El dulce encanto de estar desconectado
Sobre este episodio
Cuando el uso intensivo de las nuevas tecnologías de la comunicación alcanza el punto de saturación, es necesario probar el dulce encanto de desconectarse. Salir del mundo condensado de la pantalla del ordenador, fijar la vista en el horizonte y ensanchar la mirada al universo. Veremos flores, personas, pájaros, escucharemos voces amigas de caras conocidas, trinos de aves y percibiremos aromas de jardines, nada virtual, todo real, sin necesidad de clic o truco cibernéticos. Descubriremos aquellas cosas que siempre tuvimos, que están al lado nuestro desde siempre, o por lo menos desde que existimos. Darse el placer de quitarse los anteojos, mojarnos con la lluvia y ver un partido de futbol sin que repitan la jugada. Darnos cuenta que es posible estar desconectado, que el mundo tuvo 1980 años sin computadora y sin internet, que se pensaba más y se actuaba mejor. Que sabíamos muchas cosas sin google y las fotografías se pegaban en álbumes familiares para ver de vez en cuando, y contarle a los nietos las historias que ellas guardan.