Paradiso = Capítulo 13 - José Lezama Lima
Sobre este episodio
«Paradiso», obra cumbre del autor José Lezama Lima fue publicada en el año 1966. Considerada por muchos críticos como una de las obras maestras de la narrativa del siglo XX, en ella confluye toda su trayectoria poética de carácter barroco, simbólico e iniciático. Fue publicada en 1970 por la editorial mexicana Era, en una edición revisada por el autor y al cuidado de Julio Cortázar y Carlos Monsiváis. Cuando se publicó la obra, causó un sinnúmero de reacciones, todas ellas diferentes. Fue acusada de obra morbosa, hermética, indescifrable y hasta pornográfica. Llegó a negársele el carácter de novela y hasta el de texto en general. Casi cuarenta y tres años después, sigue siendo una novela que rompe con los cánones de la literatura tradicional y que impone un gran reto intelectual. Exhausto, así quedará cualquier lector después de asistir al espectáculo novelístico que representa «Paradiso», del cubano José Lezama Lima. Un periplo por muchísimas vertientes, todas ellas pobladas de diferentes escenarios, como con la idea de conformar una novela de tintes totalizantes, abarcadora, como sí el mismo Lezama planteara desde la altura de su perspectiva, un mapa cuya hidrografía permita llegar al sitio que desea: un océano donde se recogen las confluencias de sus motivaciones, el mar de sabiduría y lecturas escanciadas con la comprensión lúcida de su mente multiplicadora de visiones, que incrementa con sentido de progresión geométrica su realidad. «Paradiso» es una lectura que exige acopio de acervo cultural, detenerse después de cada capítulo, en cuyo caso debió recorrerse pausadamente, y por otro lado repaso acomedido de las construcciones verbales, porque Lezama acude con insistencia a una retórica de insinuante barroquismo en el momento justo cuando siente el prurito de explayarse: una manera de dar hilo, de alargar hasta donde se deje el pez “anzueleado” mientras quiere sacudirse de su apresamiento, pero como el pescador sabe de la vastedad de agua, no le interesa mucho el tiempo, ni tampoco el espacio para permitirle jugar, sino dejar sentado en la presa, la sensación del arribo a un universo mágico donde la degustación de sabores exóticos, la visión colorida de paisajes tan poco visitados, el abrazo a una sensualidad cabalgante, como también el regodeo en los aromas y la sensualidad, el continuo pisar la comarca onírica, son fruto común, es decir, «Paradiso» resulta, además de aventura narrativa, un ejercicio sensorial de proporciones mayúsculas que inunda, avasalla y conquista