La esperanza también tiene ojos pequeños
Sobre este episodio
A veces la maternidad no me ha pedido perfección, sino presencia. Y en medio de días difíciles, mi hija me recuerda que todavía hay belleza, gratitud y esperanza aquí mismo, en lo cotidiano. Mi Amalia tiene 20 meses y, mientras ella aprende a caminar, yo también estoy aprendiendo una nueva versión de mí. Una que se abraza con más amor, con más fe y con más compasión. No sé siempre qué viene después, pero sí sé esto: la esperanza también puede llegar en forma de una sonrisa pequeñita, unos pasos nuevos y unas manitas buscando las mías. 🤍