Sábado 24-Oct-26 | Suelta la Piedra — Juan 8:1–11
Sobre este episodio
Es fácil reconocer los errores de los demás. A veces incluso podemos recordar con sorprendente claridad lo que alguien hizo, las palabras que dijo o las decisiones que tomó. Y sin darnos cuenta, comenzamos a mirar a esa persona únicamente a través de sus equivocaciones. Pero ¿qué sucede cuando olvidamos que nosotros también necesitamos misericordia? En Juan 8:1–11 encontramos a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. Los maestros de la ley y los fariseos la llevan delante de Jesús. No parecen interesados en ayudarla ni en restaurar su vida. Quieren utilizar su situación para poner a prueba a Jesús. La mujer está expuesta públicamente, rodeada de acusadores y enfrentando las consecuencias de su pecado. Entonces Jesús pronuncia unas palabras que cambian por completo la situación: “¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!”. Uno por uno, sus acusadores comienzan a retirarse. Y finalmente, la mujer queda frente a Jesús. Lo extraordinario de este encuentro es que Jesús no pretende que el pecado no existe. Tampoco se une a quienes desean condenarla. En lugar de eso, le muestra misericordia y la llama a dejar atrás su vida de pecado. Aquí encontramos una verdad que necesitamos recordar constantemente. La gracia de Dios no consiste en llamar bueno a lo que está mal. Pero tampoco nos autoriza a utilizar los errores de otras personas como una oportunidad para sentirnos superiores. A veces llevamos piedras que nadie puede ver. Son los juicios que hacemos en silencio, las ofensas que seguimos recordando o las palabras con las que continuamos definiendo a alguien por su peor momento. Y aunque quizá nunca las lancemos físicamente, podemos utilizarlas para herir, avergonzar o mantener a otros atrapados en su pasado. Jesús nos invita a examinar primero nuestro propio corazón. No para ignorar el pecado ni para abandonar la verdad, sino para recordar que todos necesitamos la misericordia de Dios. Quizá hoy necesitas soltar una piedra. Tal vez sea un juicio que has sostenido durante demasiado tiempo, una actitud de superioridad o el deseo de que alguien más reciba el castigo que consideras que merece. Soltar la piedra no significa negar lo sucedido ni renunciar a la justicia. Significa reconocer que no nos corresponde ocupar el lugar de Dios y que podemos responder a los errores de otros con verdad, humildad y misericordia. Porque la misma gracia que necesitamos para nuestras propias faltas debe transformar la manera en que miramos las faltas de los demás. 🎧 Escucha. Reflexiona. Y pregúntate: ¿Hay alguien a quien sigo definiendo por sus errores? ¿Qué piedra necesito soltar para comenzar a mirar a esa persona con la humildad y la misericordia que Dios ha mostrado hacia mí? 📖 Juan 8:1–11 🎙️ Devocionales | First Hurst en Español 📍 Hurst, Texas Suelta la Piedra La misericordia no ignora el pecado, pero tampoco utiliza los errores de los demás para condenarlos. Cuando recordamos cuánto necesitamos la gracia de Dios, aprendemos a extender esa misma gracia a quienes nos rodean.