Lucha contra la tentación de defenderte
Sobre este episodio
3. Lucha Contra la Tentación de Defenderte La buena noticia es que no tienes nada que probar ni a nadie que impresionar. Gracias al Evangelio no debes probar nada, eres amado por Dios y eres acepto ante el Dios de toda la creación, y no es por algo que hayas hecho o puedas llegar a hacer. Todo es gracias a Jesús y Su sacrificio. Y si no debes probarte delante del Dios del universo, ten por seguro que no debes probarle nada a nadie. Se nos olvida esto cuando nos sentimos en la necesidad de defendernos todo el tiempo. También, a causa de nuestro orgullo, olvidamos que somos pecadores en necesidad de un Salvador. Como pecadores, nos equivocamos, fallamos, decepcionamos y sentimos que no alcanzamos las expectativas de las personas y de nosotros mismos. Entonces no debería tomarnos por sorpresa cuando nuestro cónyuge viene a nosotros con sus frustraciones por nuestra causa. Pero, te repito, la buena noticia es que no tenemos que defendernos a nosotros mismos; podemos ser honestos con nuestras fallas, podemos pedir perdón, arrepentirnos, y seguir adelante por causa del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Si eres pronto para defenderte en medio de las peleas de tu matrimonio, sabemos que va a subir el tono de esa pelea, y será más agotador. Cuando te defiendes con uñas y dientes, invalidas lo que tu cónyuge está sintiendo y experimentando. Le estás diciendo: "No me importa que pienses que te he hecho daño. No lo hice". La verdad es que le fallamos a nuestro cónyuge, metemos la pata. Somos pecadores y necesitamos de un Salvador, no necesitamos defendernos como si esas cosas no fueran ciertas. Lo opuesto a defenderse es la confesión. Y nuevamente buenas noticias para nosotros: Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados cuando se los confesamos. No debemos temer de confesarle a Dios o a nuestro cónyuge nuestras faltas; hay libertad en la confesión.