Devocional Transforma
Sobre este episodio
Cristo es el motivo de nuestra alabanza Cuando expresamos nuestra alabanza a Dios, nos esforzamos en retribuirlo por todo lo que él ha hecho. Ese sacrificio implica nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y nuestras emociones. Alabar a Dios es entregarle un poco de nosotros. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Alaben a Dios en su santuario, alábenlo en su poderoso firmamento. Alábenlo por sus proezas, alábenlo por su inmensa grandeza. Alábenlo con sonido de trompeta, alábenlo con el arpa y la lira. Alábenlo con panderos y danzas, alábenlo con cuerdas y flautas. Alábenlo con címbalos sonoros, alábenlo con címbalos resonantes. ¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! (Salmo 150:1-6)