Día 23 | María cuando descubro cuánto soy amado
Sobre este episodio
Hay verdades que el corazón ya conoce pero todavía no ha aprendido a creer del todo. El amor de Dios es una de ellas. La hemos escuchado. La hemos leído. La hemos repetido en la oración. Pero conocer una verdad no siempre significa que haya descendido hasta lo más hondo del corazón. Porque el corazón tiene memoria. Memoria de heridas. De silencios. De momentos donde el amor no llegó como esperábamos. Y por eso, incluso quien ama profundamente a Dios, a veces vive con una voz callada por dentro: tengo que hacerlo bien, tengo que sostener esto, tengo que demostrar que valgo. Hoy el Señor se acerca a ese lugar. No para exigir más. Para recordar algo que sana: eres profundamente amado. No cuando finalmente seas perfecto. Ahora. En medio de tu historia real. “No temas, porque yo te he redimido; te he llamado por tu nombre: tú eres mío.” (Isaías 43,1) Dios no dice “tal vez”. No dice “cuando cambies”. Dice “eres mío”. Porque su amor no nace como respuesta a nuestra perfección. Se adelanta. Ama primero. Siempre ama primero.