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Interpretaciones Proféticas 1 - LA SEÑAL DEL ISRAEL APÓSTATA

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LA SEÑAL DEL ISRAEL APÓSTATA Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/07/07/el-mesias-segun-la-tora-16/ “Rabí Shimón bar Yojai dijo: Dios no lo permita, la Torá nunca será olvidada de Israel Entonces ¿Cómo puede explicarse el versículo: «Deambularán buscando la palabra de Dios y no la encontrarán»? (Deuteronomio/Devarim 31:21) (Significa que) No encontrarán una línea de acción clara para la Ley de la Torá ni la enseñanza en un solo lugar”Shabat 138b Llegados a este punto, son muchas las cuestiones aún pendientes de reflexión, siendo una de las primeras determinar el origen étnico del “hombre de pecado”. Tuvimos ocasión de meditar sobre el personaje de Esav como ejemplo paradigmático del carácter “especular” del anti-Mesías y vimos como su filiación con el pueblo de Israel resultaba más que evidente al tratarse, precisamente, del hermano mellizo de Ya’akob. Los dos nacieron de la misma madre y tuvieron acceso al mismo tipo de educación, desarrollándose bajo una atmósfera de Torá umitzvot. Quizás podríamos aplicar aquí la enseñanza del Maestro sobre “el trigo y la cizaña” (véase Mateo/Matai 13:24-30) donde las malas hierbas no son arrancadas al principio, permitiéndoseles crecer junto al trigo (como una oportunidad para la teshubá) hasta el tiempo de la siega. El número de la bestia Un aspecto relevante a la hora de conocer la naturaleza del hombre de pecado es el llamado “número de su nombre” (Revelación/Jizayón 13:17), esto es, el valor numérico de las letras de su nombre. Mucho se ha especulado acerca de la cifra “seiscientos sesenta y seis” y antes de tratar el tema es importante reseñar que el cálculo numérico (gematria) solo es aplicable al hebreo (o al arameo) y nunca a otros idiomas como el griego o incluso el latín (48). ¿Cuál sería el significado espiritual de este número? Las enseñanzas de los Sabios que expondremos a continuación nos inclinan a pensar que se trataría del máximo exponente en la manifestación de la sitrá ajará (otro lado) en el mundo, ya que a tenor de lo que expondremos a continuación, dicho número estaría vinculado a altas realidades espirituales. Veamos algunos ejemplos: “Rabí Eleazar ben Azariá decía: “La víspera del Shabat (día sexto), el sexto día del mes, a la sexta hora del día, recibió Israel los mandamientos” (Pirké deRabí Eliezer 46:1). De la misma forma que la entrega de la Torá marcó el punto culminante de la (multitudinaria) revelación divina acontecida junto al Monte Sinaí, así también la irrupción del hombre de pecado supondrá el clímax en la manifestación del espíritu de la impureza en el mundo (49). Como hemos venido explicando a lo largo del presente capítulo, el “misterio de la iniquidad” surge como una forma de “reflejo invertido” que, desde la tumá (impureza), intentará “plagiar” aspectos propios de la Santidad, pues no en vano el otro lado es llamado “mentiroso y padre de mentira” (Juan/Yojanán 8:44); “Padre de mentira” (ab hashéker), esto es, la fuente primaria (ab) de toda falsedad (shéker). En este sentido, no debería extrañarnos que dicho número hubiera estado previamente vinculado a atributos de santidad y de índole mesiánica, como se declara: “Las tres Vav son las dieciocho bendiciones de (la) plegaria (6 x 3 = 18, llamada precisamente Shmoné Esré). Y el Tsadik es vav, vav, vav, como en los pesukim (Éxodo/Shemot 14:19-21): «Vayishá (se apartó), vayabó (y vino), (y extendió)» (Zohar Pinjas 229a). Y aquí vemos como la Amidá, que es el corazón del servicio de oración, el “Tsadik” que es un nombre del Mesías, y las tres expresiones que marcan la apertura del Mar Rojo (Yam Suf), se hallan vinculadas con dicha cifra. En este contexto, nos resulta significativo ver como estos “tres seises” ejercían, por así decirlo, en favor de la Gueulá (redención), pero en el texto podemos identificar otros “tres seises” dispuestos en el bando contrario, como versa: “Tomó seiscientos carros escojidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes” (Éxodo/Shemot 14:7). “Capitanes” (shalishim) lo que indica “tres” (shalosh), luego 600, de mispar katán (valor simple) 6, debe ser repetido 3 veces, insinuándonos de nuevo la cifra en cuestión. Veamos otra enseñanza en espíritu similar: “¿Por qué dice (el pasuk): «Estas seis cebadas me dio?» (Rut 3:17). ¿Es que Boaz acostumbraba a dar solo seis granos de cebada? Más bien le quiso dar a entender que (Rut) tendría seis descendientes, cada uno de ellos favorecido por seis bendiciones. Estos son: (1) David, (2) Mesías, (3) Daniel, (4) Ananías, (5) Misael y (6) Azarías. De David dice lo escrito: He aquí yo he visto a un hijo de Ishaí de Belén que (1) sabe tocar (2) y es valiente y vigoroso (3) y hombre de guerra (4) y prudente en sus palabras (5) y hermoso (6) y el Eterno está con él” (1 Samuel/Shmuel 16:18). Del Mesías fue dicho (Isaías/Yeshayá 11:3): “Y sobre Él reposará el Espíritu del Eterno, (1) espíritu de sabiduría, (2) espíritu de inteligencia, (3) espíritu de consejo (4) y de poder, (5) espíritu de conocimiento (6) y de temor del Eterno” (Sanehdrín 93a y b). Así pues, la cifra en cuestión se originaría en los siguientes elementos: -Los Seis descendientes de Rut -Las Seis cualidades de David -Los Seis atributos del Mesías Todos ellos vinculados proféticamente al Mesías. Al enumerar los seis últimos aspectos, la Guemará estaría haciendo referencia al Mesías “sufriente” y no al Rey Mesías, como explica el propio texto talmúdico: “Dijo rabí Alexandri: esto enseña que el Eterno Le cargó de virtudes (pero) también de sufrimientos como (uno que es triturado en) un molino de piedra (ídem 93b). No deja de resultar sorprendente que después de interpretar el pasuk: “Estas seis cebadas me dio” en corte mesiánico, con la mención de los tres seises, a continuación, Raba mencione a un falso Mesías (Bar Coziba), como versa: “Quien dijo a los Sabios: yo soy el Mesías” (ídem), augurando que dicha cifra sería impíamente imitada por el anti-Mesías hasta hacerla un ícono de su propia identidad. Shejem ben Jamor Veamos ahora ciertos personajes de la Biblia cuyos nombres sumarían o estarían vinculados con dicho valor, comenzaremos por “Shejem ben Jamor” (Génesis/Bereshit 34:2): A primera vista este cananita nos puede parecer irrelevante, ya que su contacto con la familia de Ya’akob fue breve y desafortunado y tomado como personaje bíblico, su papel se nos antoja más que anodino. Sin embargo, los Sabios no dudaron en vincularlo a “la serpiente” del Jardín del Edén, como si se tratase de la misma encarnación del maligno (véase Zohar Vayishlaj 66b, véase también Revelación/ Jizayón 12:9) relacionando el gentilicio jiví (heveo) (Génesis/Bereshit 34:2) con la palabra aramea jiviá, que significa serpiente. La Torá nos relata como este príncipe cananita deshonró a Dina, la hija del patriarca. La consecuencia directa de este ultraje fue la venganza de Shimón y Leví, quienes no solo mataron a Shejem, sino que aniquilaron a todos los hombres de aquella ciudad antes de rescatar a su hermana. Este acto les valió las réprobas palabras de su padre, como versa: “Shimón y Leví son hermanos, armas de iniquidad son sus armas. En su consejo no entre mi alma ni mi gloria se junte en su compañía; maldito su furor que fue fiero y su ira que fue dura. Yo los apartaré de Ya’akob y los esparciré en Israel” (ídem 49:5-7). La violenta acción de los dos hermanos produciría unas secuelas cuyas consecuencias trascenderían aquella generación, pues no hemos de olvidar que esta profecía de Ya’akob fue dada sobre “lo que ha de acontecer en los días postreros” (ídem 49:1) (50). Por otro lado, la malvada acción de Shejem alcanzaría otras derivaciones, pues al dejar preñada a Dina mezcló su linaje con el de la casa de Ya’akob. Explican los mefarshim (comentaristas) (Soferim 21, véase también Kalá Rabatí 3) que de esa unión nació una niña, quien sería llevada a Egipto, y criada en la casa de Potifar, lugar al que también llegaría Yosef casándose posteriormente con ella. De esta forma tan intrincada, Yosef (paradigma del Tsadik y del Mesías sufriente) se uniría con la hija de un personaje vinculado proféticamente a la “serpiente primordial” y al propio anti-Mesías a través del valor numérico de su nombre. De esta unión salieron dos hijos (Efrayim y Menashé) quienes serían adoptados por su abuelo Ya’akob, como versa: “Mas ahora tus dos hijos son míos, como Reubén o Shimón serán míos” (ídem 48:5). De esta manera, los nietos de Shejem alcanzaron el status de tribus de Israel. Setur ben Mijael Nuestro siguiente protagonista es “Setur ben Mijael”, líder (rosh) de la tribu de Asher (Números/Bemidbar 13:13). Quizás el rasgo más significativo de este personaje, y que lo diferencia del anterior, es que las letras que componen su nombre reproducen literalmente la forma en cómo se escribe la cifra en cuestión en idioma hebreo: “Setur” significa “encubierto, escondido”. Esto haría alusión a las formas sutiles y demagógicas con las que “el hombre de pecado” disimulará al principio sus malas intenciones, como fue dicho: “Entonces los egipcios esclavizaron a Israel con (labor) quebrantadora” (Éxodo/Shemot 1:13); “Quebrantadora” (befarej), esto es, «con boca (befé) suave (raj)» (Sotá 11a). Como se dijo, llamaba nuestra atención que Hamán, uno de los individuos más siniestros y malvados de la Historia, compartiese nombre con el mán (hamán), el alimento de naturaleza espiritual que sustentó al pueblo de Israel durante su travesía por el desierto. Pero lo que aún sorprende más es que dicho nombre aparezca en la Escritura vinculado con el vocablo “setur”, como versa: “Al que venciere daré de comer del maná (hamán) escondido (setur)” (Revelación/Jizayón 2:17), lo que haría referencia a la revelación de secretos espirituales a través del Mesías. No obstante, dicha coincidencia de términos debería ponernos en guardia frente a algunos auto-proclamados “mekubalim” que pretenden impartir enseñanzas de naturaleza “mística” sin tener, por así decirlo, el correspondiente “certificado de kashrut”, lo que constituye tan sólo la minúscula punta de un inmenso iceberg que subyace silente aguardando el momento de irrumpir con estruendo, como fue dicho: “El espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1). Pues estos “falsos profetas y falsos maestros” (Judas/Yehudá 3:13), al igual que la “serpiente antigua”, mezclan verdad y mentira, conocimiento (da’at), bien (tob) y mal (verá) (Génesis/Bereshit 2:17) todo ello “tentador para los ojos, y deseable para lograr inteligencia” (ídem 3:6) pues “introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al señor que los rescato” (Judas/ Yehudá ídem). Siguiendo con el personaje, vayamos ahora a un conocido pasaje del Talmud donde es mencionado explícitamente: “Rabí Yitsjak dijo: tenemos una tradición según la cual los exploradores se llaman según sus actos, pero no sabemos interpretar más que un nombre: el de Setur ben Mijael. Setur, porque invalidó (de ÿÜæ satar: desmentir, contradecir) las palabras del Santo, Bendito sea. Mijael, porque lo ha hecho débil (maj a Dios El)” (Sotá 34b). El capítulo trece del libro de Números/Bamidbar, nos relata el desgraciado episodio de los meraguelim (espías), cuya falta de fe llegó a contagiar a todo el pueblo, determinando que aquella generación tuviera que morir en el desierto sin poder entrar en la Tierra Prometida. El sentido llano del texto no nos aclara por qué unos hombres que fueron testigos de las plagas de Egipto y del cruce del Mar Rojo, que recibieron la Torá escuchando la voz del mismo Dios, no confiaron después en Él para la conquista de Érets Israel. En este sentido, nuestra guemará arrojaría luz sobre una soterrada realidad subyacente en el corazón de aquellos hombres al afirmar que “los exploradores se llaman según sus actos”, y como sus nombres precedieron a sus acciones, estos podrían ser vistos como “profecías”: “Setur porque invalidó (satar) las palabras del Santo, Bendito sea” ¿de qué forma? Desmintiendo la veracidad de éstas, lo que equivaldría (Dios nos libre) a dudar de las promesas divinas, actitud que estaría cercana a la idolatría, como versa: “Maldita la persona que hace un ídolo y lo pone en un lugar oculto (sater) (Deuteronomio/Devarim 27:15). “Mijael, porque lo ha hecho débil”. Cabría preguntarse: ¿Realmente llegaron a creer que Aquel que sacó al pueblo de la esclavitud con mano fuerte y brazo extendido sería ahora incapaz de intervenir en la conquista de la Tierra? Todo esto nos embulle en una atmósfera de “exilio” donde el horizonte de la Redención es, por así decirlo, corrido más allá del alcance de aquella generación contumaz e incrédula. Aunque fueron diez, de un total de doce, los líderes que siguieron esta línea, el pueblo escuchó a la mayoría sin tener en cuenta las opiniones disidentes, como versa: “Toda la congregación gritó y dio voces y el pueblo lloró aquella noche. Y decían el uno al otro: Designemos un dirigente (rosh) y volvamos a Egipto” (Números/Bemidbar 14:1 y 4). Llevando de nuevo estas palabras al ámbito profético, podemos ver insinuado (Dios nos libre) como en algún momento del drama del fin de los tiempos el pueblo de Israel intentará nombrar (Dios no lo permita) un dirigente que lidere un hipotético “regreso a Egipto”, esto es, alguien bajo cuya autoridad se paganicen las costumbres, pues sobre Jerusalén fue profetizado: “La gran ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto” (Revelación/Jizayón 11:8). Y también fue dicho: “Tal como se aprende: Jerusalén se asienta sobre doce montes, y quien dice sobre siete (en alusión a la “Roma escatológica”) no dice algo completo íntegramente” (Zohar Vayejí 242a) (51). Vincular espiritualmente a la Jerusalén del fin de los días con “Sodoma”, implicaría algo más que la degeneración moral de sus habitantes, pues también nos retrotrae a los mismos orígenes del rey David por vía materna: Rut la moabita, descendiente de Lot y de su hija mayor, quien era una mujer sodomita (véase Génesis/Bereshit 19:37) (52), como también se declara: “He hallado (matsáti) a David Mi siervo” (Salmos/Tehilim 89:21) ¿(Y) Dónde lo halló el Santo, Bendito sea? En Sodoma, como está escrito (Génesis/Bereshit 19:15): “Y tus dos hijas serán halladas (hanimtsaot)” (Bereshit Rabá 41:4) (53). Los acuerdos que, presuntamente, el hombre de iniquidad habrá de establecer con Israel auspiciarían la reconstrucción del Templo Sagrado pues, como se dijo: “Hará un pacto firme con muchos” (Daniel 9:27). De otra forma no tendrían debido cumplimiento las palabras: “Hará cesar el sacrificio (zsébaj) y la ofrenda (minjá) y en la esquina (Canaf) la abominación, el desolador” (ídem), pues sin la edificación previa del Santuario estas profecías no tendrían cumplimiento. Con todo, este versículo es de difícil comprensión. El contexto nos sugiere que dicha “abominación” tendrá lugar en el interior del Templo. La palabra que traducimos como “abominación” es shékets, término que nos retrotrae a algo de naturaleza abyecta e impura, como versa: “Os serán pues abominación (shékets), su carne no comeréis y abominaréis sus cuerpos muertos” (Levítico/Vayikrá 11:11). Además, dicho vocablo contiene la palabra kets (final) que es también un nombre de la sitrá ajará (véanse Zohar Nóaj 62b, Daniel 8:17). El término que traducimos como “Desolador” (meshomem) proviene de meshamá, que alude a algo que es objeto de horror, como se declara: “Y será oprobio, escarnio, escarmiento y horror (meshamá) a las naciones (Ezequiel/Yejezkel 5:15).Pero una mirada más profunda nos lleva a entrever en dicho apelativo un nombre de blasfemia, al leer (Dios reprenda) meshomem como shem (nombre) ma (gematría cuarenta y cinco), esto es, el Tetragrama expandido mediante A Álef, de la forma deletreada literal. Lo cual se nos antoja doblemente réprobo: por un lado, el valor numérico cuarenta y cinco es Adam, lo que presentaría al personaje (Dios no lo permita) como “postrer Adam”. Por otro lado, la Álef simbolizaría la revelación de la unidad de Dios en el mundo, lo que apuntaría a la pseudo espiritualidad del “da’at tob verá” del mensaje de la serpiente, como se dijo. El lugar concreto donde se situará está “abominación” es llamado Canaf, lo que traducimos como “ala” o “extremo”. Tomado literalmente, podríamos pensar que hace referencia a alguna parte externa del Templo, probablemente a alguno de sus atrios (54); Pero según la interpretación de Mateo/ Matai 24:15 se trataría del mismísimo Lugar Santo, como versa: “Por tanto, cuando veáis en el Lugar Santo (Kódesh) la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel”. Es este sentido, “Canaf” debería ser explicado bajo otra acepción. En la Torá hallamos el mandamiento de colocar “borlas” o tsitsiot en las prendas de cuatro esquinas, como versa: “Diles que se hagan borlas en las esquinas (canfé) de sus vestimentas a lo largo de sus generaciones” (Números/Bemidbar 15:37). Aunque no tenemos una explicación racional para este precepto, la Torá nos aclara su propósito: (1) Acordarse de todos los mandamientos. (2) Cumplirlos. (3) No irse detrás de malos pensamientos. (4) No mirar a lugares indebidos (véase ídem 15:39 y 40). Explicado brevemente, diremos que fue establecido en la Ley que las prendas de cuatro esquinas (véase Menajot 60b, Óraj Jaim 10:1) deben llevar tsitsiot o borlones. Cada uno de ellos está formado por cuatro hilos que al doblarse sobre sí mismos hacen un total de ocho. Uno de estos hilos, que en su tiempo fue de color tejélet, ha de ser más largo para poder enrollarlo alrededor de los otros por la parte superior (aprox. 1/3) llamada guedilim (véanse Deuteronomio/Devarim 22:12, Menajot 39a, Rashí sobre ídem) (55). Como se dijo, los tsitsiot guardan una estrecha relación con el cumplimiento de todos los preceptos, pues es bien conocido que a partir de esta palabra podemos calcular el valor numérico seiscientos trece, esto es, de la totalidad de las mitzvot: Como, además cada tsitsit consta de ocho hilos y cinco nudos, sumados obtenemos un total de: 600 + 8 + 5 = 613, en referencia al conjunto de los preceptos, que los tsitsiot nos ayudarían a recordar y cumplir (56). Según los mefarshim (comentaristas), dicho vocablo derivaría de la palabra hatsatsá (mirar a través) como en el versículo: “Atisbando (mesits) por entre las celosías” (Cantares/Shir Hashirim 2:9), lo que vendría a insinuarnos experiencias de naturaleza profética. Nos parece muy preocupante que esta “abominación de la desolación” pueda llegar a estar conceptualmente relacionada con algo que nos retrotrae a la observancia de los preceptos de la Torá y la revelación profética hasta llegar a situarse “en el lugar donde no debe” (Marcos/ Nakai 13:14); como también nos resulta inquietante (Dios nos libre) que algunos sinceros creyentes puedan llegar a confundir al “hombre de iniquidad” con el verdadero Mesías. A este respecto, nos parece muy significativa la enseñanza talmúdica sobre los tsitsiot que interpreta el versículo “Y lo veréis (otó)” (Números/ Bemidbar 15:30) como “lo veréis a Él (otó)” (Yerushalmi Berajot 1:2). Pues los Sabios asumieron que “el Hijo de David no vendrá hasta que se multipliquen los herejes” (Sanhedrín 97a) (57), y también: “El Santo Bendito Sea, le dijo a Moisés: «Procuraos hombres que sean sabios (jajamim) y entendedores (nebonim) (y de conocimiento)» (Deuteronomio/Devarim 1:13). Revisó en todo Israel y no encontró «entendedores», a esto se refiere lo escrito (ídem 1:15): «Entonces yo tomé las cabezas (líderes) de vuestras tribus, hombres sabios (jajamim) y de conocimiento (viduim) (pero no entendedores)» (Zohar Vayakhel 210a). Todo esto nos inclina a pensar que hacia el fin de los días el Pueblo de Israel se desviará (Dios nos libre), en cierta forma, de la genuina observancia de la Ley divina para seguir algún tipo de culto herético, quizás al estilo de Yerabam ben Nebat quien hizo desviarse a Israel (véase 1 Reyes/Melajim 12:28), según declararon los Sabios: “Es compañero del hombre destruidor» (Proverbios/Mishlé 28:24), se refiere a Yerabam” (ídem Tazriá 44b). “Destruidor” (mashjit) esto es, el falso mashíaj que habrá de manifestarse al final de los tiempos; Y que (Dios no lo permita) intentará, como hiciere Faraón en su día, embaucar al pueblo de Israel, pues fue dicho: “Yeshurum (1) engordó, te volviste (2) grueso y (3) burdo” (Deuteronomio/Devarim 32:15). Estas son las tres generaciones que precederán a la venida del Mesías” (Sifrí sobre ídem, véase también Zohar Vaetjanán 270a); como ya se citó: “El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1) (58). Y aunque “en esta generación hay personas justas, son demasiado pocas para levantarse y proteger a su generación” (Zohar Hazinu 292a), lo que, parafraseando al Maestro, vendría a significar que no habrá suficiente “sal” para salar la tierra (véase Mateo/Matai 5:13). Los hijos de Adonicam Vayamos ahora a un personaje cuyo nombre aparece ligado de forma explícita con la ya mencionada cifra, como versa: “Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis” (Esdras/Ezrá 2:13). A primera vista podría parecernos uno más dentro de la lista de casas paternas que acompañaron a Esdras y Nehemías en su retorno del exilio de Babilonia, alguien que pasaría del todo desapercibido de no ser por su relación con el número que nos ocupa. Sin embargo, en el mismo libro hayamos la siguiente afirmación: “De los hijos de Adonicam, los postreros” (ídem 8:13). “Los postreros” (Ajaronim); Dicha expresión contiene la palabra Ajer (otro), que es uno de los nombres del anti-Mesías, como versa: “Y los diez cuernos significan que de aquel cuerno se levantarán diez reyes, y tras ellos se levantará ajer (otro), el cual será diferente de los primeros” (Daniel 7:24) (59). Por lo cual se declara: “No tendrás dioses extraños (ajerim)” (Éxodo/Shemot 20:3), esto es el ajer que salió del mar (yam) (véase Daniel 7:3); Y también: “Si una persona (jura en falso) provoca que se aparte la punta de la dálet (de ejad) y en su lugar quedará (una resh) que es (el) sámej-mem (raíz de) la mentira (Zohar Mishpatim 116a). De nuevo llama nuestra atención que el personaje reaparezca en otro libro del Tanaj, pero ahora vinculado a otra cifra, como versa: “Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y siete” (Nehemías/Nehemiá 7:18) ¿Ahora son “siete” y no “seis”? Al margen de otras consideraciones, este cambio de cifra vendría a insinuarnos como el anti-Mesías proclamará falsamente haber instaurado la era Mesiánica, simbolizada aquí por el paso del seis al siete, según lo dicho por los Sabios: “Lo mismo que cada siete años el séptimo es shemitá (año sabático), así también cada siete mil años el séptimo millar es para el mundo de Shabat el día del reposo total” (Sanhedrín 97a) (60). Sigamos con nuestra reflexión volviendo a las ya citadas palabras del Talmud: “Tenemos una tradición según la cual los exploradores se llaman según sus actos” (Sotá 34b). Esta máxima sería también aplicable al personaje que nos ocupa pues, no en vano, su nombre aparece adscrito al “número de la bestia”, pudiendo ser leído (Dios nos libre) como: “Mi Señor” (Adoní) es enemigo (kam): ¿De dónde procederá el anti-Mesías? Como se dijo, a tenor de las profecías, el anti-Mesías habrá de ser un individuo natural de las naciones y no un judío. Sin embargo, la relación que mantendrá el siniestro personaje con el Pueblo Santo está ya suficientemente cotejada en el texto bíblico pues “con lisonjas seducirá a los violadores del pacto” (ídem 11:32) esto es, se ganará la confianza del Israel apóstata, quien después “confirmará pacto con muchos (rabim) (Daniel 9:27) (61), es decir, con sus líderes llamados “grandes” (rabim). Y este mismo vocablo nos retrotrae a una conocida halajá sobre la forma de determinar un “dominio público” (reshut harabim) frente a uno “privado” (véase Shabat 6a y en muchos lugares de Shabat y Erubín), insinuándonos que tras pactar con el anti-Mesías, Israel pasará (Dios no lo permita) de ser el “dominio privado” (reshut hayajid) de la kedushá a ser un “dominio público” (rabim) de las naciones, como fue dicho: “Jerusalén será hollada por los gentiles” (Lucas/Nakai 21:24). El factor Éreb Rab Con todo, no podemos descartar la posibilidad de que, al igual que sucedió con Ya’akob y Esav, la relación entre el inicuo y el Pueblo de Israel pueda ir más allá de la política, existiendo incluso lazos de sangre. Dicha posibilidad podría ser interpretada de la afirmación: “Y al Dios de sus padres (Eloké abotav) no considerará” (Daniel 11:37). Aunque no tenemos la certeza de que “Dios de sus padres” fuese dicho en referencia al Santo, Bendito sea, no cabe duda de que, ya desde el tiempo de los patriarcas, dicha expresión aparece en la Biblia bajo esta acepción, incluso es usada por el propio Daniel en referencia a sí mismo (véase ídem 2:23). Todo ello nos haría barajar la posibilidad de que algún antepasado por la línea paterna del anti-Mesías fuese judío, pues según la Halajá (véase Yebamot 45a) la condición de judío es otorgada por la madre y no por el padre. Para poder entender esto: que de una línea judía pueda venir (Dios no lo permita) aquel “inicuo cuyo advenimiento es por obra del Hasatán” (2 Tesalonicenses 2:9), debemos entender primero el concepto Éreb Rab. La Torá nos cuenta como al salir Israel de Egipto “también subió con ellos una multitud mezclada” (Éxodo/ Shemot 12:38). Dichos conversos tan solo iban a traer amargura a la descendencia de Ya’akob, siendo su más sonada transgresión la construcción del éguel hazahab (becerro de oro) (véase Éxodo/Shemot 32). Los Sabios no escatimaron en adjetivos a la hora de definir al colectivo, como versa: “Pues son perros muertos, alimañas, olor fétido e inmundicia, y se ensuciaron a través de ella, que es la adhesión al Érev Rab que se mezcla en Israel, y que (por desgracia) está unido a los huesos y a la carne (de Israel)” (Zohar Ki Titsá 282a). Resulta difícil de entender como el pueblo santo, aquel que había experimentado la inmensa revelación de divinidad en el Yam suf (Mar Rojo) y había escuchado la voz de Dios en Matán Torá pudo secundar acción tan reprobable, “cambiando Su gloria por la imagen de un buey que como hierba” (Salmos/Tehilim 106:20). Por ello, no podemos trivializar el suceso reduciéndolo a un burdo conato de idolatría. La Torá denomina proféticamente a Yosef Ben Porat (Génesis/Bereshit 49:22), lo que puede traducirse como “un toro joven” (Bereshit Rabá 98, véase Deuteronomio/ Debarim 33:17). Que estas palabras formen parte de una profecía para los “tiempos del fin” (ajarit hayamim) (Génesis/Bereshit 49:1) junto a que el pasuk repite dos veces la citada expresión, nos haría pensar que iría dirigida (en segunda instancia) al Mesías “Hijo de Yosef”. Aquella “multitud mezclada” proveniente de la idolatría y de la hechicería de Egipto, volcó en la sitrá ajará (otro lado) toda noción del Mesías que pudieron haber aprendido en Matán Torá, como un remez (insinuación) profético de ese sector de Israel (Dios no lo permita) que será arrastrados por el Éreb Rab a adorar la imagen de la bestia (véase Revelación/ Jizayón 13:15). El falso profeta Presentaremos ahora otro funesto personaje que habrá de desempeñar un importante papel junto al hombre de pecado, como versa: “Después vi otra bestia que subía de la tierra y ejerce toda la autoridad de la primera bestia, en presencia de ella, y hace que la tierra y todos los moradores de ella adoren a la primera bestia” (Revelación/Jizayón 13:11 y 12). Los Escritos definen a dicho individuo como “el falso profeta” (ídem 16:13). Ya desde su aparición en las Escrituras, podemos apreciar diferencias significativas con respecto a “la primera bestia”, empezando por su origen, pues de ésta fue dicho: “Y vi subir del mar una bestia” (ídem 13:1). Y de esta otra se declara: “Vi otra bestia que subía de la tierra” (ídem 13:11). “El mar”, como se dijo, haría alusión a las naciones, determinando el origen “gentil” de la primera bestia (62), pero ¿qué nos sugiere el hecho de que esta otra “subía de la tierra”? La expresión “la tierra”, en hebreo ha’árets, viene a ser indicativo de la Tierra de Israel (véase Sifrí, Rashí sobre Devarim 26:9) ya que, en opinión de los mefarshim (comentaristas), una palabra precedida por un artículo indeterminado (como aquí la ä he) nos indicaría siempre algo concreto (63). En todo ello podríamos ver indicios fundados de que este “falso profeta” habrá de surgir (Dios nos libre) del seno del Pueblo Escogido, si bien su influencia se proyectará también al resto de las naciones. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/07/07/el-mesias-segun-la-tora-16/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com

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