La Parábola del Hijo Pródigo
Sobre este episodio
“Este mensaje está dirigido a aquellas vidas que se sienten lejos de la Presencia del Señor, que inclusive oran, buscan comunión con Él, pero no pueden revivir aquellas experiencias primeras cuando conocieron al Señor Jesús, cuando Él se reveló con tanto Amor, con tanta Misericordia y tanto Consuelo. Esta Palabra está dirigida a tu vida, a ti que has estado desperdiciando muchas cosas, muchas bendiciones que el Señor te ha entregado para tu vida espiritual y también para tu vida terrenal, económica o financiera; y haciendo caso omiso de la Presencia del Señor en tu vida, te has apartado de Él de forma voluntaria. La Palabra relata de un hombre que tenía dos hijos, y que el menor de ellos le pidió a su padre los bienes que le correspondía, y juntándolo todo éste, se fue lejos, a una provincia apartada, y desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y al malgastarlo todo vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, y éste le envió a su hacienda para que apacentase cerdos; y deseaba comer de las algarrobas que comían esos animales. Pero volviendo en sí este hijo, se levantó y fue donde su padre. Su padre, al verlo de lejos, fue movido a Misericordia, corrió, se echó sobre su cuello y lo besó. Ordenó a sus siervos que lo vistieran con el mejor vestido, que le pusieran un anillo y calzado en sus pies, que preparasen una fiesta, porque su hijo había revivido. A ti te sucedió lo mismo, habiendo recibido muchas bendiciones del Señor Jesús, pasó un tiempo y te fuiste enfriando. En vez de que tu corazón esté con Fuego encendido, de pronto tu corazón se convirtió en un témpano de hielo, te fuiste apagando, y poco a poco empezaste a desperdiciar aquello que el Señor te había entregado; te fuiste lejos de su Presencia, a un lugar espiritual lejano, y empezaste a llevar tu vida bajo el control de tu alma, lejos del control de la Vida del Espíritu. Y ahora sientes gran hambre, ya no sientes su Presencia, tu corazón está petrificado. Y es más, te arrimaste al mundo, te arrimaste al ciudadano de aquella provincia apartada, a Satanás, a aquel que te había esclavizado. Y éste te envió a apacentar cerdos, fuerzas espirituales enemigas, espíritus inmundos. En tus pensamientos, en tus emociones, en tus deseos, en tus actitudes, en tu voluntad, apacentaste a fuerzas malignas tomando tu propia decisión de ir en pos del pecado. Pero así como ocurrió con aquel hijo menor, tu Padre celestial ahora permite que vuelvas en ti, que puedas darte cuenta de lo que está ocurriendo en tu vida, que puedas levantarte y correr en pos de Él. Y Él, al verte de lejos, al ver tu corazón, movido a Misericordia, se acercará a ti, correrá donde tú estás, se colgará de tu cuello y te besará, porque es Padre de Consolación, es Padre de Ternura. Pero no solamente eso, también ordenará a sus ángeles vestirte con vestiduras blancas y resplandecientes, y hará un pacto contigo como señal de que tu Padre celestial te recibió y te amó; porque dispusiste tu corazón a levantarte, a dejar esa provincia apartada. También calzará tus pies con el apresto del Evangelio de la Paz para que siempre estés dispuesto, fundamentado y diligente. A través de esta Palabra, tu Padre celestial trae un mensaje de esperanza para ti”. Pr. Ricardo Claure Peñaloza PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A LAS NACIONES