Abengoa y la herencia que nadie pudo conducir
Sobre este episodio
23 de septiembre de 2015. Sevilla. Sede central de Abengoa. La sala del consejo de administración. Felipe Benjumea Llorente, 58 años, presidente ejecutivo desde 1991, acepta que ya no presidirá la empresa que fundó su padre. La condición la han impuesto los bancos acreedores como requisito previo a una ampliación de capital de 650 millones. Una sentencia posterior de la Audiencia Nacional dejaría constancia formal: el cese fue por imposición del Banco Santander. Hace 2 018 años, Ovidio había escrito el patrón. Libro II de las Metamorfosis. Episodio de Faetón. Un joven que pide conducir el carro de su padre, Apolo, durante un día. Apolo, atrapado por su juramento por la Estigia, le entrega las riendas. Faetón pierde el control. Para evitar que arda el cosmos entero, Júpiter lanza un rayo. Faetón cae. Las hermanas, las Helíades, lo lloran convertidas en álamos a orillas del Erídano, y sus lágrimas se convierten en ámbar. El episodio cruza la quiebra industrial más grande de la historia de España con el episodio de Faetón. Tres matices incómodos: la narrativa fácil sobre Felipe Benjumea es injusta (multiplicó las ventas por 26 antes de que la fotovoltaica hiciera inviable el modelo termosolar); la Plataforma Solúcar sigue funcionando bajo otros propietarios, lo que lleva a la pregunta que casi nadie hace en una reestructuración (¿quién se quedó con qué?); y el rayo de Júpiter, en la versión empresarial, no salvó a la empresa, salvó las garantías del acreedor. Edición recomendada: Ovidio, “Metamorfosis”. Editorial Cátedra, colección Letras Universales, traducción de Consuelo Álvarez y Rosa María Iglesias. La edición de referencia en castellano contemporáneo, con introducción densa y notas filológicas. Todo está escrito · La carta — desarrollo amplio en Substack.