Igor Yebra, bailarín con esclerosis múltiple: "Ahora cuido el cuerpo que no valoré"
Sobre este episodio
El prestigioso bailarín Igor Yebra ha ofrecido una lección de vida en los micrófonos de 'Herrera en COPE', dentro de la sección 'A Ciegas' con Alberto Herrera y María José Navarro. Diagnosticado con esclerosis múltiple en 2015, una enfermedad que le apartó de los escenarios, Yebra ha contado cómo este revés le ha obligado a reinventarse y a encontrar un nuevo sentido a la existencia, una experiencia que ha plasmado en su libro '¿Por qué somos tan estúpidos y no estamos bailando?'. Su trayectoria profesional estuvo marcada por un giro inesperado. Aunque su futuro parecía encaminado a ser portero en el Athletic de Bilbao, su equipo, la inspiración de Ginger Rogers le llevó a cambiar el balón por el ballet. Con tan solo 15 años se trasladó a Madrid para formarse con el maestro Víctor Ullate, una decisión que le costó sufrir acoso escolar. Sin embargo, su talento le convirtió en profesional a los 17 años, iniciando una carrera que le ha llevado a bailar y dirigir compañías en los cinco continentes. El título de su libro es una reflexión sobre la libertad perdida. Según Yebra, "todos los niños y las niñas hasta los 4 años, todos bailan", pero a esa edad "se les empieza a juzgar" y abandonan esa expresión natural. Para él, la danza es una actividad que "produce tantas cosas buenas y positivas" que se sigue preguntando por qué la sociedad la arrincona. El diagnóstico en 2015 fue un golpe devastador. "De repente se te cae el mundo encima porque te dicen no, ya no lo puedes hacer, por mucho que tú quieres y lo deseas, tu cuerpo ya no te permite hacerlo", confesó el bailarín. Yebra se define como una persona que siempre ha luchado por sus metas de una manera "quijotesca", por lo que la enfermedad supuso un freno radical a su voluntad. Para reencontrarse, recurrió a sus alumnos. Les pidió que escribieran en un papel por qué bailaban y las respuestas le dieron la clave para seguir adelante: "decían que bailaban por por alegría, por diversión, por vocación, por superación, por evasión". Esa experiencia fue el germen de su libro, una autobiografía centrada no en los éxitos, sino "en las veces que he fracasado y me he tenido que volver a reinventar". Ante la cuestión de si alguna vez se ha planteado la injusticia de su situación, Yebra es tajante: "La verdad es que no me he parado en ningún momento a pensar eso". Su argumento es que, si nunca se preguntó "por qué a mí" cuando alcanzó sueños como bailar el ballet 'Iván el terrible', tampoco debe hacerlo ante la desgracia. "Esto es la vida, y la vida es así, es incomprensible y justa e injusta", sentenció, insistiendo en la importancia de "disfrutarla y vivirla". Con esta mentalidad, ha enviado un mensaje a quienes afrontan un cambio drástico en sus vidas, como los afectados por el reciente accidente de tren en Hurda. Su consejo es claro: "Intentemos cuanto antes olvidarnos de lo que fuimos y concentrémonos en lo que somos y en lo que aspiramos y soñamos todavía con ser". Además, ha hecho un llamamiento a la clase política para que dejen sus luchas de "egos" y ayuden a una "gente que está desamparada". A día de hoy, Igor Yebra vive en una constante adaptación. "No miro más lejos de lo que estoy haciendo hoy y lo que tengo que hacer mañana", asegura. Aunque admite que no siempre sigue las recomendaciones médicas y continúa desafiando sus límites, la disciplina férrea de la danza le ayuda a mantener una rutina diaria de gimnasio, incluso en los peores días. El bailarín reconoce que ahora valora su cuerpo de una forma que no hacía antes. "Mi cuerpo me ha colocado donde estoy y me cuidó, y ahora me toca a mí cuidar de ese cuerpo que no cuidé lo suficiente porque nunca le di el mérito que le tenía que haber dado", reflexionó en 'Herrera en COPE'. Esta nueva conciencia es una de las grandes lecciones que le ha dejado la enfermedad. Desde 2015, celebra cada pequeño logro como una victoria. "Cada cosa que hago, digo, ole, ole tus narices y y disfrútalo, porque mañana puede que ya no puedas hacer más", ha concluido Yebra desde el gimnasio, donde sigue luchando para que sus piernas, las que un día le elevaron a lo más alto, le sigan permitiendo volar a su manera.