más allá de samaritanos y judíos. Dios va más allá de cualquier religión. La divinidad es mucho más grande que nuestras propias conciencias y creencias para poder encasillarla. Dios no se deja atrapar en esquemas humanos para nuestro propio beneficio. Somos nosotros los que nos tenemos que dejar “atrapar” por ese amor de Dios que nunca va a cambiar a lo largo de todos los siglos. Y lo significativo es que la mujer carga un cántaro de agua para cargarlo en el pozo. Esto indica la necesidad de la mujer: está ansiosa por saciar su sed, quiere respuestas, está en la búsqueda de algo que no la haga ir siempre al mismo pozo para sacar siempre la misma agua. Y Jesús, que entabla un amable diálogo con ella, le descubre el rostro verdadero de Dios. Ya no le habla del agua del pozo, sino de la necesidad de sentido de un proyecto de vida que valga la pena ser vivido. De alguna manera le revela que la sed y el agua son necesidades vitales para la vida según el Espíritu. Y que es Él el único verdadero Dios y verdadero hombre que puede calmar definitivamente esa sed. Creo que el pozo es signo de nuestro corazón, de nuestro interior más profundo. Y el cántaro es el medio que tenemos de alcanzar respuestas. Y nos pasa como a la mujer que estamos cansados de ir siempre con el mismo cántaro al mismo pozo a buscar la misma agua. Muchos nos sentimos así. Y sentimos así a la religión. Y sentimos así la misa, la reconciliación, los sacramentos, las oraciones. Caemos en el ritualismo. Hacemos por cumplir, a veces sin saber, a un Dios que no existe. El evangelio de hoy nos habla de la posibilidad de conversión de corazón. Es decir, de ir más allá de lo que solemos hacer: cántaro, pozo y agua. Jesús nos descubre un Dios que Padre de todos los hombres y que es “Espíritu”, y que por tanto no se ata a la Ley, los Profetas, el Templo; los meros rituales, el hacer por hacer, el ir para cumplir. Muchas veces hablando con los jóvenes, les hago hacer el ejercicio de ir imaginariamente al “arcón de los recuerdos” y sacar de allí el traje o vestido de la Primera Comunión y les pido que se lo pongan. Todos, absolutamente todos tienen la misma respuesta: “Padre… no me entra”. Así es. Maduramos en todos los aspectos de la vida pero no maduramos en la fe. Seguimos pensando que Dios es un “papá bueno que nos ama”. ¡Y es cierto! ¡Pero es mucho más que eso! Nos pasa lo de la samaritana. Nos hemos cansado de ir con el mismo cántaro, al mismo pozo, en busca de la misma agua. Pero nos cambió la sed. Ahora tenemos sed de un sentido renovado de nuestra vida. Y esto solo lo podemos encontrar en hacer experiencia fuerte de encuentro con Jesús, que nos grita: “¡Soy Yo!” Por eso los invito a que podamos hacer este ejercicio de “darle una vuelta de tuerca más” a nuestra fe: entrar en intimidad con Jesús. Y entonces sí vamos a dejar atrás las antiguas prácticas que no llenan nuestra vida y vamos a hacer como la samaritana, que llena de alegría, deja el cántaro al lado del pozo y se olvida de él. Necesitamos cada vez con mayor urgencia en nuestro mundo de hoy, varones y mujeres que quieran hacer experiencia del amor incondicional de Dios que nos revela Jesús por la fuerza del Espíritu. Dejar manuales, libros, rituales caducos, la fe de la Primera Comunión, para adentrarme en el misterio de Aquel que es el agua verdadera y que me dice que si bebo nunca más tendré sed. Puedo seguir viviendo una vida chata, común y mediocre de fe, haciendo lo que sabía hacer. O puedo convertirme de corazón abriéndolo a la presencia salvadora de Jesús, haciendo experiencia de Él en la Palabra, los Sacramentos, la oración verdadera y desnuda de corazón a Corazón, los pobres y mis hermanos. Y saciar de una buena vez mi sed de vida eterna. Hermano y hermana, que tengas un lindo domingo y será si Dios quiere, hasta el próximo evangelio.