Algunas adaptaciones evolutivas de los pueblos de la tierra
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Algunas adaptaciones evolutivas de los pueblos de la tierra Cuando nos fijamos en las diferencias nos solemos centrar en los rasgos externos. El tono de la piel, la forma de los ojos, la vestimenta… Pero en este vídeo comprobaremos que existen adaptaciones evolutivas en los pueblos de la tierra. Modificaciones en su forma de vida y en su cuerpo que les han ayudado a sobrevivir en un determinado entorno. Comenzamos con los Bajau La mayoría de los humanos puede aguantar la respiración bajo el agua durante segundos o unos pocos minutos. La tribu de los Bajau son el pueblo del mar. Y se ha probado que pueden aguantar sumergidos en el agua hasta 13 minutos. Llegan a bucear en el fondo marino, buscando perlas o alimentos hasta una profundidad de 60 metros. Viven en Asia. En las cálidas aguas que bañan Filipinas, Malasia o Indonesia. El pueblo del mar tiene una mutación genética que les ayuda a aguantar tanto tiempo bajo el agua. No les han salido branquias…como en la película Waterworld. En realidad, la mutación les dota de vasos más grandes que el resto de humanos. En concreto un 50 por ciento más grandes. Este órgano sirve como una reserva de oxígeno durante las inmersiones. Las focas, ballenas y otros animales marinos tienen vasos enormes. Además, los Bajau tienen una vista excelente bajo el agua. Por algo ha sido su entorno natural durante miles de años. Pasamos a conocer el caso de los africanos protegidos contra la malaria. Esta mutación se llama drepanositosis. Consiste en una deformación de los glóbulos rojos. De manera que en vez de ser redondos, tienen forma achatada. El origen de la drepanositosis es genético. Y hace que sus portadores sean casi inmunes a la malaria. La malaria se transmite por la picadura del mosquito Anófeles. Infecta a los glóbulos rojos de la sangre. En el año 2015 se detectaron más de 212 millones de casos de malaria. Por lo tanto, esta mutación genética protege a muchos africanos de esta enfermedad. En Senegal un 10 por ciento de su población tiene esta mutación. Si uno de los padres tiene la mutación y el otro no, sus hijos nacerán con una versión suave de la drepanositosis. Sin embargo, si ambos progenitores son portadores, los niños heredarán la versión más peligrosa de la mutación. Ya que se ha comprobado que causa anemia. Ahora veremos algunos casos de adaptaciones a la alimentación. Conoceremos qué ocurre con los Inuits y los europeos. En el círculo Polar Ártico hay poca oferta de alimentos. El clima no permite la agricultura. Así que la dieta de sus habitantes suele ser carne de foca, huevo o pescado. Los Inuits tuvieron que adaptarse y sobrevivir con esta dieta tan limitada. Una alimentación rica en grasa animal y en Omega 3. El pueblo del Ártico metaboliza las grasas de una forma diferente al resto de humanos. Esta mutación la adquirieron hace unos 20.000 años. Esta variación la poseen un dos por ciento de los europeos y un 15 por ciento de los chinos Jan. Veamos otra curiosa adaptación a la alimentación en humanos. Una buena parte de la población adulta no puede asimilar correctamente los productos lácteos como la leche. En definitiva, no pueden digerir bien la lactosa. El azúcar que contiene este tipo de alimentos. La lactasa en la encima que ayuda a asumir la lactosa en el intestino delgado. Una vez pasada la época de la lactancia, esta encima va desapareciendo. Excepto para aquellos humanos que tienen una mutación genética. La que les permite seguir produciendo lactasa durante toda su vida. Se sabe que varias poblaciones humanas tuvieron que vivir durante mucho tiempo de la ganadería. Y la leche y sus derivados fueron una importante fuente de su alimentación. Los que podían tolerar mejor la lactasa fueron sobreviviendo en este entorno y transmitiendo estos genes a su descendencia. La tolerancia a la lactosa está muy extendida entre los pueblos europeos. Sobre todo en los países nórdicos. En cambio, muchos asiáticos y africanos no han desarrollado esta tolerancia a la lactosa. Pasemos a otro tipo de adaptaciones evolutivas. Pueblos de la tierra que viven en las alturas. Vivir a una gran altura por encima del mar es muy duro para los humanos. Si no estamos acostumbrados y de pronto, subimos a una montaña muy elevada, podemos sufrir mareos o una sensación de falta de aire. Es el mal de altura. A medida que nos alejamos del nivel del mar, el oxígeno va escaseando. Sin embargo, los tibetanos han logrado adaptarse para vivir y respirar en grandes cimas. Se asientan en lugares de 4.000 m de altura. Se ha descubierto que los tibetanos exhalan más óxido nítrico que el resto. Este gas ensancha los vasos sanguíneos en el cuerpo para que la sangre circule más fácilmente. Esta adaptación viene de la época de los Denisovanos. Por lo tanto, esta mutación tiene una antigüedad de entre 30.000 a 50.000 años. Se cree que los antepasados de los tibetanos tuvieron descendencia con los Denisovanos. Y de ahí surgió el gen Epas 1. El que permite que los tibetanos puedan vivir cómodamente en las alturas. Ya hemos visto que la diversidad humana va mucho más allá de lo que vemos por fuera. Del aspecto exterior. La evolución ha hecho que diferentes pueblos de la tierra adapten su metabolismo y su forma de vivir al entorno en el que residen. Gracias a las mutaciones genéticas, han podido resistir en lugares…donde nos parece que la supervivencia sería muy difícil sin estas modificaciones.