¡CIERRA TU SANTUARIO PARA EVITAR CONTAMINACIÓN!
Sobre este episodio
Este mensaje está dirigido a ti que un día aceptaste a Jesús como Señor y Salvador de tu vida, le abriste la puerta de tu corazón y permitiste que Él entrara a tu ser. Esta Palabra está dirigida a todos aquellos que se han olvidado que son casa de Dios, que son templo del Espíritu Santo, son santuario del Señor; y habiendo olvidado que son templo del Señor han contaminado la casa con abominaciones delante de Dios. El Señor ahora quiere que vuelvas a la realidad espiritual en tu vida, recordándote que tú eres templo del Dios Viviente, santuario del Dios de Israel. La Palabra de Dios nos habla en forma clara que en el pasado el pueblo de Israel construyó el Primer Templo judío en el monte Moriah, lo que hoy se conoce como el Monte del Templo en Jerusalem. Ese Primer Templo, construido por Salomón, estaba claramente definido y dividido en: Lugar Santísimo, Lugar Santo y Atrio Exterior. Todo ello formaba la casa del YO SOY EL QUE SOY. El Lugar Santísimo y el Lugar Santo propiamente se llamaban Santuario dentro de la casa que constituía todo el predio. El Lugar Santísimo estaba separado del Lugar Santo por un velo, una cortina que separaba al hombre de la Presencia de Dios. Los sacerdotes diariamente oficiaban sacrificios en el Atrio Exterior, y oficiaban sacrificios en el Lugar Santo conforme al rito de Moisés. Y cada año —solamente una vez al año— el sumo sacerdote en el “Día del Yom Kipur”, en el “Día de la Expiación” entraba por el velo al Lugar Santísimo llevando la sangre del cordero inmolado, y lo echaba en el propiciatorio, que era un recipiente que estaba encima del Arca del Pacto. Este Primer Templo judío fue destruido por Nabucodonosor. Conforme a la Escritura, el pueblo de Israel hizo abominación terrible delante de Dios, y es por ello que Dios mandó a Nabucodonosor para destruir Jerusalem y el Templo. El pueblo de Israel fue llevado en cautiverio por 70 años, y luego que se cumplió la Profecía de Jeremías en cuanto al cumplimiento del número de años que Israel iba a estar en la tierra de Babilonia cautivo, el pueblo volvió. El Segundo Templo fue prácticamente reedificado por Herodes el grande, un Templo fastuoso. Y fue justamente que en esos días ya estuvo Jesús manifestado en carne en esta tierra. Sabemos por la Palabra que Jesús murió en la cruz del Calvario, y en el momento que Él expiró y consumó la obra redentora, el velo del Templo se rasgó de arriba a abajo, mostrando claramente el acceso del hombre a la Presencia de Dios, a la Presencia del Señor en el Lugar Santísimo. Dios habita en organismos vivos, en todos aquellos creyentes que han conocido la verdad de Dios en Cristo Jesús, siendo redimidos con la sangre del Cordero. Pues esa es una realidad en la vida cristiana, tú eres casa del Señor, tú eres templo del Dios Viviente, porque tienes un lugar santísimo, un lugar santo y un atrio exterior. Ese lugar santísimo es tu espíritu, el lugar santo es tu alma, y el atrio exterior es tu cuerpo. Y esto justamente ahora tú tienes que recordar, tú tienes que comprender en tu vida. El Señor Jesús quiere hablar contigo. Y tienes que dejar de lado todo orgullo, toda soberbia, toda altivez; porque tú durante mucho tiempo no has permitido que Dios te haga entender las Leyes de la casa, las ordenanzas del santuario. Y has hecho oídos sordos, no quisiste escuchar lo que Dios ha querido hablar contigo. Tú necesitas cambiar. Tú ya conoces al Señor, tú necesitas buscar la transformación de tu vida. Y vas a empezar la transformación total de tu vida si dejas que ahora el Espíritu de Dios te haga volver a la puerta exterior del santuario y constates si esa puerta está cerrada. ¡Ahora es el momento de reconocer lo que contamina la casa!». Pr. Ricardo Claure Peñaloza PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A LAS NACIONES