“El Perro Romel” no nació de un guión, nació del corazón.
Sobre este episodio
Jorge Emilio Ruiz Guevara no armó un personaje: entregó alegría. Esa misma honestidad lo ha mantenido de pie, década tras década, mientras el oficio mutaba a su alrededor. Hoy celebro a los niños, a los que fueron, a los que son, a los que vendrán y honro a quienes, como él, eligieron amar lo que hacen con una lealtad que no se improvisa. Porque el Perro Romel nunca fue un disfraz, fue, y sigue siendo, un corazón que decidió quedarse.