Fran Chávez: "La propaganda de alcohol debe prohibirse, como la de tabaco"
Sobre este episodio
"Puedo ir a una escuela y dar una charla delante de los alumnos de lo mal que hace [el alcohol]; contar mi experiencia; que por mi culpa murieron tres chicos inocentes, hermosos y fantásticos: Juan, Eugenio y Nehuén; pero mi testimonio dura solamente un rato; si sumás las horas de publicidad de alcohol que ve un chico de 16 años, eso me supera por días; son meses de propaganda si uno se pone a contar minuto tras minuto lo que observa un pibe desde los seis años hasta que llega a los 18; entonces, no importa qué tanto puedo decir yo; en su interior, subconcientemente, el joven va a defender que el alcohol es parte de nuestra libertad, que nos permite disfrutar, que no es su culpa que otra gente mate; tiene razón, pero no tiene toda la razón o la razón completa". Aunque al nacer hace 36 años en la ciudad de Córdoba fue inscripto Francisco Javier Chávez y es padre biológico de dos hijos, recientemente cambió su nombre legal por Francisca y se confiesa bisexual. Eso explica que a lo largo de la narración use indistintamente el femenino y el masculino para referirse a sí mismo. Desde los 18 años vive en El Bolsón, provincia de Río Negro, donde cuando tenía 22 protagonizó un drama tremendo que afectó numerosas vidas para siempre. La noche del 25 de enero de 2011 se desplazaba por la Ruta Nacional 40, a la altura del kilómetro 1920, al volante de un Fiat Spazio. Se encontraba alcoholizado y el vehículo tenía las luces averiadas, entre otros desperfectos. De pronto, perdió el control del coche, que cruzó de carril y atropelló a cuatro mochileros que circulaban como peatones por la banquina opuesta. Max Yeuhen Tretyakov, de 18 años, Juan Enrique Shott, 17, y Facundo Nehuén Marino, ídem, murieron. Jorge Arce, 18, sufrió heridas graves. El homicida, que resultó ileso, fue condenado a cuatro años de prisión efectiva y diez de inhabilitación para manejar. Transcurrió dos temporadas en la cárcel y completó el tiempo de encierro en su domicilio. Entonces tomó coraje y dio un paso sorprendente. Propuso ofrecer disculpas de manera personal a los familiares de las víctimas. Enrique y Cristina Schott, los padres de Juan, aceptaron el encuentro, le dieron el perdón y le sugirieron difundir su historia para detener la violencia vial.