El autómata que escribía poemas hace más de 200 años
Sobre este episodio
El autómata que escribía poemas hace más de 200 años Pilar Folgado María Maruchi Tim Beniyork • A comienzos del siglo XIX, cuando todavía no existían los ordenadores, ni la electricidad moderna, ni la inteligencia artificial… un hombre construyó una máquina capaz de escribir y dibujar por sí sola. • Y dejó al mundo completamente desconcertado. • Su nombre era Henri Maillardet. • Un brillante relojero e ingeniero suizo afincado en Londres. • Un artesano obsesionado con la precisión. • Y uno de los grandes genios mecánicos de su época. • Maillardet creó uno de los ingenios más extraordinarios jamás fabricados. • El llamado dibujante-escritor. • Un autómata capaz de escribir poemas completos. • Realizar delicadas ilustraciones. • Y mover una pluma con una precisión casi humana. • Hoy se conserva en el de Filadelfia. • Y sigue maravillando a científicos, ingenieros e historiadores de todo el mundo. • A primera vista parece un elegante muñeco de porcelana vestido con ropas de otra época. • Pero bajo aquella apariencia refinada se escondía una auténtica bestia mecánica. • Un laberinto de engranajes. • Levas. • Resortes. • Ejes metálicos. • Y mecanismos de relojería ensamblados con una precisión enfermiza. • Todo funcionando sin electricidad. • Sin microchips. • Sin pantallas. • Sólo mediante pura ingeniería mecánica. • Cuando el autómata comenzaba a moverse, los espectadores contenían la respiración. • Su brazo mecánico imitaba los gestos humanos con una naturalidad inquietante. • Mojaba la pluma. • Trazaba líneas. • Hacía pausas. • Y escribía lentamente como si estuviera pensando. • Para el público de comienzos del siglo XIX aquello parecía magia. • O incluso algo sobrenatural. • El dibujante podía crear paisajes. • Barcos de tres mástiles. • Figuras decorativas. • Y textos completos en inglés y francés. • Algunos de sus poemas incluían florituras y detalles imposibles para la mayoría de personas de la época. • Lo más increíble era que toda la información estaba “almacenada” físicamente dentro de la máquina. • Mediante complejos discos y levas programadas previamente. • Como una especie de memoria mecánica primitiva. • Por eso muchos especialistas consideran hoy a este autómata como un remoto antepasado de la informática moderna. • Y de los sistemas de almacenamiento digital. • En cierto modo, Maillardet creó una forma primitiva de programación dos siglos antes de los ordenadores personales. • Su trabajo formó parte de la gran fiebre por los autómatas que fascinó a Europa durante los siglos XVIII y XIX. • Aquellas máquinas eran las estrellas tecnológicas de la época. • Se exhibían en salones aristocráticos. • Teatros. • Ferias. • Y exposiciones científicas. • La gente pagaba auténticas fortunas por contemplarlas en funcionamiento. • Porque parecían borrar la frontera entre lo humano y lo artificial. • Henri Maillardet trabajó junto al legendario Pierre Jaquet-Droz. • Uno de los mayores pioneros de la relojería y de los autómatas mecánicos. • Juntos llevaron la ingeniería de precisión hasta límites impensables para su tiempo. • Y anticiparon muchas de las preguntas tecnológicas que seguimos haciéndonos hoy. • ¿Qué significa realmente crear? • ¿Puede una máquina imitar el talento humano? • ¿Dónde termina la herramienta y empieza la inteligencia? • El autómata recorrió Europa y Estados Unidos causando auténtico furor. • Pero con el paso del tiempo cayó en el olvido. • Y terminó gravemente deteriorado tras un incendio. • Durante décadas permaneció prácticamente destruido. • Hasta que en 1928 sus restos fueron donados al instituto de Filadelfia. • Los restauradores del museo tardaron años en reconstruirlo pieza por pieza. • Y cuando finalmente consiguieron ponerlo en marcha… • La máquina reveló algo inesperado. • Escribió automáticamente un texto oculto. • Una especie de firma mecánica donde aparecía el nombre de Henri Maillardet. • Gracias a eso pudieron identificar por fin a su verdadero creador. • Como si el autómata hubiera despertado después de más de un siglo de silencio. • Su influencia cultural llegó incluso al cine y la literatura contemporánea. • Por ejemplo, el escritor Brian Selznick se inspiró parcialmente en esta máquina para desarrollar su novela: la invención de Hugo Cabret. Posteriormente, Martin Scorsese la adaptó al cine con el título de: Hugo. • Pero quizá lo más inquietante es que esta historia ocurrió hace más de doscientos años. • Mucho antes de ChatGPT. • Mucho antes de los robots humanoides. • Mucho antes de la inteligencia artificial. • Y aun así… • Aquel autómata ya obligaba a la humanidad a hacerse la misma pregunta. • Si una máquina puede escribir. • Dibujar. • Imitar nuestros movimientos. • Y aparentar creatividad… • ¿Qué nos hace verdaderamente humanos? • Tal vez el futuro no empezó con Silicon Valley. • Tal vez comenzó entre engranajes de acero. • Y con una pluma mecánica escribiendo poemas en silencio hace más de dos siglos.