Echar fuera demonios es otra base de la Doctrina Apostólica Vol.2
Sobre este episodio
Hemos venido al conocimiento del Reino de los cielos para predicar la Palabra revelada por el Espíritu Santo de Dios, y esto viene acompañado por la Presencia de Dios, en que Él pone su sello, su firma: milagros de expulsión de demonios, milagros de sanidad, milagros de transformación, milagros de todo tipo, específicamente detallados en las Escrituras. De esa forma el Señor dice: “Ah, Yo estoy aquí, y este es mi sello, esta es la señal de que Yo estoy aquí”. Y está escrito: Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. (Marcos 1:39) El enemigo de nuestras almas no quiere que se lea esa parte. Y se pone como una neblina a este campo fundamental de la Escritura, del Verbo de Vida. Jesús no solamente vino a predicar y a sanar a los enfermos, Jesús vino a echar fuera a los demonios; porque Él vino a quitarle al enemigo aquello que ya no le corresponde, porque Él pagó el precio en la cruz del Calvario. ¡Y NOSOTROS TENEMOS AHORA LA POTESTAD DE ECHAR A LOS DEMONIOS FUERA! ¡SI JESÚS LO HIZO, TENEMOS EL PODER DE HACERLO EN SU NOMBRE! Y esto es para todos los creyentes. Y es lo que queremos enseñar; preparar al creyente, quitarle la venda de los ojos y que verdaderamente busque al Señor Jesucristo. ¡QUE NO DEPENDA DE HOMBRES, QUE DEPENDA DEL SEÑOR EN EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO! PARA QUE SE VAYA POR TODO LUGAR, Y LA PALABRA SEA PREDICADA, Y LA CIUDAD SEA CONMOVIDA POR EL PODER DE LA PALABRA. Somos un pueblo guerrero, y el Señor nos ha llamado a conquistar la tierra de Canaán, ¡el Señor nos ha llamado a conquistar nuestra alma para Él!, a fin de conseguir la obediencia en nuestras almas a la voz del Espíritu Santo en nuestro espíritu; pero nuestra alma no ha de poder obedecer si sigue en poder de las fuerzas espirituales enemigas a causa de la carne que todavía está en el alma, y que les da el poder para seguir permaneciendo dentro. En el cristiano tiene que haber la disposición de morir en la cruz del Calvario, negarse a sí mismo para así conseguir la victoria que Jesús consumó por nosotros hace más de dos mil años. Y está ahí la elección: consagración o querer seguir en la inmundicia. El Señor nos ha llamado a perfeccionar la santidad. El que esté santo, santifíquese más todavía. No con tus fuerzas, no con tu fuerza de voluntad, no con tus buenas intenciones; sino por el Espíritu Santo hacer morir las obras de la carne en la cruz del Calvario, para que puedas encontrar Vida. Si quieres quedarte con algo de carne, y en resumen, quedarte con las fuerzas espirituales malignas que puedan estar dentro, estás cometiendo un grave error, porque de esa forma te vas a quedar en el desierto, no vas a cruzar el Jordán, menos vas a derribar las murallas de Jericó para conquistar la ciudad, tampoco destruirás las fortalezas en la tierra de Canaán, ni degustarás de la tierra que fluye leche y miel. Y está en la decisión tuya ser un soldado de Jesucristo, ser un luchador espiritual, o quedarte derrotado”. Pr. Ricardo Claure Peñaloza