12 la fábula del holocausto
Sobre este episodio
Mi justificación es la más obvia: el silencio de los historiadores profesionales. Ninguno de ellos ha elaborado un estudio crítico de la cuestión o cualquier otro trabajo que verdaderamente discuta cualquier punto particular de la cuestión del exterminio y aporte las pruebas en apoyo de su tesis. Lo más parecido a esto es el libro de Reitlinger, que al menos está dispuesto a hacer mención explícita de algunas de las irregularidades que surgen al estudiar la Historia del "Holocausto", pero Reitlinger no es un historiador sino un artista y coleccionista de obras de arte. Ha escrito varios libros, siendo el más importante su estudio de tres tomos acerca de la Historia del comercio con objetos de arte "The Economics of Taste". Después de Reitlinger, Hilberg adopta un pequeño ápice de criticismo, pero Hilberg es profesor de Ciencias Políticas (en la Universidad de Vermont) y su doctorado trata de Legislación y Gestión Públicas. Los libros de Reitlinger y Hilberg reconocen, de mala manera pero sin embargo significativamente, la responsabilidad de convencer a los escépticos. Los otros mitólogos del exterminio no intentan en modo alguno demostrar que los exterminios tuvieron lugar; únicamente suponen que todos sabemos que sucedieron y luego comienzan a partir de ahí. Este es el caso de los tres restantes mitólogos exterminacionistas principales - Nora Levin, León Poliakov y Lucy S. Dawidowicz. Levin fué bibliotecaria mientras escribía su libro y ahora da clases de Historia en el Gratz College, un pequeño colegio judío de Filadelfia. Poliakov es director de investigación del "Centre Mondiale de Documentation Juive Contemporaine" de París y por consiguiente un propagandista judío profesional. Dawidowicz es el único historiador profesional del grupo y ocupa la Cátedra "Leah Lewis" de Estudios del Holocausto en la Universidad Yeshiva de Nueva York. Los cinco principales mitólogos del exterminio son judíos. En los libros y artículos que tratan temas que no son el "Holocausto" pero que lo mencionan, los historiadores profesionales invariablemente prestan apoyo a la mentira, no obstante sus escritos aluden a lo contrario en grado considerable. Ningún historiador profesional ha publicado un libro discutiendo, y aportando pruebas, en contra o a favor de los exterminios. Las razones son obvias. Ningún historiador bien situado está dispuesto a dañar su reputación escribiendo obras pedantes en apoyo de las pretensiones exterminacionistas, a referirse solemnemente a documentos y testimonios presentados en juicios ilegales que tuvieron lugar en condiciones de histeria y a exponer con toda seriedad, sin disculparse, simples idioteces como la del presunto doble cometido del gas Zyklon. Al menos, ningún intento de aportar semejante obra parece haber tenido lugar. Por otra parte, la presión del conformismo intelectual académico (por decirlo cortésmente) – 192 – BUTZ : La Fabula del Holocausto ha autorizado el silencio a los historiadores con opiniones contrarias. Siendo este el caso, está justificado y es de esperar que obras como la presente sean escritas por ingenieros o por cualquier otro profesional.