Estudios de Torá 14 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 5 - El séptimo día
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EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 5 Por Fiedrich Weinreb Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/01/07/estudios-de-tora-14/ El séptimo día. Quinto Capítulo: La entrega del animal como sacrificio a Dios. Pentecostés o el día 50. La cosecha y el sobrante. La palabra toma forma en el Sinaí. El poder de la palabra. Kaín y Abel. Guilgul, el regreso de la forma. Seres demoníacos al final de los tiempos. Concepción como revelación. Sinaí, el milagro del monte verde. El nacimiento de los patriarcas el 2 de Tishri. Akar como ikar, esterilidad como asunto principal. La liberación de Yosef de la cárcel. Yosef como Adam Kadmón. Quisiera ahora abordar el mes de Siván, porque en este mes cae el suceso llamado Pentecostés. Pentecostés ocurre, como lo dice ya su nombre, 50 días después de Pascua y ustedes. saben que el concepto 50 indica una nueva fase, una nueva condición, en un mundo venidero. Esta, nuestra realidad, la que percibimos con nuestros sentidos, se llama en esta terminología el séptimo día, la séptima fase. Después del séptimo no hay nada que podamos percibir con los órganos. Aunque lo invisible siempre ha acompañado al ser humano. Recordarán que el ser humano es el octavo acto de creación, el séptimo son los animales. Por ello, los animales no nos son extraños. Aquello que percibimos mediante nuestros órganos de hecho, es la realidad del animal. El “animal” no es solo un ser vivo, es también nuestro mundo visible aquí. Si se mira a un ser humano superficialmente, podría pensarse que se tratara de un animal. Si pudiéramos captar lo que es un ser humano de verdad, de inmediato percibiríamos “otra cosa”. La definición es difícil. Si el ser humano fuese simplemente un número para la estadística, para el registro municipal, entonces de hecho, sería solo un animal. Esta es la realidad de nuestra existencia aquí y debemos acostumbrarnos a ella. Quizás comprendan lo que significa el korbán, el sacrificio: es llevar el animal ante Dios. Es el destino del animal; debe cesar de existir como tal. Y es el ser humano quien debe darle ese destino. Debe terminar con su existencia, debe integrarlo. Porque el korbán es comido en muchas ocasiones, lo que significa que tú lo llevas a su cumplimiento y que se cumple contigo. Y una gran parte del animal se lleva al Santo Santísimo o al Santuario, es decir, allí donde Dios es visible. Es decir, no se mata al animal para luego tirarlo a la basura. “Matar el animal” en lo esencial significa, para nuestra realidad física de aquí, que debemos terminar con sus deseos, porque condiciona nuestra realidad y nuestra apariencia. De una manera muy especial, que está de acuerdo con la estructura de la creación, del mundo. No de manera arbitraria: Quiero matar a ese animal, voy a entrar en trance, voy a poner todo al revés y, con un poco de suerte, se mata a sí mismo. No. Se mata de otra forma, de acuerdo con su dignidad. Porque el animal es portador de dignidad, de la misma forma que lo es el ser humano. Es pues una actuación muy especial. Es por ello que la tradición cuenta tantas cosas sobre este proceder. Es decir, la realidad del séptimo día es, como queda descrita arriba, la realidad que conocemos. Pero, en cualquier contacto con otro ser humano, debe sentirse su otro aspecto divino también, si no, se le está ofendiendo. De no ser así, se le está tratando como si fuese un animal. Todo contacto con otro ser humano debe ser de tal forma, que se sienta y reconozca lo humano en él. No se puede ofender a nadie a este respecto. Por ejemplo, se ofende al ser humano si se dice: “Yo solo te trato desde la medicina, lo demás es para el sacerdote”. No. Hay que cuidar la esencia humana, la unidad de la persona. Este séptimo día se cumple y se termina en la tierra, cuando el siete se ha encontrado con el siete. Entonces hemos vivido 49 situaciones. Son los 49 días que se cuentan desde el primer día de Pascua. El segundo día después de la salida comienza el conteo, y sigue durante 49 días. La tradición cuenta que el grano está siendo cortado. Significa deshacer, desatar la unión con la tierra. Aunque sea algo extraño. El grano se ha unido con la tierra y recibe de ella su alimentación. Vive, florece, tiene buen aspecto. ¿Por qué cortarlo ahora? ¿No es una crueldad? En un primer momento podría pensarse que sí lo es. Pero es una lástima que no reflexionemos más. Y ya casi nunca reflexionamos. Quizás lo pensemos así en el caso de una flor, pero en el caso del grano, ni se nos ocurre. En el momento en que comienza a deshacerse la atadura a la tierra, comienza el conteo. Ese conteo pertenece a cierto mundo. Allí se cuenta de verdad, a partir de Pascua. La Biblia lo dice y es la costumbre que se diga que hoy es el primer día, mañana el segundo, etc. hasta que los 49 días hayan pasado. Se cuenta conscientemente, porque este mundo del séptimo día es un mundo de relación, de proporción. Cada día hay otra situación. La situación 44 es diferente de la 45. Algo se ha desplazado. Y cada día se corta el grano, hasta el día 49.El día 50, la cosecha está terminada. Queda un sobrante, de la misma forma que al final del séptimo día, queda un sobrante. Por eso se dice que no está permitido segar un campo hasta su última espiga. Algunas veces se aportan argumentos sociales o agrarios para tal proceder. Es posible que tengan su justificación, no lo sé. Lo que sí sé es que, de acuerdo con lo esencial, no está permitido segar todo, porque al final del séptimo día, también queda un sobrante. El mundo nunca desaparece hasta sus últimas consecuencias. Siempre queda un resto, y el resto que queda se encuentra preferentemente en las esquinas del campo, allí donde “se hace la esquina”. Kanaf 20-50-80 en hebreo, “esquina”, y también “ala”. Allí donde “se hace la esquina” existe la posibilidad de utilizar el “ala”, para unir lo de abajo con lo de arriba. “Hacer una esquina” significa dar un cambio radical a tu comportamiento, a tu diseño de vida. No es un cambio gradual, en el sentido de que cambies lentamente de dirección. No, haces algo que en realidad no existe en este mundo: una esquina. Porque la esquina tal cual no existe en este mundo. Cada esquina aquí tiene algo, muy poco, de redondez. Se espera del ser humano que haga algo que en realidad es imposible, que haga esa “esquina”, que dé un giro radical a su vida. Y allí donde hace esta esquina, al final del camino, allí queda ese sobrante. También queda aquel sobrante que ha permanecido por casualidad, que ha sido olvidado. Tampoco ese sobrante debe recogerse. Debe permanecer. Quiere decir que existe un paso de este mundo al otro, y en las cuatro esquinas queda algo. La desaparición total no existe. Y vale para todo, para toda la creación, toda la humanidad y también para todo ser humano. Por esa ley de la creación, ningún ser humano perece o se pierde por completo, ni aquí ni en ningún otro lugar. Siempre queda ese sobrante, sheerit 300-1-200-10-400 en hebreo. Es aquello que queda hasta que venga lo otro, que es capaz de pasar al otro mundo. Por esta razón, siempre hay algo de esta vida que pasa a la otra. No siempre todo, pero algo de esta vida acompaña siempre. La destrucción total no existe. ¿Y qué es lo que queda? Aquello que en cada ser humano es y era, esa esquina. Cada persona ha hecho una esquina en su vida. Y estas cuatro esquinas permanecen. Significa: en el día 50 viene lo otro. En el libro de Éxodo se cuenta que Dios baja a la tierra, al monte Sinaí. La palabra Sinaí 60-10-50-10 contiene la noción de “creación de forma”, formación en aquello que está en el lado izquierdo, en el mundo de la luna. Y en ese mundo de formas, Dios se revela, se plasma. Allí, la palabra se crea, aquello que aquí, en nuestro mundo de las formas, es la palabra. Se trata de un secreto que también existe en otro lado, pero como palabra solo puede existir aquí, entre nosotros, porque viene de otra parte y porque se convierte en forma aquí. Una palabra es forma, y no importa si se escribe, lee o piensa. Es forma, lleva consigo una imagen, un sentimiento que tiene que ver con esta tierra y con esta vida. “Revelación” significa pues, que la palabra es bajada a la tierra. Se llama matán Torá, 40-400-50 400-6-200-5, la entrega de la Torá, de la enseñanza, de la instrucción de todo aquello que es el sentido de la vida, el significado de este mundo. Todo eso se revela en la palabra y se entrega con ella. Cierto que puede existirse sin esa palabra –y de hecho se existe–. No quieres tener nada que ver con ella, está muy lejana a ti, no hay relación. Puedes hacer tus suposiciones, entrar en trance y reflexionar, intentando que la relación llegue. Puedes comportarte como quieras y buscar en todas las direcciones, pero lo que viene, viene como palabra. Es entregada aquí, explícitamente en una forma fija, como todo aquí tiene su forma fija. Cada flor tiene su color propio. Cada animal tiene sus manchas propias en el pellejo y su propio aspecto, de forma que pueda distinguirse de entre todas las demás especies. Cada persona es diferente, hasta en la huella dactilar. Cada persona es única. En todos esos miles de años, desde que existen los seres humanos, nunca ha existido un ser idéntico a otro. Todo eso es creación de forma, revelación de una estructura fija. Y así es también con la palabra. Alguien nace con una joroba porque debe ser así. Una palabra aparece con una letra de menos porque debe ser así. No añades la letra para completar la palabra, viene como viene y es bueno que así sea. Alguna vez comprenderás por qué es como es, y entonces dirás: Increíble que el creador también haya pensado en eso. Si se ve a alguien con aspecto deformado, existe la costumbre en la tradición de decir una alabanza a Dios, pero sin pronunciar Su nombre. Por ejemplo: “Alabado sea aquel que da a las criaturas una forma diferente”. O también: “Alabado el creador del universo que lo ha hecho así”. No se pronuncia el nombre de Dios porque si se pronunciara, el ser humano de todas formas no lo comprendería y quizás pensara algo malo: ¿No podría haberlo hecho de forma más aceptable? Pero se dice una alabanza para acompañar a la creación, estando despierta como persona humana y diciendo: “Sé que tiene un sentido, nunca hubiera llegado a tomar forma si no tuviera su sentido. Dios no ha sido desatento. Debe ser así”. Así cada cosa tiene su forma fija. Y también la revelación en la palabra es un hecho firme. No puede decirse: “Voy a interpretarlo de tal o de tal otra forma y digo que debe leerse así”. No. Está firme. ¿No es un milagro increíble, que algo que no tiene nada que ver con una forma se sacrifique, convirtiéndose en forma, con el fin de acompañarnos en este mundo? Comienza con la palabra que viene hasta aquí. Justamente, cuando los 49 días han pasado, en el día 50, la palabra viene a este mundo. Ni un día antes. Y cuando esta palabra viene, algo de otro mundo viene hacia aquí. Es un grandísimo milagro que algo de otro mundo pueda expresarse aquí. La palabra contiene una fuerza extraordinariamente poderosa. Es la misma fuerza, pero mucho más poderosa y quizás diferente, que la fuerza que está en toda manifestación y también en los componentes materiales. Conocemos la energía atómica y pensamos que es algo extraordinario. Pero la misma energía está en mucho mayor medida en la palabra. Si ves que un trozo de tiza está aquí en la mesa, dices: “Es tiza, escribe en color blanco”. Pero si supieras cómo liberar la energía de los átomos que componen la tiza, podrías hacer que todo Ámsterdam saltase por el aire, con ese trocito de tiza. Es la energía que está dentro de la materia y el ser humano tiene un interés extraordinario en descubrirla. Esta fuerza está también oculta en la palabra, como milagro poderoso de otro orden. Su energía es mucho mayor y por ello, la palabra tiene tal fuerza. La verdad es que no notamos que al hablar toda clase de sonidos salen de la boca, alguien pueda reír o llorar, alegrarse o entristecerse. Nos llama la atención solamente si oímos hablar en un idioma, del que no entendemos ni palabra. ¿Cómo es posible que personas, ante tal parloteo, comiencen a llorar? En principio, no vemos ninguna relación. Solo más tarde percibimos que un idioma es mucho más que el ruido que alguien pueda hacer. Contiene una fuerza que está oculta en la palabra. La palabra revelada es pues algo muy especial. Una letra que no está, no debe estar. Y allí donde está una letra de más, es que debe estar de más. Debe ser así. El día 50 está en relación con el concepto “revelación”, con aquello que en realidad enseña la entrada en el octavo día. El billete de entrada al octavo día. Porque el séptimo día se cumple con el 49. Sucede en el día 50. Ahora, es curioso que la tradición cuente que en el día 49, es decir, al final del séptimo día, que es el quinto día de Siván, cuando debe venir el sexto día de Siván, el de la revelación, Hevel 5-2-30, es decir, Abel, es asesinado. Recordarán que la relación Kaín-Abel es la relación de la oposición que vivimos por doquier. Kaín es el hombre brillante, visible, calculable, poderoso y Abel es todo lo contrario. Hevel significa nada, nadería, vano, ilusorio, nada que tenga valor aquí. Es la situación del alma divina aquí. El libro del Predicador o Ecclesiastés comienza con las palabras havel havalim, vanidad de vanidades… que tenemos siempre enfrente, como oposición. Estamos siempre ante la elección: ¿Debo tomar eso o aquello? Y siempre estamos dispuestos a echar la culpa a alguien muy alejado en la historia. “Nosotros lo hubiéramos hecho diferente”. La Biblia, sin embargo, habla de una realidad permanente, y la elección sucede en cada momento. Así que no es que el ser humano, en algún momento lejano de la historia, se haya decidido por el árbol del conocimiento. No. Lo hace en cada momento. Siempre puede decirse que debería haberse elegido de otra manera. El ser humano elige siempre lo erróneo. Pero, por otra parte, hay que decir: ¡por suerte! Porque de no ser así, el mundo no se hubiera originado. Por suerte seguimos equivocándonos. De otra forma el mundo no podría seguir existiendo. Es una elección que no podemos evitar. Siempre elegimos el árbol del conocimiento, el lado de Kaín. La elección es importante, pero más aún es lo que hacemos después de elegir. Se trata de la reacción del ser humano después de haber actuado. ¿Se hace como está descrito en Ezequiel 9,4? “Claman por todas las abominaciones que se hacen en medio de Jerusalén. ¿Quién podrá salir airoso de allí? Aquellos que gimen y que claman”. Aquellos que no se encuentran a gusto en esos tiempos, que no participan, que no promueven los espectáculos. Por otra parte, están los que se creen tan tremendamente importantes, que les encantan los tiempos que corren, aunque ciertamente no van a ser determinantes. De aquellos que gimen se dice que llevan una señal en la frente. Se trata de la letra tav, es decir la cruz, la última letra del alfabeto hebreo. También la unción del rey y del gran sacerdote se hace con la cruz. Significa “Acepto todo este mundo, con sus sufrimientos y gemidos”. – Únicamente aquel que clama, recibe la señal. Quien participa en los festejos, no. Esa es la unción, con ella es señalado el ser humano, porque está gimiendo. Es el mélekh ha-mashíaj, 40-30-20 5-40-300-10-8 el rey ungido, y el kohén ha-mashíaj, (kohén 20-5-50) el sacerdote ungido. El sacerdote es intranquilo y gime, y quisiera dar una patada a todo. Pero no puede, por supuesto. Es decir, ésa es la señal que viene. La elección del ser humano es casi siempre terriblemente absurda. Pero de lo que se trata es de ese gemido. Por ello está dicho: “Todo está en las manos del cielo, salvo la veneración del cielo”. Ha-kol be-yad shamaim, todo en las manos del cielo. Significa que verdaderamente todo está atado ya y firme. Porque la Biblia viene de otro mundo y contiene ya toda la historia. Imaginémonos que Adán hubiese sido muy bueno y no hubiese aceptado el fruto ofrecido por Eva. La Biblia hubiese terminado allí. La historia no hubiera seguido; no podrían haber sido expulsados del paraíso, y nadie más podría haber nacido. Ni Kaín, ni Abel, ni Noé, ni los patriarcas. Pero por fortuna, la historia sigue. Se cuenta hasta el final, ese final aparentemente amargo. El relato está firme y al mismo tiempo no lo está. La pregunta es: ¿Cuál es tu posición ante él? Por ejemplo, ¿dices que este o aquel están en todo su derecho de pegarle muy fuerte a ese otro? Entonces, toda la historia es para ti únicamente la demostración de que tenías razón en cierto punto, que tú eres mejor que este o aquel. ¡Yo estoy salvado y tú no! Si usas la Biblia para eso, está perdida ya para ti. Si, por el contrario, la usas para estar alegre cuando Dios está alegre, y triste cuando Él está triste, entonces tienes aquello que se llama “veneración de Dios, del cielo”. Si echamos un vistazo al relato de Kaín y Abel, Kaín, a todas luces, debe matar a Abel. En la tradición se habla de una misericordia curiosa. Porque, de hecho, en su lucha con Kaín, Abel vence en un primer momento; le tiene en sus manos. Pero Kaín suplica por su vida, dice que tiene el derecho de vivir. Pide gracia, misericordia. Y Abel, durante un instante, tiene compasión de Kaín. Y Kaín aprovecha este instante para matarle. Está escrito que esa compasión es la causa de la muerte de Abel. En realidad, tenemos compasión con algo dentro de nosotros, existen circunstancias que impiden que demos el golpe decisivo. Y sucede continuamente, hoy mismo; porque Kaín es lo exterior, es este mundo. Dije más arriba: el mundo debe existir. Se trata de ese extraño secreto de la maldad, que reconocemos claramente dentro de nosotros y a pesar de todo y sin querer, la mantenemos en vida, por compasión. No se trata de la maldad en otra persona, que acaso deba juzgarla cada uno por sí mismo, cada uno es una creación de Dios, se trata de la maldad dentro de ti, de mí. Por ejemplo: ¡Debo ganar dinero! ¡Debo llegar a cierta posición! ¡Es imposible que no ejecute esos planes que tengo! Se trata siempre de la compasión que tenemos con el ruego de este mundo, de reconocer su sentido y su significado. Esta autocompasión, este momento de lloriqueo, es el momento en que perdonamos la vida a Kaín. Y si Kaín vive, como gran fuerza y poder natural, es imposible detenerle, va y mata a Abel. Queda eliminado. De pronto ya no está. Están hablando, está escrito, y de pronto Abel ya no está. La conversación en sí, sin más añadido, destruye a Abel. Todo eso sucede en el día 49, es decir, hoy. En este mismo instante. El 49 es siempre el presente. La ausencia de Abel significa que lo invisible, lo divino, no tiene éxito aquí, que es arrinconado y no cuenta. Al ausentarse, surge una situación dramática en el mundo: el desarrollo sin freno, cada vez con mayor énfasis. Kaín se convierte en constructor de ciudades, en fundador de todo aquello que llamamos cultura, ciencia y técnica. Es un desarrollo del mundo por amor al mundo. Nadie pregunta ya por la esencia. Se pregunta únicamente: ¿Quién es importante? ¿Me favorecerá? Hay que ser importante en la sociedad, si no, se te cuenta entre los fracasados. Esta es la realidad al final del séptimo día. Y de ahí, ese desarrollo enorme, explosivo. Nadie puede imaginarse a dónde va; pero en todo caso, aparentemente, hacia mayores y más hermosas posibilidades. Es la característica del final del séptimo día. Abel está muerto. Y tú te encuentras en la frontera, allí donde queda ese sobrante, en la frontera con el grandísimo milagro del otro mundo. No es por nada que la tradición sabe que, en este mismo día, Abel es asesinado. No sucede en algún lugar en el principio de la historia como podría pensarse, no, sucede hoy, al final de los días. Es hoy cuando se produce esta explosión. Es casi inimaginable que pueda suceder con tanta velocidad. Algunas veces se escucha: “Lo que hemos vivido en los últimos 20 años, no existía hace 100 años. Pero lo que existía hace 100 años no ha cambiado en 4000 años”. Va ahora a tal velocidad, que es inútil hablar de cómo va a ser en 10 años. En todo caso, es todo mucho más loco de lo que pensamos, y seguramente es todo mucho mayor. Porque de hecho nos estamos acercando a ese otro mundo. Ese otro mundo comienza también exactamente en este mismo punto, pero desde el otro lado. El octavo día, por así decir, explota de la nada. El día 49 no termina en ningún lugar. De pronto viene lo nuevo, existe ya desde siempre. De pronto –no se sabe dónde, en todo caso no en esta realidad– sucede el encuentro. Todo aquello que hoy en día llamamos avances científicos y técnicos, son señales de otro mundo, pero son señales invertidas, como la imagen reflejada en el espejo. Pueden cansar al ser humano, desconcertarle o marearle, o quizás le hacen feliz y dice: “es el país de jauja, hemos vuelto al paraíso”. El ser humano anhela el paraíso. Pero todos estos avances le convierten en adicto; deberá contemplar su propio hundimiento, su propia pérdida, porque no es el paraíso. Lo que sí viene es ese golpe, ese instante de verdad, ese paso, en que lo otro, a pesar de todo, vuelve. Y llega el día siguiente –el día 50–. Es el día de la revelación, pero suceden más acontecimientos en este día especial. Se cuenta, por ejemplo, que Yokhébed queda embarazada del niño al que luego se llamará Moisés. ¡Cuán extraño! Justamente en el día de la revelación. ¿Qué relación puede tener con ese evento? ¿Puede que se trate de niveles diferentes? De ninguna manera. Sucede al mismo tiempo. En este instante se recibe algo aquí, se acepta algo que se convierte en forma, que tiene que ver con la palabra revelada. Porque el nombre Moshé40-300-5 significa: “sacado del agua, sacado del tiempo”. Y ese “sacado del agua” es el otro lado, podríamos decir. En el mismo instante, ese “sacado del agua” es concebido aquí en la tierra, para que crezca. Según la tradición, son necesarios 271 días para el desarrollo del niño, desde la concepción hasta el día del nacimiento. Aproximadamente nueve meses. La tradición también cuenta que en ese niño, cuando nace, entra aquello que es llamado un guilgul 3-30-3-30. Hoy en día se diría “reencarnación”, pero es una palabra destrozada por diferentes corrientes y opiniones modernas. Sin embargo, contiene una sabiduría antigua y muy profunda. Pero efectivamente, muchas palabras han sido destrozadas y por ello, ya no tienen sentido. Guilgal significa repetición en gal 3-30, forma. Es la repetición en la forma, un retorno continuo de la forma, como una rueda que gira. En este instante podría decirse, la neshamá de Abel entra en la posibilidad corporal que Yokhébed está preparando, y Moisés es creado. La neshamá de Abel entra en ese cuerpo. Abel es aquello que no cuenta en este mundo. Es asesinado, pero renace en el otro mundo y es criado allí. Por ello se dice que Moisés es el guilgul de Abel. Se ha desarrollado desde aquí hacia allá, si quiere considerarse el asunto “en el tiempo”. Quizás nos preguntemos qué haya hecho entretanto, porque el intervalo de tiempo parece considerable. Pero no, no es considerable; de hecho, es el día siguiente. El día 49 se va y el día 50 regresa. El día 49 se pierde. Casi podría decirse que esta pérdida es una condición previa, porque la explosión de la que hablábamos, nunca podría haberse dado en presencia de Abel. Los acontecimientos hubieran sido diferentes, los seres humanos hubieran dicho: “Todas estas novedades son realmente seductoras”, pero no hubiera sido posible seducirlos. Pero la explosión viene porque Abel, por decirlo así, tuvo que morir. Lo que debemos hacer es gemir y clamar por esta situación: ¿Qué es lo que pasa en la mente de los seres humanos para que se comporten de una forma tan idiota? Se encierran en una cápsula y viajan a la luna. ¿Qué pasa en sus cabezas? ¿A dónde vamos? Pronto comenzarán a colonizar la luna. ¡Solo hay que darse cuenta de las posibilidades que existen allí! Cuesta miles de millones. ¿Para qué? Porque quizás se encuentre un mineral desconocido, para seguir haciendo toda clase de suposiciones. Al principio era del todo aceptable, aún había cierto idealismo en juego. Pero hoy en día ya no tiene nada que ver con el idealismo. ¿A dónde pues nos lleva todo eso? Es la condición previa a lo venidero. En primer lugar, debe crearse la condición para la muerte de Abel, para que su neshamá pueda volver en Moisés. Se llama a esta opción “la redención de la chispa, que está en la maldad”. Porque si no ¿cómo salvar la maldad? Puede salvarse por el hecho de que se comprenda que era bueno que existiera. Así la salvas. No participar diciendo: “comprendo este loco tiempo muy bien. Queda solo esperar, estamos ya en la frontera del nuevo día”. No. Es más bien así: “Sé que todo lo que tenemos es posible únicamente porque el alma, aquello que no cuenta y que es despreciado, Hevel, se fue. Y no se trata del alma psicológica, sino del alma divina que está enfrente de este mundo. Comprendo ahora por qué tuvo que irse, pero es terrible vivir en un tiempo así, porque no puedo hablar ya con nadie. Alguien que no tiene alma, no puede comprenderme. Aunque puedo intentarlo otra vez. Pero asiente con la cabeza, bosteza y se duerme. Solo está pensando ¿cómo salir de esta situación? ¡Si se callara de una santa vez! Y eso es lo peor, que ya no puede hablar con nadie. Es como si se hablara en turco con alguien que no comprende ni palabra de turco. Es una incomprensión total”. Si experimentas lo descrito, comprendes que se trata de este tiempo. Sabes de dónde viene y que las cosas están mal. Por eso también se dice que al final del tiempo es muy difícil encontrar un solo ser humano entre miles de millones, porque de hecho existen muy pocos. Porque lo otro ya no está, se ausentó. Solo queda lo exterior, la cáscara, y es lo único que cuenta. Se están criando generaciones que solo conocen ese exterior. Se educan en las escuelas así, y de antemano, no valen para mucho más. ¿Qué criaturas serán? Se trata de criaturas del final, demonios que están vagando por aquí, que quieren estar aquí. Se trata de seres que son muy fuertes y no saben hacer otra cosa que ir detrás del éxito mundano. Es lo demoníaco del final de los tiempos. Pero debe existir para que el día siguiente pueda nacer. Por esa razón se dice que es el día en que comienza el embarazo –la concepción– de aquel que se convertirá en Moisés. Es el comienzo de su entrada en la forma. Significa que el paso del 5 al 6 de Siván es, de hecho, idéntico que el paso del día 49 al día 50. Es de nuevo una faceta del gran conjunto, que nunca debe contemplarse aisladamente. Ese sexto día, cuando sucede lo inesperado, significa para muchos el fin de un mundo. La tradición cuenta también que en el momento en que Dios pronuncia la primera letra, el ser humano que escucha –aquello que allí se llama Israel– salta de un extremo del mundo al otro. Tal es el espanto, el horror de que algo así pueda suceder. Y se cuenta en el Midrash, que después de haber sucedido, se le pide a Moisés que en lo sucesivo haga de intermediario para que no tengan que escuchar a Dios mismo. La primera letra que Dios pronuncia, es la álef de la palabra anokhí 1-50-6-20-10. Cuando esta letra es pronunciada, una sacudida violenta se expande por el mundo y por el ser humano y, en lo sucesivo, es Moisés quien habla. Por esa razón, la álef no es la primera letra de la Torá. Comienza con la bet. La palabra que comienza con una álef, si se pronuncia, provoca una condición insoportable en el ser humano. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/01/07/estudios-de-tora-14/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com