# Retorno y Arrepentimiento 1 - Presente Eterno y Arrepentimiento

Episodio de [Podcast Arbol de Vida](https://escuchario.semeescucha.es/podcast/podcast-arbol-de-vida), de david saportas.

- Publicado: 7 de julio de 2021
- Duración: 36 min
- Audio: https://www.ivoox.com/retorno-arrepentimiento-1-presente-eterno-y_mf_72519100_feed_1.mp3
- Página: https://escuchario.semeescucha.es/podcast/podcast-arbol-de-vida/episodio/10871675-retorno-y-arrepentimiento-1-presente-eterno-y-arrepentimiento

## Sobre este episodio

PRESENTE ETERNO Y ARREPENTIMIENTO Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/04/30/retorno-y-arrepentimiento-1/ Limitaciones de entendimiento en las búsquedas de trascendencia y propósito. Significado del arrepentimiento. En el hoponopono proponen terapia a través de repeticiones de frases como “suelto y confío”, “lo siento, perdón, gracias” y cientos de otras frases (se interpreta psicológicamente); en el mal llamado “cristianismo” la salvación viene por “nacer de nuevo”, cuyo prerrequisito es el “arrepentimiento de pecados” (y se interpreta religiosamente), en el budismo se plantea la eliminación del ego para escapar del sufrimiento (se interpreta místicamente), y en el judaísmo el propósito final en este mundo empieza por su rectificación a través de la “teshuvá”, conocida en círculos no judíos como arrepentimiento (siendo esto inexacto), y cuya más apropiada definición es “retorno a Dios. Teológicamente la definición judía es la interpretación más acertada, aunque no obstante muchos la distorsionan con interpretaciones religiosas. Todos tiene razón en la intensión de sus planteamientos. ¿Pero se entiende? Lo mencionado no son las únicas posibles búsquedas denominacionales del “hombre” por alcanzar entendimiento y trascendencia con propósito. Hay muchas más formulaciones con factores comunes. Por ejemplo el famoso “libro de milagros”, la teosofía, el hermetismo, el cuarto camino, el sufismo, taoísmo, etc, etc. Hay factores comunes, pero eso no significa que todos sean 100% certeros y confiables. Todos tienen contaminación (lo cual es un tema muy extenso que sólo menciono de paso). Sólo hay una fuente 100% confiable. Está en la Torá. Por supuesto esto implica a sus verdaderos sabios. Entonces. ¿Cómo podríamos a duras penas empezar a tratar de entender lo que nos liberaría de cualesquiera que sean las cadenas que nos aprisiona en infinidad de formas? Religiosamente nos imaginamos un “Poderoso Gobernante” superior que nos dicta qué debemos hacer y no hacer, que recurre al miedo y a la intimidación como los principales motivadores para concretar Su voluntad, so pena de ser condenados y castigados. Para una mente así condicionada, elegir a Dios, que es la máxima fuente de bondad, lamentablemente parece ser el menor de los males. Por el otro lado y mucho peor, la mente reactiva a lo religioso y por consecuencia a cualquier estado de sumisión, rehusará con vehemencia dicha interpretación (y con razón), no obstante ésta abraza a una peor religión llamada secularismo; aun afirmando que si cree en Dios y que no es atea. El ateo es aún peor de incoherente. Todo esto teología primitiva. Es así que lo siguiente pretende explicar y eliminar las interpretaciones teológicas primitivas que no nos permiten romper las cadenas que nos aprisionan del mil formas sin que nos percatemos de ello. Como punto de partida se centrará toda explicación desde el concepto “teshuvá”, pues éste enmarca todos los demás conceptos (por ejemplo salvación, nacer de nuevo, eliminar el ego, etc, etc). Así entonces, teniendo como punto de partida el concepto hebreo de “teshuvá”, a fin de tener una visión auténtica de ésta, podremos apartarnos de las teologías primitivas. Lo primero que hay que eliminar es la teología primitiva. Y esto es necesario, pues como consecuencia del funcionamiento binario, finito y limitado del cerebro, terminamos obligadamente relegando a Dios a un plano puramente trascendente y celestial. Al ponderar la realidad de Dios, el cerebro intenta captar y medir aquello que no puede ser medido. Cuando se percata de que el Creador es infinito e inmensurable, mientras que la Creación es finita, la mente podría intentar definir al Creador como completamente separado y más allá de cualquier relación con el plano mundano. Esta visión dualista también obstruye una apreciación completa y sutil de la teshuvá (retorno a Dios). Por otro lado, nuestros cerebros pueden asistirnos en la toma de conciencia de que todo está enraizado en la unidad absoluta e infinita de Dios. Podemos llegar a la percepción de que la unidad Divina abarca todos los planos. A pesar de que Dios es inequívocamente trascendente y está allende nuestra captación, también Se manifiesta dentro del inmanente plano mundano, e incluso dentro del pensamiento humano. Dios trasciende y al mismo tiempo integra todas las definiciones duales: finito e infinito, forma y amorfo, inmanencia y trascendencia. En palabras simples, la esencia unitaria de Dios está más allá de la infinitud, más allá de la trascendencia. Cada generación se define y expresa de manera distinta, desde la literatura que produce hasta la música que compone, la tecnología que inventa, y las guerras que lucha. Mientras tal vez sea cierto que en el pasado, y especialmente durante la edad media, el miedo se empleaba como un principal motivador para inspirar a la gente a llevar una vida orientada por la moral y la espiritualidad, un discurso más apropiado hoy en día debería ser acerca del amor, la curación, la integración y la armonía. La teshuvá es una de las grandes revelaciones y regalos de la Torá. Habla de esperanzas de un mejor hoy y nos faculta a elegir un mañana más brillante. Pero, ¿qué es teshuvá? A menudo, terminologías filosóficas, psicológicas o hasta místicas se infiltran en la cultura popular y asumen connotaciones totalmente distintas a su pretendido significado original. Teshuvá es una de estas palabras. Coloquialmente, la palabra teshuvá se ha transformado en sinónimo del término español “arrepentimiento”, sugiriendo una relación con el “pecado”. “Arrepentimiento”, derivado de “penitencia”, pareciera implicar remordimiento o culpa y un esfuerzo por modificar el comportamiento propio, mientras que la implicación de teshuvá es de un orden diferente, como exploraremos más adelante. Como resultado de tales traducciones coloquiales, la palabra teshuvá misma fue imbuida de connotaciones muy alejadas de su significado auténtico, hasta que la palabra puede parecer rancia y anticuada. Se precisa un cambio de perspectiva para recapturar el verdadero significado y poder transformador de la teshuvá. Debemos devolver esta gran idea a su contexto y crear una fresca manera de hablar de ella. Al igual que las computadoras, nuestro cerebro se inclina hacia un sistema binario y, como resultado, así lo hace también la lengua humana. La autorregulación lingüística depende de la resolución de las disonancias cognitivas causadas por conceptos en competencia y contradicciones percibidas. Desde la perspectiva normativa del cerebro, hay arriba o abajo, derecha o izquierda, cero o 1, pero nunca ambos opuestos a la vez. En otras palabras, nuestra mente opera en dicotomía y dualidad, dentro de un paradigma de ‘esto o aquello’, conocido también como cosmovisión aristotélica. Tendemos a usar palabras tales como bueno o malo, correcto o incorrecto, blanco o negro, y fuerzas de la luz o fuerzas de la oscuridad. Lógicamente, por lo tanto, nuestra visión teológica puede convertirse en “Dios versus mal’, como si hubiera alguna paridad real o independencia genuina de cualquier creación en relación a su Creador. Teshuvá es un movimiento de toma de conciencia hacia un reconocimiento pleno de la unidad que todo lo abarca, hacia nuestro propio ser esencial, y hacia la Fuente y Esencia de toda vida. La teshuvá es más una recalibración de la conciencia que una mera defensa o confesión de errores, a pesar de que estos últimos podrían ser componentes esenciales de un auténtico proceso de recalibración. Todos los tipos de actividad, ya sean físicas, emocionales, mentales o espirituales, pueden ser vehículos de teshuvá. Superar la negatividad emocional y la ansiedad, o purificarse espiritualmente y librarse de impulsos egoístas y deseos destructivos, son actos de teshuvá. Hacer dieta o ejercicio para retornar a un estado de salud y vitalidad también pueden ser actos de teshuvá. Reconocer la unidad esencial de Dios nos permite elegir conscientemente entre la integridad y la fragmentación; podemos optar por un ‘yo’ saludable y fortalecido o por uno desilusionado y debilitado. Podemos elegir la presencia Divina o su ausencia, o sea, un vacío llenado con plenitud o un vacío llenado con vacío. Al declarar nuestra intención de teshuvá, inmediatamente comenzamos a retornar de la fragmentación y confusión a un lugar de mayor unidad y bienestar, a nuestro ser auténtico. Este proceso es la reintegración de todos los aspectos de nuestro ser, y la recuperación del más profundo y puro ‘yo’ que existe desde antes de nacer. Este ‘yo’ puro permanece en realidad intacto a lo largo de nuestra vida y nunca se marcha, pero por momentos es eclipsado por las circunstancias o la falta de conciencia. La teshuvá recupera la pureza manifiesta y el brillo del “yo” puro (volver a nacer). Cuando la teshuvá es meramente cuestión de cambio, entra en conflicto directo con cualquier sistema existente que oponga resistencia a ese cambio. Sin embargo, la teshuvá verdadera es de un orden superior, no se trata sólo de cambio sino de una genuina transformación. Es un giro de renovación espiritual mayor, a través del cual el cambio derivado ocurre orgánicamente. La teshuvá transforma directamente al creyente por dentro, y luego, por asociación, purifica y alinea la creencia. Por ejemplo, si una persona tan sólo modificara su dieta sin una toma de conciencia y compromiso profundos con la salud sistémica, sus nuevos hábitos alimenticios chocarán contra todos sus apetitos, deseos y justificaciones subconscientes para el comportamiento insalubre que no ha modificado. Terminaría siendo una iniciativa esquizofrénica, una que podría acabar causando más fricción interna, contradicción y auto derrota. Pero si llegó a la decisión de comer más saludablemente a través de una revelación profunda de los beneficios multidimensionales de un estilo de vida sano, la decisión sería una extensión orgánica de una mejor manera de ver la vida y un mejor entendimiento. Esto, a su vez, daría lugar a una convicción más sólida y una alineación más integral entre sus acciones y sus ideales, sin contradicciones. La transformación personal también tiene una importancia cósmica. A través de nuestro acto de teshuvá y unificándonos con nuestro verdadero ser, el mundo entero es reparado, devuelto de su aparente azaroso estado de fragmentación a su integridad primordial y propósito revelado. Cada acto individual de teshuvá inspira una teshuvá colectiva. Igualmente a la inversa, un movimiento colectivo de teshuvá influye en nuestros propios procesos internos. Nuestros Sabios dicen: Adám, Olám Katán; Olám, Adám Gadol (“El ser humano es un pequeño universo, un microcosmos; el universo es un gran ser humano, un macrocosmos”). Todas las partes reflejan y representan holográficamente al todo (en la ciencia hoy día se conoce como fractalidad – es una realidad demostrable y usada tecnológicamente), de modo que la reparación de una parte beneficia a todas las demás. Un desafío existencial resultante de estar vivo es impregnar nuestro mundo con amor, integración, honestidad, espiritualidad y pureza (tristemente lo opuesto también hace parte de nuestra existencia). En realidad, estas cualidades son expresiones de la condición espiritual (externa debido al pecado original y la introducción del veneno de la serpiente en el ADN cósmico) en la que nacemos, y por lo tanto sólo precisamos revelar aquello que siempre ha existido. Hay muchas personas que sólo funcionan desde un estado interior de impotencia y sólo pueden responder a palabras severas e intimidatorias. También hay muchos que nunca han renunciado a sus nociones infantiles de Dios. Con respecto a cualquier otro tema, ya sea intelectual, emocional o celestial, puede que tengan niveles de entendimiento sumamente evolucionados. Pero en lo que hace a Dios, lamentablemente, se aferran tercamente a las imágenes primitivas que se formaron de niños. Dios es concebido, al menos subconscientemente, como un anciano con una larga barba blanca, que tiene una bolsa de golosinas en una mano y un látigo en la otra. Haz lo correcto y recibirás recompensa, haz lo opuesto y sufrirás castigo. A esto se debe que tanta gente hoy en día desee negar la existencia de Dios. De hecho, sus ideas limitadas y rudimentarias de Dios son absurdas y nada dignas de creer. Sólo recuerda que el “Dios” en quien no quieres, o no puedes creer, en realidad no existe. Si semejantes perspectivas estancadas todavía pueden servir a una causa noble no viene al caso, pues la ambición de la Torá es infundir al mundo con un sentimiento de libertad, madurez y responsabilidad. A tales efectos, todos debemos buscar continuamente al verdadero Dios viviente, que nos anima, vivifica e inspira a ir más allá de nosotros mismos, a evolucionar y manifestar niveles cada vez más altos de amor, luz e integridad. La Torá reconoce que para algunos, el temor es el principal motivador para hacer lo correcto, al menos en las etapas iniciales del crecimiento. En cualquier caso, desarrollarnos espiritualmente nos permite una maduración gradual acorde, en la que nos volvemos menos temerosos, menos dóciles (en los aspectos negativos) o desamparados, y menos intimidados o manipulados fácilmente. Con la madurez viene la autorrealización y capacitación para lograr nuestro propósito exclusivo en la vida. Muchos de nosotros vivimos con un sentimiento de insuficiencia y necesidad constante, y nuestros pensamientos están a menudo al servicio de la mera supervivencia. Esta ansiedad es, en parte, un síntoma psico-espiritual de estar rodeados por una sociedad capitalista en la que la publicidad está diseñada para seducir nuestros deseos, mientras que la industria crea simultáneamente un sentido falso de escasez y carencia. Un objetivo primario de la Torá es liberarnos de dicha ansiedad y restricción al restaurar dentro de nosotros una mentalidad de seguridad, suficiencia, fe y amor. Esta libertad se expresa en las enseñanzas de la Torá acerca de la caridad, el año de Jubileo, y la ofrenda de los primeros frutos, por ejemplo. Teshuvá es la llave para activar nuestra capacidad de satisfacer la visión y las enseñanzas de la Torá, y de devolvernos a un estado consciente de abundancia en todos los niveles. Somos comparados a la luna por el hecho de que ésta no tiene ninguna luz propia y sólo refleja la luz del sol. Reconocemos que nuestra luz y resplandor viene de una fuente mayor que nosotros: la Luz Suprema, la Luz del Infinito. Al igual que la luna, también pasamos por períodos de crecientes y menguantes. Tanto comunitaria como individualmente, a veces estamos arriba, a veces abajo, a veces llenos y brillantes y a veces vacíos y oscuros. Nuestra necesidad de fortalecimiento está en cambio constante. El ciclo de la luna se reconoce, así, como un espejo exterior de nuestros procesos internos. Para engranar con nuestras fluctuantes necesidades espirituales, es fundamental entender e internalizar lo que se está tratando de exponer y aprender a vivir en el presente. Permítaseme profundizar sobre el tema. Vivir en EL PRESENTE. Parece sencillo de entender. Se podría definir como que al ejecutarse cualquier cosa que uno haga, en ese momento se esté completamente presente en ello. Cualquiera que fuese nuestra ocupación en algún momento dado, que eso sea lo único relevante para nosotros. Dondequiera que estemos, que allí nos encontremos por completo”. De acuerdo a la naturaleza humana, aquello que adquirimos fácilmente y sin esfuerzo o dificultad es menos valioso y emocionante que aquello por lo que trabajamos duro para lograr u obtener. Nuestros Sabios dicen: “La persona prefiere más 1 moneda que ha ganado, que 9 que le fueron regaladas”(Talmud Bavá Metziá 38a). Este fenómeno se extiende más allá del plano de los objetos, también al del tiempo. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/04/30/retorno-y-arrepentimiento-1/ Escrito y elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com

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