el enigma capitalista 2 ( 9 - 16)
Sobre este episodio
La liberación material del Hombre por la Máquina hace necesaria, como ya hemos dicho, además de la reducción de la jornada laboral, la distribución de un Dividendo Nacional. Somos, todos, accionistas de la poderosa empresa -en su vertiente económica- Europa S. en C. Como accionistas, es lógico que tenemos derecho a cobrar un dividendo, de la misma manera que cuando las cosas van mal, todos debemos contribuir, volens nolens, a la “ampliación de Capital”, es decir, a soportar a nuestros actuales mini-Estados, tan quisquillosos como incapaces, a pagar extenuantes impuestos incluyendo el “impuesto de la sangre” que suele cobrarse sin que lo “vote” Parlamento alguno. El Dividendo Nacional, además, se justifica a sí mismo como necesaria alternativa del injusto sistema actual de los seguros sociales, y, sobre todo, del subsidio contra el Paro. Este subsidio del Paro -paro provocado en parte por el constante perfeccionamiento de la Máquina- es, básicamente, injusto. En primer lugar, no existe a consecuencia de nuestro absurdo sistema económico actual, sino a pesar de él, y para evitar que se derrumbe. Pero, de cualquier modo, es culpable de una doble injusticia: la primera, proceder del bolsillo de los que están trabajando; la segunda, no poder evitar, al que cobra tal subsidio, la humillación de saber de dónde procede. Hay, además, un inconveniente suplementario: no puede evitar la creación de parásitos que no hayan sido echados de su empleo por la Máquina, sino por su propia vagancia. De manera que la actual situación ofrece, en realidad, tres soluciones: la primera consiste en continuar agobiando con impuestos a los que trabajan para poder pagar a los que no trabajan; primando a la 84 laboriosidad en beneficio de la gandulería o de la “desgracia” del progreso de determinada máquina. La segunda consiste en considerar como unos indeseables, como unos malhechores públicos a todos los sabios, inventores, técnicos, ingenieros, científicos; a los Watt, Newcomen, Papin, Lavoisier, Edisson, Faraday, Otto Hahn, que cometieron el crimen de aligerar, con sus portentosas realizaciones, el trabajo de sus contemporáneos. Y la tercera y última, consiste en reconocer, francamente, que aquellos a quienes la Máquina va dejando sin trabajo tienen derecho a recibir dinero para hacer frente a sus necesidades, y, además, a recibirlo de manera que no sea motivo de sonrojo ni humillación para ellos. Como salta a la vista que ni la primera ni la segunda alternativa dan una solución satisfactoria y digna, debemos aceptar la tercera. Esta tercera solución tiene la ventaja de que se ocupa de todos los habitantes del país, trabajadores o no. Tiene en cuenta lo que, para nosotros es un axioma: que la vieja noción de que el trabajo es lo único que da derecho al Dinero, debe ser completada con la idea de que la Vida es, por sí misma, generadora de un derecho primordial al Dinero. No debemos olvidar jamás que, en Economía, tan importante es el Productor como el Consumidor, a parte de que en la población activa todos somos productores y consumidores a la vez. Si se llevase, como es elementalmente imperativo y