Salmo 42 "Agua viva"
Sobre este episodio
La sed es un mecanismo esencial de regulación del contenido de agua en el cuerpo y uno de los primeros síntomas de deshidratación. Según Wikipedia. Algunos síntomas de la deshidratación son: boca seca, fatiga o debilidad, irritabilidad, mareos, dolores de cabeza, sequedad de la piel. De la misma manera como lo dice este salmo nuestra alma también tiene sed en muchas ocasiones y podría estar deshidratada. Tomando la definición anterior de sed y los síntomas de deshidratación veamos algo importante en relación a nuestra alma. 1. Vida eterna: Jesús se encontró con una mujer que había fallado mucho "la samaritana" ella llego a sacar agua de un pozo para llevar a su casa. Su vida espiritual estaba deshidratada, seca por el pecado y fatigada por el sufrimiento, necesitaba del agua viva y la respuesta de Jesús fue hermosa: Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. Juan 4:14 Jesús es nuestra fuente de agua para vida eterna, así como está mujer nosotros necesitamos conocerlo más profundamente. Jesús conocía la vida de esta mujer en detalle y de la misma manera conoce la tuya. El ha visto tu sufrimiento, el conoce tus debilidades, pensamientos y pasado pero nunca lo usará para condenarte, El lo usará para sanarte, consolarte, perdonarte y darte vida eterna. 2. Su palabra escrita: Jesús prepara a la Iglesia para su regreso purificandola con su palabra. Efesios 5:26-27 dice: Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. Necesitamos la palabra de Dios cómo agua para que nos sacie, nos purifique, nos limpie, nos quite toda mancha, arruga y sequedad que tenga nuestra alma. Jesús vino a remover: orgullo, soberbia, altivez, egoísmo, temores, inseguridades que podamos ignorar o desconocer en nuestra vida. Cuando tú búsqueda por el aumenta y reconoces que tienes sed de su presencia El hará su parte. Oremos con el salmo 42