OPINIÓN: El tonto Pedro
Sobre este episodio
Siempre parado detrás del portón, tal vez oliendo nuestro miedo. Siempre pata al suelo, con ese grueso poncho azul que lo hacía ver más pequeño de lo que era, y su infaltable sombrero negro de fieltro. Ahí estaba, con su cara ancha y desdentada esperando vernos pasar para levantar sus brazos cortos y regordetes, para gritar con el mismo alarido del cerdo cuando va a ser sacrificado, y para regocijarse con una estruendosa carcajada al constatar que temblábamos de pavor. No había otro ca...